Las guerras de Pemex

Sólo con mandato y autonomía terminará el drama de Petróleos Mexicanos.

Al cierre de esta edición Muñoz Leos seguía siendo director general de Pemex, entre rumores sobre su inminente renuncia o destitución. “Ésta es una empresa que mira hacia el futuro”, insistía él en su entrevista con Expansión (celebrada antes de que el periódico Reforma revelara que Pemex pagó inicialmente las operaciones de cirugía plástica de su esposa).

- Esta información se suma a la del expolio de los recursos públicos que supuso el convenio firmado con el sindicato: $7,700 millones de dólares destinados a vivienda o instalaciones deportivas. Al parecer, un intento por poner negro sobre blanco los usos y costumbres antes cerrados “en lo oscurito”, pero que no se han expuesto en toda su verdad y razón de ser. Las filtraciones procedentes del interior de la empresa o el gobierno, muestran que alguien no quiere a Muñoz Leos –y encuentra sobrados motivos para que no lo quieran los demás–.

- En el entorno de Muñoz Leos se relacionan estas filtraciones con las elecciones presidenciales de 2006. El pan no ha ocultado su interés por ocupar posiciones en la paraestatal, dentro de esa tradición nefasta de repartir los cargos de responsabilidad de Pemex entre miembros del partido en el poder. El PRI tiene un senador como dirigente del sindicato. Por más que la transformación de Pemex será con el sindicato o no será, parece difícil entender que los responsables de desviar recursos públicos a la campaña de Francisco Labastida en 2000 siguen representando a la principal fuerza laboral del país.

- Poco ayuda el origen gerencial del director Muñoz Leos, un ingeniero químico alejado de la política, que no surgió de la cantera de Petróleos Mexicanos –con poco apoyo dentro de la empresa– y que en DuPont tenía, como representante de una multinacional, retos menores a los de manejar la mayor empresa de América Latina. En honor a la verdad, Muñoz Leos no ha tenido armas para afrontar el gran reto de la paraestatal: la declinación a medio plazo de su principal yacimiento –Cantarell–. Hace falta una fortaleza política ausente en este gobierno para vencer la oposición a las alianzas con el sector privado, principal posibilidad de modernización de Pemex, y mantener la independencia de la empresa. Hoy, ni siquiera puede fijar su participación en el proyecto Fénix. “Entre 25 y 49%” es de una imprecisión pasmosa.

- Quizá ése es el problema. ¿Es Petróleos Mexicanos una empresa? Su mandato es confuso: ¿Recaudar para Hacienda? ¿Crear empleos? ¿Servir de palanca de negociación para lograr acuerdos políticos? En definitiva, ¿quién manda, el presidente, el sindicato, el secretario de Hacienda o el director general? Tras cuatro años de Muñoz Leos, Pemex sigue en el cortoplacismo, el golpeteo político y los anuncios llenos de buenas intenciones (contratos de servicios múltiples, proyecto Fénix, hallazgos en el Golfo).

- Expansión ha defendido siempre la necesidad de dotar de autonomía de gestión a Pemex; el imperativo, ante la escasez de recursos, de enfocarla en la rentabilidad económica de los proyectos –lo que exige la liberalización parcial del sector–; su modernización y su conversión en lo que es: la novena petrolera del mundo.

- Pero quienes deben hacer que esto ocurra parecen ocupados en otros asuntos. La política de Estado parece ser en México un concepto académico, algo que se da en otros países, en otros tiempos. Lejos de aquí.

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