La verdadera industria del cine mexicano

No tienen respeto, pero sí ganancias. Los videhomes han logrado alcanzar mercados a los que el cine
Feike Tycho de Jong

Suicidio comercial. Ese podría ser el título de una mala película sobre la industria del cine en México. Las cintas nacionales que se muestran en las salas de cine, aunque pueden ser internacionalmente reconocidas, admiradas por la crítica y artísticamente honestas, son comercialmente un fracaso. Menos del 10% de los filmes realizados en los últimos cuatro años arrojaron ganancias para sus productores. Pero lejos de los subsidios, de las salas, de los debates culturales y de las pérdidas financieras, un submundo de productores ha logrado crear un negocio de cine mexicano viable alrededor de los llamados videohomes, películas de 16 milímetros, distribuidas en formatos DVD y VHS, y dirigidas principalmente al mercado hispano en Estados Unidos.

- Son producciones con tiempos de rodaje muy cortos y ganancias que pueden llegar a $70,000 pesos por película, que representan un atractivo negocio.

- “Los productores de videohomes mantienen al cine mexicano –afirma Elart Coello, presidente de Laguna Films, productora y distribuidora de estas cintas en Estados Unidos–. No se producen películas de 35 milímetros con suficiente regularidad para que la gente pueda vivir del cine. En el último año hicieron aproximadamente 100 videohomes, dando empleo a miles de personas. Sin embargo, nos ven con menosprecio.”

- “Los videohomes, término despectivo en el argot cinéfilo, surgieron alrededor de 1982 –recuerda Juan Pérez, presidente de La Raza–Mex Distribution, distribuidor y productor de tales filmes.– En ese momento la cinematografía mexicana estaba completamente desprestigiada. De la necesidad de trabajar con menores costos surgió una nueva forma de cine experimental y le pusieron este nombre con algo de menosprecio.”

- Según José Cruz, contador de la misma firma, alrededor de 5,000 personas dependen directamente de la producción y distribución de los videohomes en México.

- Público selecto
Estas películas generalmente están dirigidas a una clase socioeconómica media y baja. Aunque los más grandes centros de producción son la ciudad de México, Guadalajara, Tijuana y Monterrey, sus consumidores principales se encuentran fuera de los centros urbanos. Las tramas giran en torno al narcotráfico, robos, ficheras y bandas. Tienen títulos como Perra sociedad, Las muertas de Juárez y Batos locos.

- Su éxito como negocio se basa en sus bajos gastos de producción: entre $20,000 y $25,000 dólares por película, comparados con $200,000 dólares de una cinta de autor mexicano o $2 millones de dólares de un estreno como Amores perros.

- Los videohomes se distribuyen directamente en video y DVD; con ello se evita pelearse en las salas contra la feroz competencia de los estrenos de Hollywood y compartir las ganancias con los poderosos exhibidores. Éstos normalmente se quedan con un poco más de 50% de los ingresos en el cine regular.

- Es más fácil competir con un título como Te vengo a matar el viernes contra el Hombre Araña en una videoteca que en un cine. Además las ciudades en el país con menos de 100,000 habitantes no tienen salas múltiplex.

- La distribución de los videohomes en México normalmente pasa por una cadena de intermediarios en los estados, para terminar en los videoclubes. De vez en cuando venden una película a las televisoras comerciales.

- En Estados Unidos el mercado funciona igual, con ventas a clubes de renta y exhibición de la cinta en las cadenas de televisión hispanas de ciudades como Los Ángeles y Houston.

- Laguna Films se ha convertido en uno de los jugadores más importantes debido a que tiene acceso a las grandes cadenas de videoclubes, como Blockbuster y Hollywood Video, y a que ha vendido varias de sus películas a grandes firmas que transmiten en español en el país vecino, como Univision. Además distribuyen películas clásicas mexicanas en un mercado de video que, según sus datos, vale entre $50 y $100 millones de dólares al año, de los cuales $1 millón forma parte de los estrenos de videohomes. Aunque la mayoría de éstos no tienen la calidad necesaria para alcanzar formas de distribución tan atractivas.

