La semilla de la discordia

Monsanto se prepara para vender transgénicos en México. Una nueva ley lo favorece, pero hay mucha
Norma Lezcano

En la actualidad, una multinacional de Missouri pretende dar el siguiente -salto en la historia en la propia cuna de esa gramínea fundamental. Con más de -50 años de presencia en México, Monsanto se prepara para la que podría ser -aquí su batalla decisiva. “Si en cinco años no se está sembrando maíz -genéticamente modificado, hay que replantear el negocio”, afirma Ernesto -Fajardo, director general de Monsanto LAN (Latinoamérica Norte). “Los -próximos años son importantísimos”, afirma, fundamentalmente porque México -aporta 80% de los $212 millones de dólares que vendió esta filial durante el -año pasado. (El resto fue contribución de los países de América Central, -Colombia y Venezuela.)

- Según estimaciones, en 2005 se consumirán unas 668 millones de toneladas de -maíz en todo el mundo. De ese volumen, gran parte provendrá de las más de 81 -millones de hectáreas sembradas con semillas u organismos genéticamente -modificados (OGM). Así se prevé el futuro para la industria, pero ¿también -en México?

- Después de años de debate legislativo, el 2 de mayo pasado se aprobó la -Ley de Bioseguridad y OGM, con la cual se abre el camino para este tipo de -cultivos, temidos por frentes como diversas organizaciones ecológicas, pues se -trata de cultivos manipulados genéticamente para hacerlos resistentes a la -sequía, a las plagas y a los agroquímicos.

- Para Monsanto LAN, esto implica contar con respaldo legal para potenciar la -venta de los dos productos OGM (algodón y soya), que ya puso a prueba en el -país. Pero el impacto de la legislación será más profundo: es el puntapié -imprescindible para detonar la producción de semillas de maíz BT (biotech).

- “La ley no es el final, pero es un buen comienzo”, afirma Fajardo. Para -este colombiano, el negocio se complicaba cada vez más sin un marco que -regulara y clarificara las condiciones para invertir y proteger la propiedad -intelectual.

- Antes de esta legislación, México era uno de los poquísimos países -resistentes a la biotecnología. Hasta Europa, el más acérrimo enemigo de los -transgénicos, acaba de aprobarle a Monsanto un segundo tipo maíz, aunque sólo -empleado en la industria de alimento para animales.

- Pero aun con la ley de su lado, la multinacional sabe que, en la cuna del -maíz, eso sólo constituye parte de la solución. México aún forma parte de -la agenda inmediata junto a otros mercados que no poseen autorización, como -Paraguay, Uruguay, India, Sudáfrica, España, Filipinas e Indonesia. De un -negocio valuado, en el ámbito mundial, en $5,000 millones de dólares para este -año, la empresa de Missouri acapara 85% en promedio, según la consultora -británica Wood Mackenzie.

- Incrementar su negocio de biotecnología le permitiría a Monsanto -concentrarse en la producción de OGM que hoy apenas representa cerca de 1.5% de -sus ventas mexicanas. Así complementaría el 60% de los ingresos de su filial -latinoamericana que hoy le dejan las semillas híbridas (aquellas perfeccionadas -por cruzamiento de especies, pero sin modificar su ADN). Esto también le -permitiría separarse del negocio de los herbicidas, un rubro que le aporta 46% -de las ventas de la subsidiaria que dirige Fajardo, pero cerca de la tercera -parte de las transacciones mundiales.

- Con esta migración (de los agroquímicos a las semillas) la compañía -también pretende iniciar una ‘limpieza’ de su imagen en el mundo, todavía -asociada a la producción del Agente Naranja, un potente herbicida usado en los -años 60 por las fuerzas militares de EU para destruir el ecosistema de los -bosques húmedos de Vietnam.

- Recorrer las fronteras
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El desembarco de la biotecnología en México ya se puso en marcha. -Consolidar la plaza es crítico para las multinacionales del sector. ¿Por qué? -Hoy, 53% de las ventas de Monsanto LAN proviene de las semillas híbridas de -maíz y sorgo. “No vienen de Estados Unidos, son semillas convencionales -mejoradas por científicos mexicanos, que están entre los mejores del mundo”, -aclara Fajardo. Con la venta de este producto, que le aporta unos $112 mdd de -ingresos en el país, Monsanto lidera el mercado en la región, superando a las -transnacionales Pioneer Hi-Bred International (filial de DuPont) y Syngenta, y a -la mexicana Berentsen. Aun así, su gran apuesta es otra.

