La rifa del águila

De joya a joyita. El tercer banco del país se convirtió en un paquetote. ¿Quién lo quiere?
Ulises Hernández

Todos en el medio financiero lo veían venir. Sabían que el desenlace de la crisis de capitalización de Banca Serfin, el banco más antiguo del país y el tercero con mayor monto de activos, estaba próximo, sobre todo desde que hace cinco meses los ADRS de la institución fueron suspendidos de la bolsa de valores de Nueva York. Lo que nadie sabía era cuándo.

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El momento llegó el pasado 10 de junio ¡y de qué forma! Primero, ante una ola especulativa desatada por

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rumores sobre una presunta intervención gerencial, Grupo Financiero Serfin resolvió, junto con las autoridades bancarias y bursátiles, suspender la cotización de sus títulos en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV).

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La caída accionaria había ubicado el valor de mercado de Serfin en apenas $220 millones de dólares, menos de una tercera parte del precio que se pagó por el banco cuando fue privatizado en 1992.

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Una semana después, directivos del propio Serfin y los titulares de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) y del Instituto de Protección al Ahorro Bancario (IPAB), cantaron públicamente la desgracia de Adrián Sada González, cabeza del grupo de control de Serfin, al anticipar que los accionistas primigenios no podrían enfrentar las pérdidas y tampoco participar en una nueva capitalización.

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“No prevemos que los accionistas vayan a suscribir capital, tienen el derecho de hacerlo, pero tendrían que absorber un monto importante de pérdidas”, dijo en una rueda de prensa Vicente Corta, secretario ejecutivo del IPAB.

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Las autoridades financieras y los directivos del banco concertaron un esquema de capitalización que dejaría a Sada y sus socios a la orilla del camino. El plan contempla que Grupo Financiero Serfin destine reservas para cubrir 100% de las contingencias de las ventas de cartera al Fobaproa, e inyecte dinero adicional, una meta que ni siquiera el propio director general de Banca Serfin, Adolfo Lagos, considera alcanzable.

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En consecuencia, tendría que afectarse el capital contable de la institución, lo que arrojaría un déficit y es aquí donde el IPAB entraría al rescate del banco.

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La capitalización de Serfin significaría una erogación inicial al IPAB de $13,000 millones de pesos (alrededor de $1,300 millones de dólares) para equilibrar el balance contable del banco y alcanzar los estándares que dicta la Comisión Bancaria.

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No obstante, según Patricia Armendáriz, vicepresidenta de supervisión de la CNBV, el costo fiscal de sanear totalmente a Serfin (esto es condonando varios compromisos que la institución tiene con el gobierno) y además colocarlo “en una ruta de rentabilidad” con miras a su venta, podría alcanzar los $20,000 millones de pesos (unos $2,000 millones de dólares).

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Si Sada y sus socios quedan fuera de Serfin –lo que se decidirá en asambleas de accionistas el 8 de julio– el IPAB tendría que capitalizar a Serfin, poner las cuentas en orden, suscribir 100% del nuevo capital de la institución y preparar las condiciones para su venta, a través de una subasta pública.

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La participación actual de Hong Kong Shangai Bank (HSBC) de 19.9 % en el capital de Serfin, quedaría diluida con el nuevo esquema de capitalización, pero según explicó Vicente Corta, la inversión del banco británico ha sido garantizada por el gobierno mexicano. HSBC tiene la opción de que las autoridades le paguen $156 millones de dólares durante los próximos tres años.

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A lo largo del presente año, el HSBC, que resultó sumamente afectado por la crisis asiática de 1997 y 1998, mantuvo hermetismo y desestimó la posibilidad de incrementar sus inversiones en Serfin.

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Corta garantizó la seguridad de los depósitos bancarios de la institución mexicana y aseguró que el organismo a su cargo cuenta con los recursos necesarios para hacer frente a la contingencia. Lagos por su parte minimizó la posibilidad de una estampida de ahorradores.

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Serfin, una institución con más de 130 años de antigüedad, 608 sucursales y 12,865 empleados, finalmente será intervenida por el gobierno mexicano, algo que muchos analistas consideran debió de hacerse hace años. Los anuncios de la salida de bolsa y después de la intervención fueron recibidos con relativa calma por los mercados financieros, que ya habían previsto una noticia como esta. Serfin fue una de las instituciones más beneficiadas por el rescate bancario, al ser liberada por el Fobaproa de una carga de cartera vencida de más de $5,000 millones de dólares.

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Ahora, el costo de su saneamiento aumentará.

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