La Reserva Federal titubea

Otra vez la mirada de los mercados está puesta en Alan Greenspan. El cielo no lo quiera, pero el pr
Paul A. Samuelson

¿Estamos viendo señales de un titubeo a corto plazo en la locomotora estadounidense? No. Probablemente al contrario. Los excesivamente consumidores y poco ahorrativos estadounidenses se están dando gusto con gangas de China, India y otros países en rápido crecimiento del borde del Pacífico.

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Una desalentadora guerra en Irak mantiene elevados los precios del petróleo de la OPEP. Incluso un buen crecimiento en productividad estadounidense pudiera no bastar para hacer desaparecer todos los temores de una próxima inflación en Estados Unidos.

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El cielo no lo quiera, pero ¿podría Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal, verse forzado a elevar sus tasas de intereses a corto plazo cuando menos a una serie de pasos lentos de un “conmensurado cuarto de punto porcentual”? Esto podría crear una pirotecnia global, así como en los mercados de dinero en Norteamérica. Y ¿qué queda de la “credibilidad” de la Reserva Federal que se suponía debería solidificar su nueva transparencia?

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Al conformar la burbuja de Wall Street de 1997-2000, la Reserva Federal de Greenspan (en términos bíblicos) sembró en el viento y ahora todos podemos estar cosechando el remolino. Para junio de 1996, los expertos advertían que el aceleramiento de la burbuja inflacionaria tendría impactos en la calle principal y que la Reserva Federal debería preocuparse al respecto.

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Erraría al decir que la Reserva es el principal actor de los errores en Estados Unidos. Este deshonor debe ser para la Casa Blanca de Bush y su gabinete. El presidente se entromete con las cuentas privadas de Seguridad Social, poco populares (y poco sensatas) por una principal razón: las masivas reducciones fiscales para los ricos se deben preservar y ampliar, incluso si la solvencia financiera de América se va por el caño. Ésta es la estrella polar fija en el cielo de George Bush.

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Frente a este diagnóstico del panorama de América, ¿cómo deben reaccionar los gobiernos exteriores? He aquí algunos consejos:
1. Disfrute, en Asia y Europa, los estímulos al corto plazo de América.
2. Cuándo la crisis a largo plazo comienza a desarrollarse, trate de no ser el último en correr en busca de la seguridad.
3. Si usted es un optimista que cree que las irracionales políticas macroeconómicas de alguna manera encontrarán la marcha atrás, entonces súmese a mí y conserve los dedos cruzados.

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Pudiera ser poco alivio señalar que la economía en esta década no es la peor ciencia. En comparación con el prospecto de la proliferación de la bomba atómica hacia Pakistán, India, Corea del Norte y a Irán las avalanchas de divisas externas son generalmente eventos a dos años. Sí, peor que una mala gripa. Pero en este siglo después de Keynes, nada como una anticuada plaga.

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Una economía mixta humana funcionó bien por medio siglo después del Nuevo Convenio de Franklin Roosevelt. Sin embargo, a menos que los programas de Bush cambien dramáticamente, la economía mixta de Roosevelt-Kennedy se verá seriamente paralizada por las insolvencias fiscales venideras.

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Cuando la mitad de las familias estadounidenses ganan menos por hora que las familias francesas, pudiese estar en peligro nuestra ventaja histórica en productividad avanzada. La desigualdad y el dominio del liberal alto consumo yo-yo no son las cosas que producen un acelerado crecimiento en la productividad.

Marzo 22 de 2005 ©.
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