Las pensiones salen de compras

Las Afore ya no se conforman con la rentabilidad de los bonos del gobierno: ahora copan las emisione
Gisela Vázquez

El director de FEMSA Refrescos y su responsable financiero tenían sobre la mesa la adquisición de Panamerican Beberages, Panamco. La compañía regiomontana había firmado el pago de $3,600 millones de dólares por el mayor embotellador de Coca-Cola en América Latina. Carlos Salazar y Héctor Treviño daban vueltas y vueltas a una sola cuestión: ¿a dónde acudir en busca de los $4,000 millones de pesos que necesitaban para cumplir con un prepago antes del cierre de la operación?

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“No se quiebren más la cabeza –les dijo un directivo de una administradora de fondos para el retiro (Afore)– aquí están nuestras sociedades de inversión (Siefore) para financiar proyectos por mucho más que esa cantidad.” Dicho y hecho. El apetito de las Afore por invertir en papel privado se volcó en las tres emisiones que lanzó Coca-Cola FEMSA para levantar $4,250 millones de pesos. Los fondos de pensiones mexicanos “arrebataron”, a decir de los analistas, hasta 70% de títulos a largo plazo de la refresquera multinacional.

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¿La razón? El sector privado paga mejores tasas que los bonos del gobierno. Su diferencia respecto a los Cetes es de al menos 100 puntos base, “cerca  de 20% más de rendimiento en el vencimiento”, dice Jean Louis López, director de  ing. FEMSA redituará 10.4% por un tramo de $1,000 millones a siete años, mientras que los Cetes a tres meses  cerca  de 6.5%. Para el ahorrador común esto significaría la diferencia entre pasar su cumpleaños 75 en casa o en un crucero por el Caribe.

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Los fondos para el retiro son ya los inversionistas institucionales más importantes del mercado. En 2002 tomaron 50% del total de las colocaciones de este tipo; antes de la emisión de FEMSA Refrescos ya tenían aproximadamente $48,000 millones de pesos en papel privado. De seguir esta tendencia, en los próximos cinco años podrían invertir $30,000 millones adicionales.

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Por eso, desde hace un año puede verse a los directores de Finanzas de los grandes corporativos visitar continuamente las oficinas de cada una de las 12 Afore del mercado. Las colocaciones bursátiles están paralizadas por el estancamiento económico, pero los road shows de deuda están a la orden del día. Afore XXI, que con 6.5% de los recursos ocupa la séptima posición del sistema por aportaciones acumuladas, recibe cada semana a tres grandes empresas, indica Javier Beristain, director general de la firma. “Naturalmente, estamos incrementando nuestra inversión en documentos privados.”

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La labor de convencimiento es ardua. En cada reunión los corporativos desglosan a detalle sus estados financieros, abren sus estados contables y discuten las condiciones de la emisión. Eso no es suficiente: las Afore recurren a su propia área de riesgos. “Analizamos a la empresa con lupa –comenta Carlos Rivera de la Mora, responsable de la Siefore ING–; hacemos proyecciones de todo tipo, medimos todos los riesgos antes de decidir si compramos o no el papel que nos ofrecen.”

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Ganarse el favor de los fondos de inversión no está al alcance de cualquier proyecto y sólo las grandes compañías mexicanas tienen acceso a este club del gran financiamiento. Muchas de ellas optaron en los dos últimos años por reestructurar su deuda en dólares para emitirla en el mercado doméstico entre las Afore y otros inversionistas. Grupo Bimbo, por ejemplo, acudió al mercado de deuda con el fin de financiar la compra de la distribuidora estadounidense George Weston.

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A corto plazo, las Afore están a la expectativa de colocaciones de Coppel, Liverpool, Cemex, bonos del estado de Guerrero e incluso trasciende en los pasillos de las instituciones que Volkswagen prepara  una emisión grande.

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Dinero bajo candado
La velocidad de acumulación de fondos ha sido vertiginosa. A seis años de haber nacido el nuevo sistema de pensiones para suplir al quebrado sistema público, los más de 29 millones de afiliados tienen un ahorro conjunto de $340,000 millones de pesos (unos $30,083 millones de dólares). Las proyecciones apuntan a que el saldo de las Afore, que representa en la actualidad 5.3% del PIB, se duplicará en siete años, y para 2060 será equivalente a 50.5% del PIB, según la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar) y la Asociación de Administradoras de Fondos para el Retiro (Amafore).

