Las otras ventas

Las privatizaciones en Latinoamérica no han sido exitosas, salvo contadas excepciones.
Feike Tycho de Jong

La ola de privatizaciones no han sido la panacea para las aerolíneas, pero han dejado su huella en el sector y en la economía en general. Los nombres de las líneas de bandera nacional como Lloyd’s de Bolivia, Aeroperú y VIASA han sido relegados a la historia. De 12 empresas privatizadas desde 1989, ocho fracasaron.

- De las pocas exitosas, el rey de la aviación es Grupo LAN, uno de los pocos que siguió la receta de una buena privatización al pie de la letra. Antes de vender LAN Chile, el gobierno chileno saneó sus finanzas, tres familias empresarias compraron y le inyectaron capital, y luego colocaron un remanente en la Bolsa de Valores.

- En 2004 duplicó sus ingresos anuales ($163.6 millones de dólares), 40% de los mismos los aportó su carga aérea. Lo mejor es que ya es un grupo: tiene aerolíneas propias en Perú y Ecuador, y viene en marcha LAN Argentina.

- Otra con rápido crecimiento, pese estar conformado por ex empresas estatales, es Grupo Taca de El Salvador. Su primera gran expansión fue en las décadas de los 30 y 40, cuando Taca International registró el crecimiento regional más importante, con vuelos a Brasil y a Estados Unidos. Pero la competencia de Pan American Airlines y varias nacionalizaciones la obligaron a replegarse en El Salvador, la base de segunda expansión. Ahora, ya recuperada, el grupo tiene seis aerolíneas en Centro y Sudamérica, dos de ellas (Nica de Nicaragua y Aviateca de Guatemala) pertenecieron al Estado.

- También se ha beneficiado por las medidas de seguridad y restricciones de visa de EU. Viajeros latinos que ya no quieren pasar por Miami optan por trasbordos en Costa Rica, El Salvador y Perú donde Grupo Taca tiene sus hub.

- Otra aerolínea recién abierta al capital privado y que se beneficia de su posición geográfica estratégica es Copa, cuyo 49% de acciones fue comprado por Continental Airlines al gobierno panameño. El 17 de marzo pasado, Copa compró una participación mayoritaria en Aerorepública de Colombia.

- El éxito o fracaso de una privatización se relaciona con quién compra, por qué y cómo lo hace. “En general han tenido serios problemas porque los gobiernos sólo vendieron las acciones y no exigieron un plan de negocios ni aporte de capital”, comenta un experto de aviación. “Entonces llegaron inversionistas soñadores”.

- Es el caso del brasileño Wagner Canhedo, de Grupo VASP, quien quería conformar una aerolínea latinoamericana bajo su mando. Compró la estatal de São Paolo, VASP, y en 1995 siguió de compras con Transportes Aéreos Neuquén (Argentina), Ecuatoriana (el gobierno se quedó con 50%) y Lloyd’s Aéreo Boliviano. En 2000 y 2001 desinvirtió en estas últimas. “La empresa no estaba preparada para salir de Brasil. Llegó (a los nuevos mercados) en una situación muy difícil política y económicamente”, comenta el ex vicepresidente hasta 1997, Henrique Browne.

- En 1999 se devalúo el real brasileño, dejando a VASP con deudas en dólares. En enero pasado dejaron de volar por orden de la autoridad de aviación, y en marzo un juez de São Paulo ordenó su reestatización.

- Otro postor con mala fama fue Iberia cuando el gobierno español aún tenía el control (hasta 2000). Compró Aerolíneas Argentinas (AA) y VIASA (Venezuela). “Ni el propio gobierno sabía privatizar ¿por qué habrían de hacerlo adecuadamente en otras empresas?”, dice Oscar García, chairman de InterFlight Consulting. Iberia la adquirió usando los activos de la misma empresa argentina como garantía. “Saqueó a las dos compañías”, comenta Andrés Ricover, consultor independiente de aviación.

- Más de una década después de su venta, en 2001, AA debía $900 millones de dólares y perdía $25 millones mensuales. En octubre de ese año fue vendida por el estado español a la agencia de viajes española Marsans. Precio de venta: $1 dólar, que fue bien invertido. La crisis argentina y la devaluación de la moneda atrajeron a los turistas. La aerolínea creció 59% en el primer semestre de 2004.

- Un último desastre es el caso de Aeroperú que fue comprado por una alianza de empresas extranjeras en 1993 y cerró sus puertas en 1999. Uno de los compradores fue Delta que perdió $50 millones de dólares en el proyecto, de acuerdo con fuentes del sector. En realidad, el fracaso provino de los problemas financieros del segundo comprador, una empresa latina recién privatizada. El nombre del socio latino de Delta: Aeroméxico.

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