Las nuevas de este lugar...

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Ricardo Medina Macías

“Las nuevas de este lugar son que la Berrueca casó a su hija con un pintor de mala mano, que llegó a este pueblo a pintar lo que saliese; mandóle el consejo de pintar las armas de su Majestad sobre las puertas del Ayuntamiento, pidió dos ducados; diéronselos adelantados, trabajó ocho días, al cabo de los cuales no pintó nada, y dijo que no acertaba pintar tantas baratijas; volvió el dinero...”

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Esto se lo escribe Teresa Panza a su marido Sancho quien, como sabemos, acompaña como escudero al Caballero de la Triste Figura.

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Podría decirse que la deliciosa carta de Teresa es muestra de buen periodismo. Se cuentan las nuevas del lugar para aquél que no las conoce o para aquellos que desean recordarlas. Se podría decir, con los cánones estrictos del periodismo “objetivo”, que Teresa introduce en la narración, subrepticiamente, un juicio de valor: “pintor de mala mano”. Empero, el propio relato justifica sobradamente el adjetivo: el yerno de la Berrueca no pudo pintar lo que le encargaron, a pesar de presumir que su oficio es el de pintor. Sospechamos, tal vez, que este anónimo pintor se ciñe a la inspiración sin tasa y no a las encomiendas previo pago, y de ahí que haya calificado como baratijas esas armas de su Majestad que le mandaron poner sobre las puertas del Ayuntamiento, ¿quién lo sabe?

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Supongamos que Teresa Panza debiera relatar en una epístola similar las novedades que aquí y ahora nos atañen. ¿Qué escribiría? Tal vez algo así: “Las nuevas de este lugar son que al gobernador Fulano se le ha acusado de gastar en exceso para granjearse las voluntades en las pasadas elecciones; él se ha defendido acusando de calumniadores a sus acusadores; nadie le ha creído. Se ha probado que gastó lo que se dice, pero la -cortedad de las leyes humanas impide, al parecer, castigarlo. Lo mismo da, ya ha sido juzgado por la gente... y condenado al desprecio. Los que saben comentan que, a lo que se ve, cada día salen más caros los votos a favor de los mismos de siempre”.

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O, ¿por qué no?: “Las nuevas de este lugar son que el Presidente se ha irritado por las excesivas críticas; demandó a los contadores de noticias que contaran también lo bueno. Le han respondido, con sorna, que tales buenas novedades no las encuentran. Ambas partes exageran, pero como dice el refrán -el que se enoja pierde. Ya podrás calcular quién ha perdido esta contienda”.

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Y también se relatan las menudencias: “Hogaño no hay aceitunas, ni se halla una gota de vinagre en todo este pueblo”.

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Y los escándalos, protegiendo la identidad de los posibles afectados (costumbre, esta última, que bien le -caería rescatar al periodismo de nuestros días): “Por aquí pasó una compañía de soldados; lleváronse de camino tres mozas de este pueblo; no te quiero decir quién son: quizá volverán y no faltará quien las tome por mujeres, con sus tachas buenas o malas”.

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El corresponsal, como Teresa Panza, cuenta lo que ve y oye. Si algo no le consta, debe añadir la fuente o al menos aclarar que lo relatado es réplica de lo que a su vez le contaron a él. “Algunos maestros salieron a protestar a las calles. Pedían mejores sueldos. Se armó gran revuelo porque los protestantes estorbaron a los que iban a sus trabajos o de paseo. Los guardias intentaron evitar que los maestros siguieran adelante, porque pretendían llegar hasta la casa del Presidente. Hubo insultos de un lado y garrotazos del otro. Unos días después el Presidente despidió al jefe de los guardias; el jefe de éste, el regente, andaba muy lejos de aquí, ocupado en otros menesteres. En lugar de menguar, las protestas han crecido. El regente regresó con bien de su travesía y, a pesar de las habladurías, conserva su puesto tan campante”.

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Tal vez con más erudición el corresponsal escribiría: “Aquí nadie entiende lo que sucederá con la prometida venta de unas plantas petroquímicas. El gobierno dijo que las vendería y aparecieron decenas de compradores prometiendo buenos dineros a cambio de las plantas. Empero, surgieron protestas de quienes dicen que esas plantas son de todos, aunque casi nadie las disfrute. Para mayor enredo, estos últimos dicen que si cooperamos con nuestros haberes podremos adquirir esas plantas, lo que no se entiende si es que en verdad las plantas ya eran nuestras desde antaño, cuando el padre del Cuau las rescató para nosotros (eso dicen, mas no entiendo porque nunca hemos gozado de tal heredad). El gobierno guarda silencio”.

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El corresponsal debe terminar con las nuevas de este lugar. Teresa Panza finaliza su epístola con tal acierto que sería necedad querer corregirla: “Espero respuesta désta y la resolución de mi ida a la Corte; y con esto, Dios te me guarde más años que a mí, o tantos; porque no querría dejarte sin mí en este mundo”.

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El autor es colaborador de TV Azteca y del - diario El Economista.

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