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El fantasma del temor y la desconfianza que dejó el anterior régimen de pensiones aún pesa mucho. La corrupción y el despilfarro de recursos de las administraciones del IMSS en décadas anteriores los tuvo que absorber el gobierno federal –los contribuyentes–, para hacer frente en los próximos años al pago de raquíticas pensiones a más de tres millones de adultos mayores.

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“Nuestro reto –señala Mario Gabriel Budebo, titular de la Consar– es cambiar esa visión. Ahora hay un esquema seguro, supervisado por una autoridad perfectamente regulada.”

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La ley, por tanto, exige a las administradoras invertir esos recursos en proyectos seguros y rentables, que den un buen rendimiento. “En la medida en que lo logremos el trabajador tendrá una mejor pensión”, resume Francisco González Almaraz, dirigente de la Amafore.

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El éxito de una emisión radica en que ofrezca tasas atractivas, una buena estructura financiera y las garantías fijadas por la ley. Con estos requisitos, es “un negocio de ganar-ganar”, según Paola Vega, experta en fondos de inversión de la calificadora Standard & Poor’s: las administradoras obtienen buenos rendimientos y los corporativos una opción para financiar sus proyectos.

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Paso a paso
La cautela que privó en el arranque del sistema llevó a la Consar a poner candados a las Siefore para que invirtieran la mayor parte de sus recursos en deuda pública. Esta opción implica menores riesgos que el papel que emiten las firmas privadas, pero también menor rentabilidad.

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El régimen de inversión se ha abierto gradualmente y si hace dos años la industria solo invertía 2% en el mercado privado, éste ya supone 15% de su cartera. Buen crecimiento que no oculta, al fin, que el principal inversionista institucional del país canaliza 85% de sus fondos para financiar operaciones del gobierno y no inversiones de las empresas. No para siempre. “Las Siefore vienen a cubrir la necesidad que tiene el país de financiar proyectos viables a largo plazo”, precisa Francisco González.

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Las modificaciones aprobadas por el Congreso en la legislatura que termina abren nuevas posibilidades. Si las Siefore quieren invertir 100% de su dinero en papel privado, es lícito que lo hagan. Todo su portafolios puede llenarse de firmas con calificación AAA, la misma que obtiene la deuda del gobierno federal, pero sólo puede concentrar 5% de una misma compañía. También les es permitido tener 35% de bonos AA, de “muy sólida” capacidad de pago y 5% de títulos a, con “sólida” capacidad de pago. Las paraestatales pueden igualmente recurrir a estos inversionistas. La emisión de bonos a corto plazo por $10,000 millones de pesos de CFE, prevista para los primeros días de junio, ya tiene postores.

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La cautela se extrema con el papel que emiten los estados y municipios, que sólo ha atraído $2,000 millones de pesos. “Hay gobiernos locales que pueden emitir buen papel y pagar una tasa muy alta –indica Javier Beristain, de Afore xxi–, pero tienen problemas jurídicos y de Estado de derecho, y entonces no le entramos.”

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Al final, los favoritos son los grandes corporativos, que concentran $33,000 millones de pesos de los $48,000 millones invertidos por las Siefore. Las estrellas receptoras son América Móvil y Cemex, cada una con alrededor de $6,000 millones de pesos.

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La Consar quiere completar el esquema actual, un tanto paternalista, para permitir a los clientes decidir cuánto riesgo quieren asumir de acuerdo con su perfil, como ocurre ya en Estados Unidos o Chile.

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Empleo formal
Sea como sea la regulación, al final los fondos de pensiones no son ajenos a la marcha de la economía. Anualmente reciben $6,000 millones de dólares en nuevos flujos y se pronostica que en dos años la cifra podría ascender a $9,000 millones. Pero para atraer tales entradas necesitan que crezca el empleo formal y que los ahorradores aumenten las aportaciones voluntarias. Con el fin de ganar su confianza y llevar las cuentas al día, las Siefore han contratado los servicios diarios de la valuadora de activos Covaf. La Consar, por su cuenta, ha diseñado un parámetro denominado “valor en riesgo”, el cual ya se está adoptando en otros sistemas de América Latina, según Budebo.

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Si las proyecciones de los participantes del mercado se cumplen al pie de la letra y se crea el millón de nuevos empleos que se necesitan al año, el 33.8% de los afiliados que hoy tienen entre 26 y 35 años de edad podrán contar con una pensión digna.

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Y las empresas como FEMSA dispondrán de capital mexicano al que recurrir para financiar su expansión.

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