Las importaciones reto a la integración

Es hora de discutir si existen las estrategias adecuadas para producir internamente los bienes neces
Alejandro Castillo

El solo hecho de analizar la evolución de las importaciones y advertir sobre el riesgo de que éstas propicien un desequilibrio en las cuentas del exterior, no significa que se busque evitar el ingreso al país de bienes necesarios para el desarrollo. Lo que se discute, más bien, es si las estrategias que se están aplicando para producir internamente –y con eficiencia– esos bienes son o no son las adecuadas.

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Conviene insistir en que, al margen de la importancia de lograr la mayor autosuficiencia posible, es básico propiciar una creciente integración nacional en las cadenas productivas, para generar fuentes de empleo y captar el mayor porcentaje del valor agregado.

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De acuerdo con el Banco de México, durante 1996 las importaciones sin maquila sumaron $58,964.1 millones de dólares, 27% más que en 1995. Ese total estuvo integrado en 70.2% por bienes intermedios, 18.5% por bienes de capital y 11.3% por bienes de consumo. Esta composición difiere muy poco de la registrada durante 1995, pero sí presenta grandes diferencias respecto de lo observado en 1994, cuando los bienes intermedios representaron 61.3%, los de capital 22.6% y los de consumo 16.1%.

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Es necesario señalar que la composición de las importaciones está muy ligada a los cambios estructurales que ha experimentado de manera paulatina la economía nacional, aunque en ciertos momentos, como en 1994, puede sufrir modificaciones por circunstancias coyunturales. Cabe recordar que en ese año las importaciones de bienes de consumo crecieron estimuladas por el subsidio cambiario y una fuerte demanda interna apoyada en deuda externa.

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En general, las importaciones están vinculadas a la cada vez más fuerte integración de la planta productiva del país a los procesos productivos internacionales. Eso explica el crecimiento observado en las compras de bienes intermedios. Esto último, sin embargo, no se debe ver como un proceso inevitable; si así ha ocurrido, ello se debe a la ausencia de una estrategia agresiva de integración competitiva de las cadenas industriales del país.

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Por lo pronto, las adquisiciones de insumos han seguido una tendencia de crecimiento, sólo interrumpida en 1995, cuando disminuyeron al bajar el componente que se destinaba a la producción de bienes para el mercado interno. En 1994 las compras de bienes intermedios sumaron $36,047 millones de dólares, en 1995 bajaron a $32,242 millones y en 1996 alcanzaron el récord de $41,384 millones.

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Por otra parte, es interesante destacar algunas características que tuvo la composición de las importaciones sin maquila durante 1996. En principio se puede hacer notar que 50% de esas importaciones está constituido por sólo 21 productos genéricos. En este grupo se encuentran productos agrícolas como el maíz y la semilla de soya, así como diversos productos químicos y siderúrgicos. Pero la mayor proporción está compuesta por bienes que provienen de las industrias de maquinaria y equipo.

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Ese es el caso, por ejemplo, de la industria automotriz, que continúa como la rama que individualmente concentra la mayor participación en las compras al exterior. En conjunto, las compras de autos, refacciones, motores y sus partes, con un crecimiento de 90% respecto a 1995, sumaron más de $9,000 millones de dólares y aportaron 15% del total de las importaciones sin maquila.

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También ocupan un lugar relevante las adquisiciones de partes y equipo de cómputo, que crecieron 82% y alcanzaron $3,557 millones de dólares, lo que representó 6% del total.

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Si bien es posible afirmar que entre los bienes que más se importan hay algunos que sí son necesarios para la modernización tecnológica y el desarrollo del país, eso no debe impedir la posibilidad de explorar esquemas que propicien su fabricación internamente.

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Lo grave de la actual política reside en su incapacidad de propiciar incluso la autosuficiencia en productos de consumo básico, como el maíz, o en productos derivados del petróleo, como las resinas sintéticas, que se encuentran entre los productos más importados.

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