- Necesita mover la frontera del negocio de OGM que hoy apenas aporta 1.5% de -su facturación. “Podemos hacer mejoras en el maíz híbrido, pero no son ni -tan rápidas ni tan buenas (controladas) como las que podemos hacer en el -genéticamente modificado”, señala Fajardo. “Si presento un híbrido a la -gente de Dekalb (la marca que comercializa el producto) que vale $20 -dólares, me van a decir: “Suerte, pero lo voy a traer todo de EU”. El -futuro de la unidad que él controla está atado a la eficiencia que le aporta -la biotecnología, considerada como el rendimiento por hectárea y la -resistencia a aspectos negativos como las plagas. “El mejoramiento -convencional, ¿alcanza cuando ya el mundo se mueve con otros parámetros?”, -pregunta Fajardo.

- Por eso la gran expectativa puesta en la nueva Ley de Bioseguridad. A partir -de ella, los OGM de algodón y soya, que llevan seis años de pruebas -experimentales, entrarán en una etapa de venta más consistente. “Los -agricultores los conocen y han venido presionando al Congreso para adoptar la -tecnología, porque han visto la necesidad”, apunta Fajardo.

- Desde el segundo año de experimentación, productores de algodón, en -particular de Sonora y el sur de Tamaulipas (donde se encuentran los grandes -productores de cultivos), han sembrado semillas modificadas hasta el límite -permitido, 40% del área sembrada. Pero sus vecinos estadounidenses los -sobrepasan con mucho, pues siembran hasta 70%. Para poder competir, el gobierno -federal de México lanzó el programa algodonero de la Alianza para el Campo, -con el que apoyó explícitamente el uso de ese tipo de semilla. “El productor -de algodón es un agricultor empresarial que muy rápidamente está enterado de -las tecnologías rurales”, dice Fajardo. “Eso precipitó la demanda del -productor al gobierno para poder competir con los mercados estadounidense, -brasileño y argentino, que ya tenían esas tecnologías”.

- Monsanto espera ahora una evolución similar con su soya genéticamente -modificada, pues el cultivo de esa semilla aún es incipiente. La llamada soya -RR se convirtió ya en el ‘cultivo estrella’ de Argentina y está ayudando a -que esa economía salga a flote. El gobierno de Brasil, en cambio, acaba de -aprobar su cultivo por un periodo limitado a dos años, pues todavía hay -resistencias internas de los exportadores brasileños que venden en Europa y -Asia. Sin embargo, incluso con el apoyo oficial al algodón, el área total -sembrada en México con OGM fue de apenas 75,000 hectáreas en 2004. “La -diferencia como negocio está en el maíz”, reconoce el director de la -multinacional.

- Tras de sus potenciales ganancias también van sus colegas. Aprobada la ley -mexicana, Dupont, Pioneer, Dow y Syngenta pidieron autorización para iniciar la -fase experimental de maíz genéticamente modificado.

- El proceso, antes de poder llamarse negocio, podría durar unos tres años -más. La tarea es difícil porque, de todos los países donde operan estas -multinacionales, México es el mercado más complejo. El impacto social y -económico –para bien y para mal– que tendría la masificación de la -biotecnología no es menor en el territorio donde el maíz tuvo su origen. Aquí -aún se conservan 46 especies diferentes que, con esta irrupción, algunos creen -que estarían amenazadas; además, la mayoría de los 3.2 millones de -productores lo siembran en parcelas menores de cinco hectáreas.

- ¿Salvación o condena?
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No hay una sola respuesta a este debate en torno a los OGM. Sus promotores -aseguran que sólo con el aumento del rendimiento de las semillas y sus defensas -frente a diversos agentes nocivos, los agricultores podrían lograr -competitividad. En el otro extremo, sus detractores creen que sólo se creará -dependencia hacia el producto y obligará a los minifundistas a pagarles -regalías de por vida a las multinacionales.

