Las trampas de la no regulación

Los microcréditos son tan importantes que no deberían dejarse sólo en manos de las microfinancieras.
Los editores

Uno de los aspectos más importantes que consideran los administradores de fondos de capital privado antes de hacer una inversión es la capacidad de ejecución que tienen los administradores de la empresa donde están por invertir. Dicen que la ejecución es la diferencia entre una buena idea de negocios y un buen negocio.

Compartamos Banco hace de la ejecución su principal fortaleza. Esta institución se coló en una industria de nula movilidad, en donde los que habían querido entrar lo hicieron comprando los bancos que ya existían y peleándose prácticamente por los mismos clientes. En poco tiempo tiene más de dos millones de clientes que nunca antes habían pisado un banco, y sus crecimientos anuales en ingresos y en utilidades superan el 30% desde hace varios años. A fines del año pasado, el banco anunció su intención de ampliar sus operaciones a Centro y Sudamérica, lo que empezó a concretar hace unos días con su ingreso al mercado de Guatemala.

Lo que hace Compartamos no es loable sólo porque significa un gran negocio, sino porque al hacerlo le da acceso a un crédito por primera vez a millones de personas, sobre todo a mujeres, quienes comienzan así pequeños negocios que tienen un impacto relevante en las economías locales.

Además de encontrar un banco que ejecuta muy bien su negocio, durante el reporteo de esta historia los editores descubrimos una serie de amenazas para las empresas y sus clientes. Al buscar la competencia de Compartamos, lo primero que nos llamó la atención fue la alta concentración geográfica del sector. En unos cuantos estados se ubica la mayor parte de la actividad en materia de microcréditos. Aunque de primera instancia esto significa una mayor competencia (cosa que no está mal dadas las altas tasas de interés que algunas de estas empresas cobran), también genera un ‘bombardeo' de ofertas y promociones que trae como consecuencia clientes sobreendeudados.

¿Qué tan grave es este problema? Aquí viene la segunda mala noticia: nadie lo sabe con certeza. La mayoría de las empresas que pertenecen a este sector no están reguladas. No tienen la obligación de mostrar a nadie sus datos más relevantes y esto les permite trabajar, incluso, al borde de la legalidad.

Hay que agregar el asunto de algunas prácticas que deben evolucionar, por ejemplo, la forma de medir la cartera vencida. Las pocas instituciones que revelan esta información usan una metodología que no mide en su justa dimensión este problema (algunas la miden de tal forma que caen en ciertos absurdos equivalentes al hecho de que un crédito hipotecario a un plazo de 20 años sólo sea considerado cartera vencida cuando se deje de pagar durante 10 años).

Otro problema es que las microfinancieras no tienen los medios ni la obligación de asegurarse de que sus clientes no tengan otros créditos anteriores, lo que pone en riesgo al acreditado y a (todos) sus acreedores. Esto, que se resuelve con un buró de crédito, es uno de los peligros más urgentes por resolver que hay en este sector, pues hay estudios que muestran un sobreendeudamiento de hasta 2.5 créditos en donde sólo debió haber existido uno.

Durante la elaboración de esta historia, los editores comentamos varias veces sobre el drama que el año pasado vivió el sector de los microcréditos en India, específicamente en la provincia de Andhra Pradesh. Ahí, durante 2010 se suicidaron unas 80 personas, quienes tenían deudas con diversas microfinancieras por encima de su capacidad de pago. Se puede creer que es una exageración, pero hay que entender que el sentido del honor y el prestigio social son los activos en los que se basa la garantía crediticia de los clientes de esta industria.

No es necesario esperar a que un problema financiero se convierta en un drama psicosocial. Y la forma de evitarlo es la regulación; pero no la que obstruye o detiene el crecimiento de las industrias, sino la que cuida su desarrollo, la que obliga a que las empresas tengan crecimientos de calidad y sostenibles, la que protege a los clientes de estas empresas y la que es capaz de reconocer y controlar una burbuja a cambio de lograr un crecimiento de largo plazo.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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