La trampa de Bus

El déficit fiscal provocado por el gasto bélico puede fracturar el mercado de bonos y causar un <I
George Soros

El más reciente libro del inversionista y filántropo George Soros, “La burbuja de la supremacía norteamericana”, descubre las razones políticas y económicas ocultas tras la invasión a Irak.

- Los estadounidenses cayeron en una trampa, dice George Soros. A continuación, EXPANSIÓN reproduce , con autorización de Random House Mondadori, fragmentos en los que el autor alerta sobre el riesgo del enorme déficit fiscal y compara la actual fiebre ideológica supremacista con la burbuja de la economía internet que reventó a finales de la década pasada. El riesgo subsiste.

- El presidente Bush llegó a la casa blanca con un agresivo plan de reducción de impuestos. Se trataba de un esquema verdaderamente atrevido porque  beneficiaba abiertamente a los ricos. Si los beneficios de ese plan se hubieran repartido de forma más equitativa ahora no habría necesidad de mayores reducciones de impuestos, porque más gente se habría beneficiado de los servicios. Sin embargo, resultó que el presidente Bush consiguió aprobar más recortes en los impuestos como un modo de estimular la economía.

- La combinación de todas las reducciones de impuestos y el incremento en el gasto militar provocó una brusca alza del déficit presupuestario, que paso de un superávit de $236,000 millones de dólares en 2000 a un déficit de $375,000 millones en 2002 y una previsión de $565,000 millones en el presupuesto de 2004, cuando haya que pagar la factura íntegra de Irak.

- Se trata del mayor giro en la historia económica de Estados Unidos, con la excepción de los tiempos de guerra a los que estamos sometidos ahora. Esto encaja con las prioridades del gobierno porque acaba reduciendo el gasto social de manera inmisericorde.

- El principal estratega  republicano, Kart Rove, parece dispuesto a impulsar la economía antes de las elecciones del mes de noviembre de 2004 para evitar que se repita la situación que condujo a la derrota del presidente Bush padre tras la primera guerra del Golfo. Alan Greenspan, el presidente de la Reserva Federal, parece estar animado por la misma determinación. Ya se le  acusó de la derrota de 1992 y no quiere volver a cargar con las culpas. En junio de 2003, Greenspan propuso un recorte de 50 puntos base de la tasa de fondos federales, pero el Comité del Mercado Abierto, sin tantas motivaciones políticas, autorizó una rebaja de tan solo 25 puntos base.

- La economía  responde siempre a los estímulos que recibe. En la segunda mitad de 2003 habrá mostrado [sic] un fuerte incremento de la actividad económica, aunque no se verá reflejado en la creación de empleo. No puedo estar de acuerdo con la afirmación de la administración Bush de que el déficit  presupuestario es inofensivo. Además de que este implica una carga para las futuras generaciones (en un país en el que la solvencia del sistema de seguridad social ya está en duda), también puede afectar a la evolución de las tasas de interés. El impacto se hará sentir sólo cuando la economía comience a repuntar.

- Terreno peligroso
Estamos entrando en una fase similar a la que experimentó el Reino Unido a finales de la década de 1950 y principios de la de 1960. Un proceso que continuó hasta que el presupuesto se ajustó a la realidad de la pérdida del imperio. Se trata de una fase en la cual predomina el modelo económico conocido como stop and go. Dicho estadio presupone que en cuanto se acelera la economía, se impone aplicarle una buena desaceleración a causa del déficit presupuestario. El desmedido aumento experimentado recientemente por el déficit de  Estados Unidos asegura que padezcamos un fenómeno similar.  Los perfiles de este evento podrán ser los siguientes: cuando el empleo comience a repuntar, la subida de las tasas de interés lo frenará, ahogando a los dos sectores que han estado impulsando la economía: la construcción y la venta de automóviles.

- De hecho, el aumento de las tasas de interés ya ha comenzado, antes incluso de que remita el desempleo, debido a una debilidad estructural conocida en el mercado hipotecario como convexidad y que apenas ha sido sometida a análisis, por lo que se la conoce deficientemente. Los gestores hipotecarios, como es el caso de Fannie Mae, han ofrecido una opción libre a los propietarios de viviendas. Cuando caen las tasas de interés, los propietarios refinancian sus hipotecas y cuando suben las mantienen en espera de que maduren. La convexidad se produce debido a que los gestores de las hipotecas tienen que cubrirse ante las eventualidades. Cuando se produce un alza en las tasas de interés, los poseedores de títulos hipotecarios compensan sus carteras mediante la venta de bonos a largo plazo y viceversa.

- El mercado de títulos hipotecarios es enorme, más grande que el de bonos del Estado y, encima el fenómeno de la convexidad hace que las tasas de interés sean más volátiles de lo que serían normalmente. Se trata de un verdadero fallo en el sistema, capaz de provocar una fractura del mercado de bonos similar a la que se produjo en el mercado de valores en 1987. Un crack provocado por las llamadas carteras de valores asegurados.