- Actualmente, el cultivo de maíz ocupa 8.5 millones de hectáreas, la mitad -de la superficie sembrada en México. Para las multinacionales, el potencial de -negocios con OGM está en algo más de un millón de hectáreas. “Son las que -compiten, las tecnificadas, las que tienen la facilidad de riego”, explica -Ernesto Fajardo. La producción se concentra en Sinaloa, Jalisco, Chihuahua y la -región del Bajío, asiento de inmensos latifundios.

- Tanto en la producción a pequeña escala como en la industria existe -urgencia por adoptar la biotecnología. “Los productores quieren estar a la -vanguardia de las innovaciones tecnológicas para ser competitivos”, señaló -a la prensa el presidente de la Asociación de Agricultores de Río Fuerte, -Sinaloa, Ramón Osuna, cuando se sancionó la Ley de Bioseguridad. “Con los -OGM se resolverán muchos problemas del campo, como plagas, enfermedades, baja -productividad y mala calidad de los granos”, agregó. La Cámara Nacional del -Maíz Industrializado (CNMI) también apoyó “la investigación y el -desarrollo tecnológico para la obtención de nuevas variedades de maíz útiles -a México, todo ello por vía de la mejora genética directa y, en su caso, -transgénica”.

- Hasta aquí el planteamiento parecería ser inobjetable, sobre todo si se -tiene en cuenta que México importa anualmente seis millones de toneladas de -maíz, un volumen que podría disminuir si se ampliara su frontera agrícola con -la biotecnología. Sin embargo, hay algo que no se puede soslayar: 70% de los -productores utiliza semilla criolla. La guardan año con año y ello les permite -producir para consumo propio y para vender los excedentes.

- “Son unos tres millones de jefes de familia que garantizan su sustento con -el cultivo”, advierte el doctor Ernesto Moreno Martínez, de la Unidad de -Investigación en Granos y Semillas de la UNAM. Para el científico, la -difusión de los transgénicos “lastimaría a la familia rural” más -todavía que las semillas híbridas. Ello debido a la dependencia que esos -productos generan respecto de sus fabricantes. Los híbridos no se pueden -reutilizar porque cada temporada la semilla pierde su uniformidad genética y su -vigor híbrido, lo que redunda en la disminución de su rendimiento. Si los OGM -modificados contagiaran a las plantaciones vírgenes (como ya ocurrió en Oaxaca -cuando un campesino sembró un grano OGM por equivocación), la biotecnología -no tardaría en masificarse. Ello significa que, tarde o temprano, las -compañías exigirían el pago de patentes a quienes les comprobaran que están -cultivando OGM. Los productores de subsistencia no pueden enfrentar ese costo, -pero ¿lo asumirá el Estado?, ¿vigilará que no ponga en riesgo a estas -economías familiares?

- “Si nos dicen que no podemos sembrar en Chiapas o Oaxaca porque son centros -de origen, está bien… no vamos allí”, asegura el director de Monsanto. “Llevar -biotech a Chiapas no es tan crítico… Ese agricultor produce en -promedio una tonelada por hectárea, entonces no es que la tecnología no le -sirva sino que él no produce para vender”, asegura Fajardo, y pregunta: “¿Pero, -con los señores del Bajío, de Sinaloa, de Occidente, del norte de Tamaulipas, -que tienen infraestructura y quieren competir, qué va a pasar?”. Las -respuestas vuelven a ser complejas.

- Futuro de la industria
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El destino del campo mexicano se definirá en los próximos años. “Hace -quince años, los productores mexicanos lograban un rendimiento de 1,000 kilos -por hectárea. Gracias al mejoramiento de nuestras variedades criollas e -híbridos mexicanos llegamos a un promedio nacional mayor a las dos toneladas”, -explica Martínez, de la UNAM. Aun con la mayor productividad que les puedan -ofrecer los híbridos, los productores mexicanos de maíz comercial están lejos -de las más de 10 toneladas por hectárea que consiguen sus pares -estadounidenses mediante el empleo de biotecnología.

