La reforma fiscal

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Sergio Sarmiento

La propuesta del presidente Fox para una reforma fiscal integral ha generado una enorme polémica. No sólo se está discutiendo qué impuestos cobrar sino el tipo de país que queremos construir. México tiene una recaudación tributaria lamentable. El gobierno recibe en impuestos sólo 11 % del PIB. Esto es la mitad de lo que perciben los gobiernos de Estados Unidos, Argentina o Brasil, o una cuarta parte de lo que recolectan las naciones de Europa occidental.

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La propuesta del presidente Fox no cambiaría la situación de manera radical. A lo mucho se elevaría la recaudación total a 14 o 15 % del PIB. Todavía seríamos un país con un ingreso tributario similar al de los africanos.

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Esta recaudación no es resultado de que tengamos tasas impositivas bajas. En el impuesto sobre la renta las personas físicas en México pagamos una tarifa máxima de 40%. Los asalariados, causantes cautivos para el fisco, cubren tasas muy altas con relación a sus ingresos.

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La recaudación es baja debido a una evasión rampante. Además el sistema está lleno de exenciones y huecos que permiten eludir con facilidad y legalmente el pago.

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La reforma fiscal pretende modificar este sistema. La medida fundamental sería aplicar el impuesto al valor agregado (IVA), a su tasa actual de 15%, a todos los productos y servicios actualmente exentos, como alimentos, medicinas, libros y colegiaturas. Además, se igualaría la tasa máxima del impuesto sobre la renta de personas físicas y empresas a un nivel de 32 %. Se eliminarían también los tratos especiales a editores de libros, agricultores, transportistas y otros más que actualmente están total o parcialmente exceptuados.

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Puede uno discutir las medidas de la reforma, pero refleja tendencias internacionales en el campo fiscal.

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Los especialistas coinciden en que es mejor gravar el consumo que el ingreso. Cuando el impuesto a este último es muy alto se desaniman el trabajo y la productividad; al cargar el consumo, en cambio, se promueve el ahorro. Además, es mucho más difícil recaudar el impuesto sobre la renta que el IVA. En el caso de millones de pequeños contribuyentes que actualmente evaden el fisco, sería más caro cobrarles que lo que podrían pagar en impuestos.

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La resistencia política a la aplicación del IVA ha sido enorme, pero quizá no sea tan negativa. Nunca antes se había discutido a fondo una reforma fiscal en México. Es verdad que muchos legisladores han demostrado un total desconocimiento de la interacción entre la economía y los impuestos. Pero, al menos, estamos viendo por primera vez una discusión en serio sobre una de las medidas fundamentales para rescatar a nuestro país del subdesarrollo y la pobreza.

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El autor es columnista del Reforma e investigador del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales de Washington.

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