Las buenas señales

Como ocurrió en el periodo abril-junio, mientras las condiciones internacionales sean favorables, l
Alejandro Castillo

De acuerdo con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en el segundo trimestre de 1997 el Producto Interno Bruto (PIB) del país creció 8.8%, con respecto al nivel registrado en el periodo abril-junio de 1996. Con ese avance, el PIB acumulado al primer semestre muestra un incremento de 7%, en concordancia con las expectativas más optimistas.

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Una característica que tuvo el crecimiento durante estos seis meses fue que se presentó en prácticamente todos los sectores de la actividad económica. En agricultura, silvicultura y pesca el incremento fue de 5.8%; en minería, 3.5%; en la industria manufacturera, 9.2%; en construcción, 10.1%; en electricidad, gas y agua, 5.2%; en comercio, restaurantes y hoteles, 8.8%; en transporte, almacenaje y comunicaciones, 9.3%; en servicios financieros, 5.2%, y en servicios comunales (médicos, educativos y de esparcimiento, entre otros), 6.3%.

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Con ello, la mayoría de las actividades lograron un nivel de producción superior al que registraron en el mismo periodo de 1994, antes de la crisis. De hecho, el PIB de enero-junio fue superior en 4.7% con relación al mismo periodo de 1994. Las únicas actividades que todavía no superan los registros previos a la devaluación fueron construcción, que se quedó abajo en 12%, y comercio, restaurantes y hoteles, inferior todavía en 5.8%.

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Otra señal del positivo momento que vive la economía fue el informe de las finanzas públicas, que terminaron junio con un superávit de $18,271 millones de pesos, cifra que –según lo programado– en el segundo semestre permitirá hacer frente al incremento del gasto que estacionalmente se presenta en esa parte del año, así como al nuevo sistema de pensiones.

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Además, la balanza comercial con maquiladoras hasta junio todavía mostró un saldo positivo de $2,091 millones de dólares, que si bien es inferior en 49% al observado en el mismo periodo de 1996, es un dato que ha sido esgrimido por las autoridades como uno de los factores que permitieron el buen desempeño de la economía. De hecho, hasta el sexto mes las exportaciones totales sumaron $52,420 millones de dólares –15.3% más que en 1996– y las importaciones representaron $50,329 millones de dólares –con un crecimiento de 21.7%–, lo que refleja la intensidad del intercambio con el exterior, que este año podría sumar $200 millones de dólares.

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A lo anterior se añade la creciente generación de empleo. Según cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) proporcionadas por Hacienda, en el primer semestre el aumento en el número de trabajadores asegurados permanentes sumó 434,310 plazas, por lo que hasta junio la cifra de asegurados superó en más de 700,000 a las plazas registradas en diciembre de 1994.

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Por su parte, la inflación sigue su tendencia a la baja con tasas mensuales inferiores a 1% y un crecimiento acumulado hasta junio de 8.66%, casi la mitad del observado en junio de 1996. A su vez, el índice de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) hasta principios de agosto crecía a tasas nominales cercanas a 50%, al mismo tiempo que las emisoras mejoran sus resultados y el tipo de cambio sigue sobrevaluándose.

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SIN EMBARGO…
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En medio de tantas noticias buenas, podría parecer negativo seguir señalando los posibles límites de la presente expansión económica o los problemas que pudiera presentar a futuro; sin embargo, es inevitable mencionar esos aspectos.

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En primer lugar, conviene destacar el entorno internacional, que ha resultado muy favorable para la recuperación, pero que se mantiene como un elemento sobre el cual no se tiene control. Se espera que la estabilidad con crecimiento que registra la economía estadounidense continúe unos meses más, pero no será eterna y cuando concluya obligará a hacer ajustes en México.

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Mientras eso sucede, como consecuencia de la estrategia cambiaria aplicada por el Banco de México, actualmente se presenta la paradoja de que los excedentes de divisas que llegan al país no pueden ser aprovechados para bajar las tasas de interés internas; por el contrario, contribuyen a la progresiva sobrevaluación del tipo de cambio, lo que a su vez frena el proceso de integración de cadenas y propicia un continuo deterioro de la balanza comercial.

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Finalmente, a pesar de la publicidad que se hace alrededor del propósito de mejorar el mercado interno, éste seguirá deprimido para evitar que se acelere en el déficit con el exterior o la inflación. En esas condiciones, aunque todavía tiene margen para crecer, no se debe perder de vista que el tamaño del mercado interno será un factor limitante del crecimiento económico.

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