Las maquiladoras. México, en la producc

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Gerardo Mendiola

En las últimas tres décadas México ha venido desarrollando un papel más activo dentro de la producción compartida mundial.

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Sin duda, muchas de las redes de producción y comercio de las grandes firmas multinacionales pasan ya por el país. De hecho, la posición creciente que México ha alcanzado en los flujos comerciales mundiales se explica en lo fundamental por la presencia de compañías multinacionales, en particular por el crecimiento de las operaciones de las empresas de la Industria Maquiladora de Exportación (IME).

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Como lo muestran las cifras, la participación de las exportaciones del sector maquilador crecieron a una tasa de 20.2% entre 1993 y 1994, mientras que el resto de las ventas foráneas lo hizo sólo en 15.3%. Según la International Trade Commision (ITC), las importaciones totales de Estados Unidos desde México se expandieron 31 % entre 1990 y 1993, mientras las originadas en la IME lo hicieron 46.5%, con lo que representan 48.5% de las importaciones totales.

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Hasta el momento, el Tratado de Libre Comercio (TLC) suscrito por México con Estados Unidos y Canadá, puesto en vigor el 1 de enero de 1994, ha sido un mecanismo que vincula la competitividad de las empresas de Estados Unidos con la dinámica del comercio exterior de México. Al mismo tiempo que permite a las compañías de ese país reducir sus costos y mantenerse competitivas en relación a sus competidores asiáticos, empuja el volumen total de comercio de México, ya que el aumento de la producción compartida es el motor de este crecimiento. En este contexto, la progresiva eliminación de las tarifas impositivas calendarizadas en el TLC impulsará con más fuerza la relocalización hacia México de plantas norteamericanas ubicadas en Asia.

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IME: fuente de productividad para Estados Unidos. La IME, localizada fundamentalmente en la frontera norte de México, forma parte desde su origen de las redes de producción y comercio de las grandes firmas multinacionales y es expresión de la producción compartida mundial. Este proceso de manufactura permite incorporar, en los bienes y servicios que se manufacturan, factores competitivos geográficamente dispersos por el mundo.

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En esta perspectiva, las ventajas comparativas que México tiene en relación a otras regiones del mundo lo han convertido en una fuente de competitividad para las compañías norteamericanas y le han permitido colocarse a la cabeza entre los países con este tipo de producción.

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Son varias las razones que han permitido que México ocupe un lugar destacado en la vasta cadena mundial de la producción compartida. La primera de ellas, quizá la más importante, sea el deseo de mejorar la competitividad de sus productos mediante el traslado de operaciones de ensamble intensivas en mano de obra. En efecto, en Estados Unidos el salario hora promedio pagado en la manufactura entre 1988 y 1993 creció 20.3%, con lo que para este último año este costo fue 6.5 veces mayor al pagado en México. En este contexto, México sigue manteniendo una atractiva ventaja en los costos salariales comparada con países como Taiwán, Corea, Hong Kong y Singapur, que también participan activamente en la producción compartida. La información disponible muestra que hasta 1993 la compensación promedio por hora en México era 50% menor a la pagada en los países mencionados. Con la devaluación de diciembre de 1994 este porcentaje resulta ser cuatro quintas partes menor.

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Una segunda razón que sigue motivando a las compañías norteamericanas a ubicarse en México  bajo el esquema de producción compartida y al amparo de las fracciones 9802.00.60 y 9802.00.80  es la reducción de los costos de traslado de los productos en proceso y de los bienes finales. La cercanía de la frontera permite no sólo reducir sustancialmente los tiempos y costos de transporte en ambos sentidos, sino además pagar un impuesto menor ya que sólo se grava el valor agregado.

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De hecho, esta situación es un incentivo a una mayor racionalización de la producción entre sus plantas en Estados Unidos y las localizadas en el extranjero. Hoy día, las compañías del vecino país del norte racionalizan sus procesos productivos consolidando el proceso de manufactura de un producto o componente particular, en un número limitado de plantas, muchas de ellas en México. Así, fábricas que antes manufacturaban en Estados Unidos productos diversos, devienen especializados en la producción de pocos bienes bajo este esquema. El resultado es que esta tendencia ha posibilitado economías de escala y una mayor eficiencia e interdependencia entre plantas de una misma compañía. Así las cosas, la frontera de México se ha constituido en una región de racionalización de la producción norteamericana.

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Otro eje que empuja alas empresas de Estados Unidos a ubicar sus plantas en México dentro de la IME, es que les está permitido usar componentes hechos en su país, con lo que pueden reducir el precio e incrementar la utilidad de sus bienes en el mercado norteamericano, pues ninguno de éstos genera un impuesto de importación. De hecho, la información más reciente de la ITC muestra que las compañías han estado usando las fracciones ligadas a la producción compartida para beneficiarse de la exención de los impuestos aduanales establecidos en diciembre de 1986 por el gobierno estadounidense. De hecho, el establecimiento de dicho impuesto motivó a las empresas a buscar importar bajo la fracción 9802.00.60 y 9802.00.80. Por último, cabe mencionar que el uso de los beneficios impositivos de la producción compartida depende en buena medida del monto del incentivo financiero implicado.

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La producción compartida en la frontera norte es vista también como una vía de penetración del mercado interno. No obstante que el mercado interno no será en el corto plazo un motor de expansión para la maquila, lo será en cuanto los niveles de ingreso, empleo e inversión se recuperen. Hay que tener presente que el TLC incrementa en 5% anual el porcentaje de la producción que puede ser vendido internamente.

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La producción compartida continuará. Sin duda la producción compartida seguirá adelante, no obstante que el uso de las fracciones 9802.00.60 y 9802.00.80 de la producción compartida será virtualmente suspendido para todos los productos (excepto ciertos textiles y prendas de vestir) antes del año 2000. Los aranceles norteamericanos sobre casi todos los textiles y prendas de vestir importados desde México serán removidos dentro de los seis primeros años del TLC. Para calificar en las fracciones ligadas a la producción compartida libre de impuesto, los productos deberán responder a las reglas de origen establecidas en el TLC. Será esta regla la que normará el acceso al mercado de Norteamérica. Por ejemplo, aquellos textiles y prendas de vestir que son ensamblados por entero en México con telas fabricadas y cortadas en Estados Unidos serán elegibles para la exención completa de impuestos bajo la nueva fracción 9802.00.90 del TLC. Como quiera que sea, en el corto plazo y antes que se llegue a la desgravación generalizada, el uso de estas fracciones para la mayoría de bienes producidos entre México y Estados Unidos se incrementará, reflejándose en un crecimiento continuo en el comercio de ambos países y en donde la industria maquiladora tendrá un papel dominante.

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No esta por demás reiterar que para México el TLC es un mecanismo que le permitirá atraer con mayor fuerza operaciones de ensamble que se efectúan en los países de la Cuenca del Caribe e incluso de Asia. En particular, los productos de la rama de la confección tendrán una ventaja sobre los ensamblados en los países del Caribe, ya que éstos en distintas circunstancias deberán de pagar un impuesto que no pagarán los productos de fábricas en México.

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