La tierra prometida

Historias de un país que está lleno de oportunidades. Y no, no es Estados Unidos.

Muy joven, Tomás Fernández llegó a México en búsqueda de opciones que no había encontrado en su tierra, España. Años después ya había fundado una de las primeras embotelladoras de Coca-Cola en el país, luego de probar suerte hasta como jardinero en la unión americana. Su trayectoria se parece de algún modo a la de Manuel Berrondo, uno de los fundadores de Mabe y Grupo Financiero Bital. Vino al país en los años 40, a jugar jai alai, y encontró aquí una tierra fértil para los negocios. O a la de Max Shein, quien en los años 20 llegó a vender peinetas de la tienda neoyorquina de su papá y terminó por crear la mayor empresa de plásticos de América Latina. Esas tres historias son pruebas de que México, por lo menos alguna vez, fue una tierra de oportunidades.

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Los tres fueron seleccionados este año para formar parte del Salón del empresario, una distinción que Expansión entrega cada año en conjunto con Impulsa.

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Además de homenajear a estos hombres, la intención es encontrar la manera de hacer empresas en el país. ¿Se trata de narraciones remotas o todavía vivimos en un lugar de promesas? Esta pregunta no tiene una respuesta sencilla. Los negocios aún se hacen y la economía muestra una fortaleza que no había tenido en años. Ahora se cosechan los esfuerzos de cambios estructurales anteriores. Pero el futuro desarrollo de México se ve amenazado porque varias reformas necesarias están empantanadas y no hay a la vista un liderazgo capaz de darles cauce. El gobierno se sigue gastando el dinero de Pemex como si el petróleo fuera eterno, a falta de una reforma fiscal que le garantice una fuente confiable de recursos. Las grandes industrias tienen que pagar energía cada vez más cara en las horas pico y tampoco hay un acuerdo para reformar el sector energético. Y mientras pasa el tiempo, el Congreso y el Ejecutivo están enfrascados en la discusión de la política exterior mexicana.

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Las compañías sí hacen su tarea. En el artículo de portada de esta edición se presenta a Las mejores empresas para trabajar en México. No es un recuento de firmas que “apapachan” a sus empleados –aunque eso ayuda–, sino un estudio de los lugares que han encontrado la mejor manera de conseguir sus objetivos. El reporte también podría llamarse Las empresas que mejor trabajan en México. Se invitó a directores generales y de recursos humanos a someter a sus corporaciones a un estudio, que realizó el Instituto Great Place to Work (GPTW), una consultoría independiente que ha hecho este mismo informe para publicaciones tan importantes como Fortune, de Estados Unidos, y Exame, de Brasil. El estudio se hizo entre los empleados de las compañías que aceptaron participar, con cuidado de obtener una respuesta objetiva. Claro, fueron más los llamados que los elegidos. Pero al final se documentó algo que muchos ya sabían, pero que por pesimismo no se atrevían a pregonar: que en México se puede trabajar.

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