La revolución de los <br>antidepresivos

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El mal de la bilis negra, como le llamaba Hipócrates a la depresión, se curaba antaño con sangrías. Pasaron muchos siglos antes de que la ciencia médica vinculara la tristeza y el desgano con las funciones cerebrales. De hecho, no es sino hasta mediados de este siglo que surgen los primeros tratamientos antidepresivos. La imipramina y la fluoxetina –nombres genéricos– son sustancias que regulan la serotonina y la dopamina en el cuerpo, y que ayudan a disminuir los síntomas de la depresión. Actualmente, existen en el mercado cerca de 20 distintos antidepresivos que pueden ser tomados solos o combinados. El problema es que todos provocan efectos secundarios –tales como desgano sexual– y crean dependencia. Además, deben ser ingeridos en grandes dosis para que surtan efecto.

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Las últimas investigaciones de la ciencia neurológica han llevado a descubrir una nueva generación de antidepresivos más eficaces. Se trata de sustancias que regulan la noradrenalina –un neurotransmisor detectado hace más de 30 años–, pero que apenas está siendo vinculado con la depresión. Estudios clínicos recientes muestran que las disfunciones de la noradrenalina provocan pérdida de la memoria, insomnio, disminución de energía, desgano y un sentimiento de autorreproche.

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El inhibidor selectivo de la recaptura de noradrenalina –mejor conocido como reboxetina– apenas fue aprobado este año en México y está siendo comercializado con el nombre de Edronax. Se trata de un medicamento costoso pero que, de acuerdo con muchos psiquiatras, tiene ciertas ventajas sobre otros antidepresivos. Se toma en dosis menores y, por lo tanto, no provoca tantos trastornos secundarios. El doctor Carlos Berlanga, jefe del departamento de estudios especiales del Instituto Mexicano de Psiquiatría, afirma que los pacientes tratados con reboxetina recuperan la energía y el interés de vivir más rápido que aquellos que ingieren otros antidepresivos. Sin embargo, aclara que ningún tratamiento contra la depresión es efectivo si no se acompaña de psicoterapia y de ejercicio. Estos dos elementos son quizás más importantes para combatir la tristeza que los propios fármacos.

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