- La convexidad, al combinarse con el déficit presupuestario, prácticamente garantiza una subida sustancial de las tasas de interés cada vez que se produzca una aceleración de la economía, actuando como un freno y creando una economía de stop and go.

- Rove confía en que la economía irá creciendo y no se detendrá antes de las elecciones de 2004. Las posibilidades de que eso se produzca son harto escasas. En cualquier caso, aun cuando consiga que mejore la marcha de la economía en la fecha de las elecciones, la irresponsabilidad de la política fiscal de la administración Bush hará que terminemos pagando un precio muy alto por ello.

- En resumidas cuentas, la posición de Estados Unidos no se hubiera deteriorado tanto en ningún momento de su historia como lo ha hecho desde que llegó Bush a la presidencia. El giro en nuestra posición internacional se corresponde con el que se produjo en el déficit presupuestario. Independientemente de los fallos de la ideología que ha inspirado a la administración Bush, los resultados prácticos son poco menos que desastrosos.

- El sentido común diría que la reelección de Bush depende de la economía. Por mi parte, confío en que el electorado tendrá mejores razones para rechazar a Bush en las urnas. La búsqueda insaciable de la supremacía nos ha puesto en peligro a nosotros y al resto del mundo. La única manera de salir de esa situación es rechazando al Presidente en las urnas.

- La próximas elecciones constituyen una oportunidad para desinflar la burbuja de la supremacía. Para ello no bastará con derrotar a Bush. Estados Unidos también debe adoptar otra visión de su papel en el mundo. Esta reconsideración debe ser profunda pues no sólo se debe rechazar la ideología supremacista del nuevo siglo estadounidense. Ya antes del 11 de septiembre había errores en la política seguida por Estados Unidos, que no hicieron más que potenciarse para conducirnos a los extremos alcanzados bajo la administración Bush.

- Desequilibrio
Francamente,  nunca pensé que tuviera mayor importancia qué partido ganaba las elecciones. Ahora sí que le concedo a esa cuestión una gran importancia.

- No creo que ese cambio que se ha producido en mi manera de enfocar la política sea atribuible a algún súbito capricho de mi carácter, sino al aumento cualitativo que ha experimentado la importancia que tiene el papel mundial de Estados Unidos. Considero que hemos abandonado las condiciones que nos mantenían cercanos al equilibrio para internarnos en un territorio “apartado del equilibrio”.

- Para explicar qué quiero decir con esta afirmación debo recurrir a una teoría que desarrollé a propósito del mercado de valores. Soy de la opinión de que la carrera en pos de la supremacía  estadounidense en la que se ha embarcado la administración Bush está entrando en una situación semejante a la de los procesos auge/recesión, asociados a la idea de una burbuja.

- Soy consciente  de que comparar la situación actual con una burbuja del mercado de valores implica un cierto vuelo de la imaginación, recurrir a una falacia fértil. Sin embargo, creo que merece la pena seguirla porque arroja luz sobre la complicada situación en la que nos encontramos. Estamos atrapados en el atolladero iraquí. ¿Cómo pudo sucedernos? La comparación con los procesos de auge/recesión nos ayudará a encontrar una explicación.

- Lo primero que debemos tener presente acerca de las burbujas del mercado de valores es que no surgen de la nada, sino que tienen una sólida base en la realidad. Una realidad, sin embargo, que ha sido distorsionada por la falaz concepción que tienen de ellas los que participan en el proceso.

- Economía de guerra
Como hemos visto, los neoconservadores que articularon el proyecto para un nuevo siglo estadounidense propugnaban por un incremento en los gastos militares y muchos de ellos estaban asociados con la industria armamentista y las empresas petroleras. Ejemplo de ello es Richard Perle, que no recibía salario alguno como presidente de la dirección de Política de Defensa, pero ganó mucho dinero gracias a su actividad como asesor corporativo. Dick Cheney fue presidente de Halliburton antes de asumir la vicepresidencia y son bien conocidos los lucrativos contratos que ha obtenido su empresa en Irak.

- La gente no se dio cuenta de que declarar la guerra al terrorismo e invadir Irak no era la respuesta apropiada. Actualmente hay todavía muchas personas que consideran que los sucesos del 11 de septiembre justifican un comportamiento que sería inaceptable bajo una situación de normalidad. Los ideólogos de la supremacía estadounidense y el propio Bush no dejan de insistir en que el 11 de septiembre cambió al mundo. Hasta que las funestas consecuencias de la invasión de Irak han aflorado, la gente no ha comenzado a darse cuenta de que algo ha salido lamentablemente fatal.

- Caímos en una trampa y es propio de su funcionamiento el hecho de mantener atrapadas a los seres vivos que caen en ellas. Es preciso tener la cabeza muy clara para poder salir. Cuando se produjo el ataque de los terroristas suicidas, sus motivaciones nos parecían  incomprensibles, pero ahora se ha hecho un poco la luz: querían que reaccionáramos en la forma en que lo hicimos. Quizás nos entendían  mejor de lo que nos entendemos a nosotros mismos.

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