Las malas cifras de PEMEX

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Alejandro Castillo

La ceremonia del 61 aniversario de la expropiación petrolera estuvo pasada por agua: en 1998 Pemex reportó una pérdida después de impuestos de $10,591 millones de pesos. Tal como lo señaló Adrián Lajous, director general de la paraestatal, la pérdida fue provocada por un régimen fiscal que se aplica especialmente a esa empresa, el cual grava el ingreso bruto, no las utilidades. En 1998 Pemex pagó en concepto de impuestos el equivalente a 60% del total de sus ingresos, que sumaron $249,142 millones de pesos.

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En el caso de los ingresos obtenidos en el mercado interno, que representaron 74% del total, se observa un fuerte contenido impositivo. Es decir, su monto no corresponde a una estrategia comercial de Pemex, sino a los lineamientos gubernamentales para aumentar la captación fiscal. Como es de suponer, los márgenes de Pemex antes de impuestos son altísimos: su margen operativo (utilidad de operación/ingresos) fue de 71% y su utilidad fue equivalente a 52% de sus ventas.

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El problema reside en que esa estrategia fiscalizadora impacta la operación de segmentos como Pemex-Petroquímica, que enfrentan más dificultades para colocar sus productos y realizar las inversiones que se requieren para aumentar la productividad de sus plantas.

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Más aún, la decisión de utilizar a Pemex como un instrumento de captación fiscal le impide negociar con eficiencia su capacidad financiera. Como consecuencia, su apalancamiento (pasivo total/activo total) pasó de 52.7% en 1997 a 59.7% durante el año pasado. Aunque sigue siendo una relación razonable, de cualquier modo se deberá vigilar estrechamente para que ese renglón no siga deteriorándose y en unos meses se utilice para justificar la eventual privatización de esta empresa.

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En 1998, su peor año hasta ahora, la paraestatal tuvo costos y gastos por $108,426 millones de pesos. En contrapartida, en la columna de ingresos, aun con los precios bajos que prevalecieron entonces, las exportaciones de Pemex, que sumaron $64,361 millones de pesos, aportaron 60% del total de esos costos y gastos; el resto se podría cubrir con sólo 24% de los $184,781 millones de pesos que recauda Pemex en el mercado interno.

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Si se le diera oportunidad de conservar 50% de esa cifra, para que estuviera en condiciones de pagar sus impuestos con la tasa que se aplica a todas las empresas sobre utilidades, sanear sus finanzas y emprender nuevas inversiones, la paraestatal podría convertirse en un vigoroso motor de desarrollo, ofreciendo materias primas y combustibles a bajos precios, a empresas privadas que generarían empleos y además, con un esquema fiscal eficiente, podrían compensar con creces lo que el gobierno dejara de captar directamente de Pemex.

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Esto no impide reconocer que la paraestatal está obligada a aumentar su eficiencia y productividad. Al respecto es necesario apuntar que en 1998 casi no aumentaron sus costos de ventas, pero en 1997 sí habían reportado un crecimiento real de 31%.

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