Las ciencias del futuro

La clonación no es la única sorpresa que nos depara el porvenir.
Maurizio Guerrero M.

Ya está aquí: ordene su reemplazo. El pasado mes de enero nació el primer ser humano producto de una clonación. Al menos eso dice su creador, el científico italiano Severino Antinori. Cierto o no, la seductora posibilidad de replicar personas ya es más que factible. ¿Qué otras cosas nos reserva la ciencia para 2003?

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En México las noticias científicas ciertamente no serán tan espectaculares. Sin embargo, varias investigaciones llevadas a cabo en laboratorios del país prometen contribuir a cambiar el mundo que conocemos.

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En casi cualquier rubro de la ciencia la nación cuenta con grupos de alto nivel que colaboran en el concierto internacional, señala Antonio de la Peña, presidente de la Academia Mexicana de Ciencias.

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El problema es que por falta de presupuesto muchas de las investigaciones no se aplican. El gobierno destinará este año un presupuesto 17% más bajo a la ciencia y tecnología que durante 2002; es decir, menos de 0.4% del producto interno bruto. Además, los avances científicos que sí se concretan tienen un impacto en una población minoritaria. Lejos de dar anuncios ostentosos, a México le hace falta democratizar los avances ya existentes en la materia.

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El reto del país durante este año seguirá siendo generar el conocimiento suficiente para transformar sus abundantes recursos naturales y mejorar así las condiciones de vida de la sociedad, opina Marco Antonio Meraz, secretario de planeación del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav).

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El acuático futuro
Como reservas de alimento, equilibrio básico del ecosistema y fuente de conocimientos médicos y farmacéuticos, los mares y lagunas mexicanas han sido subexplotados.

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El país no tiene una tradición marítima, a diferencia de otros que se han desarrollado estrechamente con el océano, conocen sus recursos y los aprovechan correctamente, opina María Luisa Machain, secretaria académica del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología.

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El futuro, sin embargo, parece promisorio. Las investigaciones marinas mexicanas apuntan al mejoramiento de granjas acuícolas de peces, camarones, moluscos, bivalvos e invertebrados, que tienen mucha demanda en el mercado mundial. Además, sintetizan los principios activos de organismos vivos y minerales que tienen utilidad para las industrias química y farmacéutica.

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Principalmente, los científicos marinos nacionales están abocados a proteger los ecosistemas marinos. El mar no sólo es el principal termorregulador de la tierra sino, si está bien conservado, también un poderoso polo de atracción turística.

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Algo nuevo bajo el sol
Para 2030 la escasez de petróleo será tal que México ya no se podrá dar el lujo de exportarlo, despidiéndose de su principal fuente de ingresos.

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Una de las alternativas es la energía solar, cuyas aplicaciones ya existen en el país. En opinión de Guadalupe Huelsz, secretaria académica del Centro de Investigaciones en Energía (CIE) sólo hace falta voluntad política para popularizarlas.

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Un sistema de calentamiento solar de agua es ideal para una fábrica que no requiere de altas temperaturas. Con el ahorro en diesel, en dos años se cubre la instalación. En una casa, en cuatro años de ahorros de gas se desquita el gasto.

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La energía fotovoltaica –generadora de electricidad a través del sol– también tiene aplicaciones. El CIE imparte cursos a agricultores para que en regiones aisladas, donde es muy costoso instalar cables de electricidad, se instrumenten estas técnicas.

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La energía solar tiene un enorme potencial. Tanto, que en los pasillos del CIE se rumora que una de sus investigaciones sobre celdas solares transformará la próxima década. ¿Será así?

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Los frijoles biónicos
Cambiar la estructura genética de un organismo es para algunos un atentado contra el orden del mundo. Puede ser.

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Pero más allá de la polémica que despierta, la biotecnología moderna, basada en la genética, está transformando nuestros alimentos y medicinas. Y pronto tendrá usos industriales y energéticos.

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Científicos mexicanos ya han desarrollado prototipos de semillas resistentes a los virus y las bacterias, por un lado, y a las sequías, inundaciones y altas concentraciones de sal, por el otro. En un país mayoritariamente pobre, tales esfuerzos son de relevancia estratégica.

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Además, los biotecnólogos nacionales han sintetizado ya un antídoto contra el veneno de la viuda negra, entre otras aportaciones a la industria farmacéutica.

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Para realizar más proyectos, sin embargo, hace falta un marco jurídico que dé certidumbre a los científicos. En opinión de Xavier Soberón, director del Instituto de Biotecnología, si México aprueba una ley en la materia, en una década muchas empresas ya habrán desarrollado una infraestructura científica propia.

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Las medicinas inteligentes
Remedios más efectivos, que reducen al mínimo los efectos colaterales y que interactúan con compuestos naturales dentro del cuerpo, son algunos de los logros que se ha apuntado la farmacobiología mexicana. Su objetivo: no sólo estudiar los fármacos, sino la manera en que afectan a cada organismo.

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Esta disciplina avanza en dos sentidos. Por un lado busca tratamientos para el dolor, la epilepsia y las fallas en el aprendizaje y la memoria. Por otro, estudia desde un nivel molecular enfermedades como migraña, hipertensión y alergias.

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Muchas de estas exploraciones mexicanas ya han servido para desarrollar ansiolíticos, antidepresivos y analgésicos, cuya característica común es que no generan efectos secundarios.

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Alonso Fernández, director del Departamento de Farmacobiología del Cinvestav, dice con orgullo que las investigaciones farmacobiológicas nacionales tienen nivel mundial. Lo que aún hace falta son industrias domésticas que le saquen todo el provecho posible.

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Lo que trae la nanociencia
Robots diminutos que puedan ingresar al cuerpo, reproducirse y llevar a cabo acciones específicas es uno de los más recurrentes sueños de esta disciplina, que se encarga de manipular la materia a escala atómica para que tenga aplicaciones en el mundo real.

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Puede que el sueño esté lejos de realizarse, pero ya existen aplicaciones de la nanociencia en el campo de la electrónica y la tecnología de la información. Además, se extenderán prácticamente a todas las industrias: materiales y manufactura, telecomunicaciones, metalurgia, medicina, energía, química, farmacéutica, biotecnología y hasta seguridad nacional.

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En México existen un puñado de centros de investigación que han registrado avances reconocidos mundialmente. Incluso, se espera que en pocos años el país pueda aportar su “granito de arena” en desarrollos básicos para las industrias de las pinturas y los metales.

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De acuerdo con el gobierno de Estados Unidos, el impacto de la nanociencia será tan significativo en el siglo XXI como en el XX lo fueron la microelectrónica, los rayos X, la ingeniería por computadora y los plásticos.

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