- Cuestión de velocidad
El secreto de los bajos costos de producción es la velocidad en el rodaje: en promedio, una película de 16 milímetros tarda 10 días en filmarse, en lugar de las siete u ocho semanas del obligado 35 milímetros para exhibir en salas de cine. Por ello esos títulos sólo se manejan en formatos de video. El tamaño de la película hace toda la diferencia. En 35 milímetros se necesitan cámaras más grandes y costosas, más iluminación y más gente para operar el equipo. Los gastos del revelado y transferencia del negativo a positivo son mayores.

- Con el éxodo del México rural a los restaurantes, campos, fábricas y constructoras del otro lado de la frontera, se creó un mercado creciente de películas en español. La nostalgia ha sido el caldo de cultivo para el negocio en los barrios latinos. Obreros alejados de su familia y tierra buscan cintas que les hablen de sus experiencias y alivien su exilio mediante la recreación de su tierra.

- “En Estados Unidos cada distrito tiene videotecas en su propio idioma –señala Pérez–. Así como los barrios chinos tienen acceso a videos chinos, los hispanos lo tienen a filmes en español. Esos son nuestros puntos de distribución.”

- El mercado hispano en Estados Unidos comprende 37.4 millones de almas –la minoría más grande en el país vecino– y las grandes empresas de Hollywood han empezado a doblar sus películas al castellano para alcanzar este apetitoso pastel.

- De Cannes al barrio 
“Los videohomes muchas veces intentan reafirmar valores tradicionales –relata Miguel Bonilla Schnaas, de Mantaraya Producciones, casa que realizó Japón, ganadora de la Cámara de Oro en Cannes en 2002 y que pese a ello tiene planes de grabar su primer videocinta en abril–. La gente quiere un contenido que reconocer. Muchas historias tienen que ver con ir de mojado a Estados Unidos.”

- “Queremos hacer un video cada mes, y así ganar continuidad trabajando en cine”, dice Jaime Romandia, presidente de la empresa.

- El negocio de los productores incluye compartir los derechos con las distribuidoras. En muchos casos éstas financian parte de la producción y reciben un porcentaje de los derechos; con frecuencia los productores también son distribuidores, Laguna Films y La Raza–Mex Distribution, por ejemplo.

- El año 2002 fue muy malo para los videohomes, coinciden Pérez y Coello, debido a la recesión económica en Estados Unidos y México, a una mala época de lluvias en el mercado rural mexicano, a la competencia de películas de Hollywood dobladas y al cambio de gustos de la población latina.

- “Hay muchos hispanos jóvenes que nacieron en Estados Unidos, que ni son de aquí ni son de allá –observa Pérez–. Tienen otros gustos, escuchan rap y pop y les gusta otro tipo de películas. Están más acostumbrados al cine de la unión americana. Para ellos los mariachis son letra muerta.”

- Anteriormente, los videohomes más exitosos estaban basados en narcocorridos. El productor compraba los derechos de la canción, le ponía el mismo título a la película y se montaba sobre la popularidad de la música.

- “Los narcos eran los héroes en sus pueblos de origen –comenta Elart Coello, de Laguna Films–. Las canciones los glorificaban y nosotros aprovechábamos el momento de notoriedad de la canción.”

- Los temas eran casi siempre iguales: un narcotraficante que lograba la entrega de mercancía sin ser atrapado; pero el género ya se agotó. Se volvió repetitivo, predecible, y el público se cansó.

- “Nadie ha logrado captar ese mercado –señala el entrevistado–. Sólo la película Selena, de la cantante tex-mex, y Empire, sobre un ambicioso joven narcotraficante, tuvieron éxito en este segmento. El reto para los videohomes es abrirlo.”

- Este tipo de películas siempre se ha ubicado en los márgenes de la cultura. Pero ahora su destino parece estar marcado por la calidad y quizás, en un futuro lejano, también por el respeto.

- Los productores de videohomes están intentando ganar mercado con presupuestos más grandes y mayor calidad. En lugar de gastar $20,000 dólares para llegar a un mercado dudoso, la idea es gastar $150,000 dólares y acceder con más seguridad a las televisoras y grandes cadenas de videoclubes. El próximo estreno de La Raza–Mex Distribution, Perra sociedad, tiene una inversión de $120,000 dólares.

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