La resaca de las puntocom

Eventos lujosos, ejecutivos arrogantes y otras exquisiteces de la era de la burbuja.

Algunos ríen y se desternillan con los relatos de los excesos de la década -de la nueva economía, otros toman nota y crean libros en los que se plasman -vivencias que, en su momento, eran consideradas paradigmas de la recién nacida -era de los negocios electrónicos.

- Para muestra, el nuevo libro de Lori Gottlieb y Jesse Jacobs titulado Dentro -del culto a Kibu (Inside the cult of Kibu and other tales of the millennial gold -rush) en el que 80 participantes de la internetmanía de finales de los 90 -rememoran los tiempos en que simplemente tener una idea relacionada con la Red -era considerada una garantía de éxito.

- “El chat con audio era la idea más ridícula que jamás había escuchado”, -recuerda Lew Harris, editor fundador de E! Online. “Lo estaban denominando -mensajes de audio instantáneos; y yo simplemente pensaba que para eso ya -teníamos el teléfono.”

- “La primera vez que fui a HSX en Los Ángeles, los fundadores habían -puesto vallas publicitarias en Sunset Boulevard que decían “Hollywood Stock -Ex-change www.hsx.com”. Pero si ibas a esa dirección aparecía en pantalla el -mensaje de “próximamente”. Así que estaban gastando cientos de miles de -dólares en informar a la gente de una página web que todavía no operaba”, -relata Doug Scott, un antiguo empleado.

- El Kibu, al que hace referencia el título del libro, era una página -electrónica dirigida a quinceañeras y cuando fue descrita a Gottlieb, sus -fundadores le aseguraron que tendría gran influencia sobre toda una -generación. Incluso, le sugirieron convertirse en vicepresidenta y editora del -portal y así ganar una gran fortuna en cuanto se empezaran a vender las -acciones.

- Sonaba razonable. Después de todo, por aquel entonces la prensa estaba -plagada de historias sobre creadores de páginas web que se habían hecho -millonarios. Gottlieb había visto como varios amigos dejaban sus trabajos para -adentrarse en el excitante mundo de los negocios en línea con considerables -beneficios extras, como la venta de títulos en la Bolsa y que de un año a otro -se convertían en casos de éxito y aparecían en la primera plana de los -diarios.

- Y es que muchas puntocom parecían bien sustentadas. Por ejemplo, Kibu estaba -respaldada por el millonario Jim Clark, de Silicon Graphics, por la fama de -Netscape y por Kleiner, Perkins, Caulfield y Byers, la mejor empresa de capital -de riesgo de Silicon Valley. Se podía afirmar con toda seguridad que habían -elegido al caballo ganador, ¿cierto?

- Falso. Kibu salía del negocio cinco meses y $22 millones de dólares más -tarde. Gottlieb sólo duró tres meses… posiblemente por cuestionar las -prácticas empresariales de los fundadores o, mejor dicho, la ausencia de las -mismas. “En Kibu nadie comprobaba las referencias del personal. Había -hipsters que ganaban sueldos de abogados por escribir contenidos y muchos, o -bien habían tenido empleos previos sin ninguna relación con el actual, o bien -nunca habían trabajado. Es decir, ¿a quién podíamos llamar para pedir -referencias? ¿A sus madres?”, recuerda Gottlieb.

- Gottlieb escribió un artículo sobre sus experiencias en Kibu para la -revista Industry Standard. Después de leer el artículo, Jesse Jacobs, por -entonces vicepresidente senior de ifilm, The Internet Movie Guide, le envió un -correo electrónico en el que le proponía trabajar en conjunto para crear un -libro sobre historias, pues él también ya había reunido un cúmulo -interesante.

- El formato del libro consta de una serie de citas en primera persona en la -que se detallan situaciones reales de los actores de las puntocom. De hecho, es -parecido a las declaraciones utilizadas en muchas páginas web como la de -FuckedCompany.com que gana cerca de un millón de dólares al año por los -suscriptores que pagan por tener información anticipada sobre empresas -tecnológicas en apuros.

- Gottlieb y Jacobs buscaron a sus punto-comentaristas y para tener una amplia -visión incluyeron a empresarios, inversores de capital-riesgo, periodistas, -directivos de mercadotecnia, asesores, programadores, diseñadores y -organizadores de fiestas.

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