Lana sube, lana baja

Donde al fin se desvela el misterioso nombre de la Chiquis
Max Clip

...Y apenas encienda la PC, lo primero que voy a hacer es borrar esos e-mails, no sea que el metiche de mi jefe los vea y... ¡uuupppss! Esto es una sorpresa: la Chiquis esperando turno para subir en el mismo elevador que yo, a ver a ver a ver, ¿qué hacemos? ¿Le digo, no le digo? Si serás baboso, Max, ya lánzate. ¿Cómo te dijeron el otro día? Ah, sí: “Tírate a matar”...

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OK, se abren las puertas, deje salir antes de entrar, primera ley de la civilidad automatizada, y esta escuincla luego-luego despedaza cualquier posibilidad de convivencia pacífica; pero claro: como es mujer, nadie le dice nada; al contrario, hasta le abren paso, si no fuera por la carita que tiene...

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Mucho ojo, tarado, mira para otro lado, vas solo con ella, no se vaya a dar cuenta de la carota de borrego a medio morir que pones cuando te le quedas viendo. Eso sí, por lo menos saluda, da los buenos días.

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–Bhhm-días –me escucho decir.
–Buenos días –me contesta la muy respondona... ¡Tómala! ¿Y ahora? ¡Di algo, no seas bruto! Ah, si serás, te quedas calladote, te adelantas, presionas tu piso, te acomodas todo chiviado en el fondo del elevador. ¡Claro! Ella da un paso y sin decir nada, presiona su piso. No, si para eso ni se estudia, al menos intenta componerla, di: “Perdón, creí que íbamos al mismo piso”. Pero no, te quedas sin decir palabra: no tienes remedio, Maximiliano Clip.

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Segundo piso, y tú, mudo, vamos bien, ya te estás aliviando.

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Tercer piso, cuarto, quinto y...

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–Tú eres Clip, ¿verdad? –pregunta la Chiquis.
–Sí.
–Ah, pues qué bueno que nos conocemos. Desde hace semanas mi jefe me pidió que te diera unos papeles. Muchas veces te he visto en el piso 12, pero cuando te busco de nuevo para dártelos, ya no te encuentro.

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No, no-no, no des explicaciones, así, déjalo así. Míralo, ahí vas:
–Es que a veces me confundo de piso –le contestas.

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Claro, se está sonriendo, ¿pus qué esperabas? “Me confundo de piso”. Sí, cómo no, del sexto al 12, que te lo crea tu abuelita. ¡Ridículo!
–Bueno, ¿pasas al rato para que te los dé? –llegaron a tu piso, ella detiene la puerta.
–Sí.

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¿Sí? ¿Nada más? ¿No le vas a preguntar dónde queda su cubículo? ¿O qué? El piso 12 es taaan chiquito, seguramente. Olvídalo, el elevador cerró sus puertas, perdiste tu oportunidad, no le preguntaste y ese guiño de sonrisa no desapareció de su boca. ¡Eres un balcón!

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Ahora, claro, llegas corriendo al cubículo. ¡Tranquilo, hombre! A ver, enciende la computadora, sírvete una taza de café, borra los correos, aspira hondo, date tu taco. ¡Oh, pues!, está bien, la PC tarda demasiado, échale la culpa a Bill Gates, corre, espera el elevador, presiona el número 12, camina hasta su cubículo.

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–Hola –le dices con voz cantarina: hola, mmhhh, qué original.
–Ah, hola. Qué bueno que vienes. Mira, se trata de estos formularios, a mi jefe le urge que verifiques ciertas cifras. Sólo que le urgen un poco.

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Pequeñita, como es, te entrega tamaño paquete que, para variar, urge. ¿Pues qué se piensa esta chaparra, que no tienes trabajo propio?
–Gracias, Chiquis –¡ay!, metiste las cuatro, buey.
–¿Perdón? –pregunta.
–Oye, encantado les echo una mano, pero ¿sería posible que me ayudaras con esto?
–Sólo puedo hoy y mañana por la tarde.
–Hecho, te marco al rato, ¿cómo te llamas?
–Florinda –acabáramos... Pues, algo malo debía tener, ¿no?
–OK, te llamo.

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Bueno, Clip, al menos ya sabes su nombre. 

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