Las cifras duras apoyan al peso

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Joel Martínez *

Ya se ha vuelto costumbre que algunos pisos financieros nacionales e internacionales presionen de manera recurrente el tipo de cambio en México. Los pretextos básicos han sido dos: la tesis de que las tasas de Cetes son muy bajas y, la más reciente, que debe penalizarse la reducción en el monto de dólares que vende el banco central a partir de agosto.

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El 20 de marzo la Comisión de Cambios anunció que colocaría en el mercado la mitad de los excedentes de reservas acumulados recientemente. Entre el 2 de mayo y el 31 de julio el Banco de México vendió $32 millones de dólares diarios a las centrales cambiarias, que salen de 50% de las reservas acumuladas de mediados de enero a mediados de abril. El 1 de agosto dio a conocer que el monto se reduce a $14 millones de dólares diarios, como resultado de un menor acopio de reservas.

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Si los mercado fueran racionales, reconocerían los números de la balanza de pagos. Las cuentas externas siguen marcando que sobran dólares, que no hay argumento estructural para sostener una escalada alcista de grandes dimensiones contra la paridad. Hay billetes verdes excedentes porque el superávit de la cuenta de capitales es superior al déficit de la cuenta corriente. Entran más dólares de los que salen debido al quehacer básico de la economía, y eso deriva en mayores reservas.

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El reporte de la balanza de pagos del segundo trimestre, que se hará el  27 de agosto,  remarcará este argumento. Cierto que los cambistas pueden actuar de manera irracional y, si quieren, seguirán presionando el precio de dólar, ya  que cuentan con mecanismos para hacerlo –las posiciones especulativas en el mercado de Chicago, la salida de extranjeros de inversiones en Cetes o los largos de las centrales cambiarias bancarias–. Sin embargo, tarde o temprano esas posiciones se desgastan o son reprimidas, y el tipo de cambio vuelve a bajar. De hecho, el mecanismo de venta de excedentes de dólares por parte del banco central nació para inhibir las apuestas contra el peso en Chicago.

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El ejemplo más reciente fue la burbuja del primer trimestre del año. Las grandes ventas de futuros del peso que tuvieron lugar en aquella ciudad asustaron a medio mundo. Los analistas se dieron vuelo subiendo sus estimaciones sobre el tipo de cambio para el cierre de año y muchos recomendaban, sin pudor alguno, la compra de dólares... Por eso la Comisión optó por poner orden con la venta de divisas.

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* El autor es analista de temas económicos y financieros. Comentarios a: editores@expansion.com.mx.

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