- “Pero el problema es más estructural”, advierte el investigador. “Hay -una gran brecha en tecnificación; además, ellos tienen grandes superficies -sembradas, nosotros (tenemos) pequeños fraccionamiento de suelos más -erosionados y un régimen de lluvias inestable”. Si a este panorama se suma el -hecho de que en 2008, en virtud de los compromisos asumidos en el TLCAN, el -gobierno de México deberá eliminar los subsidios, la situación de los -productores industriales se complica en la medida en que no incorporen -transgénicos para aumentar el rendimiento y lograr ser más competitivos.

- “Como en Estados Unidos la certidumbre jurídica es mayor, nos convendría -producir allá y exportar a México”, dice Fajardo. “Sin embargo, si -nosotros no somos capaces de mostrar en el país nuestra competitividad, -entonces algunos pocos tendrán la suerte de ir a trabajar a países que ya -adoptaron biotecnología, pero qué van a hacer nuestros agricultores”, -cuestiona.

- La brecha entre el mundo biotech y la agricultura convencional (basada -en técnicas tradicionales y con escaso uso de agroquímicos) crece a pasos -agigantados. Según el Servicio Internacional para la Adquisición de -Aplicaciones Agrobiotecnológicas (ISAAA), 8.25 millones de agricultores en 17 -países ya emplean OGM que obtienen rendimientos superiores por hectárea de -hasta 400% respecto de los agricultores tradicionales, como son la mayoría de -los mexicanos.

- Los opositores a los OGM consideran que la salida es una revisión del TLC -mencionado para levantar barreras a la importación de los esos cultivos. “México -debería hacer como Japón, que en los tratados puso a resguardo el arroz”, -opina Martínez. Desde este enfoque, la defensa del maíz criollo frente a la -biotecnología no es sólo una cuestión de impacto social sino una forma de -proteger la enorme variedad de maíces que tiene México. A las transnacionales -no les interesa producir variedad sino un bien básico que ofrezca escala y -eficiencia.

- Lejos de lo que podría suponerse, la nueva Ley de Bioseguridad no garantiza -que de inmediato se pueda comercializar maíz modificado genéticamente. En -principio, la normativa habilita una etapa experimental en la que las -compañías ofrecerán pruebas para responder a las inquietudes y dudas que -plantee el uso de sus productos. A continuación se abrirá una etapa -semicomercial y, por último, una comercial. “En ese momento no habrá ningún -límite para la producción más allá del que nosotros definamos con el -gobierno, que es el conveniente para proteger la tecnología en términos de -resistencia a insectos”, explica Fajardo. “Si ciento por ciento se hace con -biotecnología, podría generarse una resistencia a las plagas”, agrega.

- Así planteada la agenda, la bisagra de Monsanto en México podría comenzar -a darse, de acuerdo con cálculos de la compañía, en cinco años. “Entonces, -el maíz modificado no va a estar en todo México, pero sí en los estados donde -hay que competir, y eso va a ser un contribuyente importante al negocio”. El -director de la multinacional explica que la decisión estratégica de la -compañía fue “postergar un poco las expectativas”. ¿La razón? “Quitar -la presión de tener que ir detrás de los reguladores para que aprueben las -diferentes etapas”.

- Fajardo confiesa que en el pasado la empresa realizó planes a cinco años -que fallaron, confiando en la introducción de la biotecnología en el país. -“Cuando el tema no se movió, tuvimos que salir a ser más agresivos en otras -líneas de negocios, como la convencional, que no era lo ideal”, dice. “Hoy -sabemos que en cinco años vamos a vender OGM , pero no nos imponemos números”.

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- Aun así, el directivo de Monsanto confía en tres factores: “Hay una ley, -entonces algo tiene que pasar; vienen elecciones y el próximo gobierno tendrá -que cumplir con el TLC”, señala. Si México finalmente asume la -biotecnología, la multinacional convertirá a su sede nacional en el principal -centro de investigación para todos los países del trópico.

- En el presente, la empresa produce una derrama económica en el país de $300 -millones de dólares anuales. Si el proceso fracasa, replanteará el negocio; -esto implicaría que países como Argentina, Brasil o Filipinas podrían ganar -las inversiones.

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