Las víctimas ocultas

Las grandes empresas esquivan la ola de violencia que hay en México, pero las pymes la sufren cada día más.
policías  (Foto: Reuters / Tomás Bravo)
Thomas Black y Jonathan Roeder/ Bloomberg

Víctor Hugo Barragán vio cómo bajaban sus ventas estrepitosamente en los primeros nueve meses de 2010 en su tienda de paletas caseras en el municipio de Guadalupe, en el norte de México. La explosión de una granada que hirió a 14 personas en la plaza central de la ciudad en octubre pasado –el primer ataque de los cárteles de la droga a los ciudadanos en la periferia de Monterrey– hizo que un año que ya era malo fuera aún peor. Días después, un funcionario de la policía y un anciano que pasaba por el lugar murieron en medio de un tiroteo entre grupos de traficantes cerca del mismo lugar. “La gente teme venir aquí”, dice Barragán.

La familia Barragán ha vendido helados durante 15 años en su local frente a una plaza rodeada de árboles y  enmarcada por la catedral de Guadalupe y la torre del reloj del Palacio Municipal. “Mire, la plaza está vacía. Es el peor año que hemos tenido”, asegura.

Hasta ahora, la violencia que se ha apoderado del norte de México desde 2006 no ha detenido la construcción de nuevas fábricas por parte de  las grandes empresas que pueden pagar a sus propias fuerzas de seguridad. Pero muchos pequeños comercios  en estas regiones plagadas por la muerte a causa de los cárteles de la droga, están cerrando ante las extorsiones y las amenazas de secuestros por parte de pandillas. Las pequeñas y medianas empresas (pymes) de México representan 52% de la economía y 72% del empleo formal, según la Secretaría de Economía.

Las compañías estadounidenses dicen que eligen Monterrey para la inversión porque está a dos horas por carretera de la frontera, y sus universidades ofrecen fuerza de trabajo altamente calificada. La tercera área metropolitana más grande del país, con 3.6 millones de habitantes, forma parte del estado de Nuevo León. La tasa anual de homicidios en la región de Monterrey ha aumentado 97% desde 2006 al 30 de octubre de 2010.

“Si Monterrey cae a los niveles de otras ciudades fronterizas, sería catastrófico para la economía mexicana, no solo para Monterrey”, dice Scott Wine, director ejecutivo de Polaris Industries. La empresa fabricante de vehículos todoterreno con sede en Minnesota está construyendo una fábrica de 40,000 m2 cerca de la ciudad, y empleará a aproximadamente 500 personas.

En Monterrey, las patrullas de la policía local son tan débiles que los criminales comunes se sienten envalentonados, dice Juan Ernesto Sandoval, presidente de la Cámara de Comercio de la ciudad. Muchos de los negocios pequeños deciden cerrar sus puertas temprano para evitar los robos, y sus dueños se visten como empleados para evitar los secuestros. “Los comercios abren a su propio riesgo porque, desgraciadamente, la policía no está en condiciones de garantizar la seguridad”, señala Sandoval.

EL impacto de la violencia
La economía mexicana parece poco perturbada por la violencia desatada por la lucha contra la droga que se ha cobrado aproximadamente 30,000 vidas desde hace cuatro años, cuando el Presidente de México, Felipe Calderón, declaró la guerra contra el crimen organizado. El Banco de México estima que la economía creció aproximadamente 5% en 2010. Se crearon más de 850,000 empleos en los primeros 10 meses del año. El IPC de México de las 35 acciones más importantes alcanzó el 8 de noviembre un nivel récord, de 36,543.40 puntos, y en la primera mitad de 2010 la inversión extranjera directa (IED) subió 28% en relación con el año anterior. El peso ganó 7.1% de valor con respecto al dólar estadounidense durante 2010, y el 3 de noviembre la tasa de interés interbancaria a un día cayó a su nivel más bajo en siete años, a 4.83%.

México estaría creciendo más rápidamente si las pequeñas empresas no tuvieran que usar su dinero para pagar protección o rescates a las bandas del crimen organizado, dice Alonso Cervera, economista de Credit Suisse Group AG en la Ciudad de México. Resulta difícil calcular el costo de la violencia para la economía mexicana, porque una parte significativa de este costo está ligado a las oportunidades que no se aprovechan, señala Cervera. En circunstancias diferentes, el efectivo que se usa para pagar a los grupos delictivos iría a inversiones para expandir empresas y contratar a nuevos empleados, dice. Se estima que el crimen organizado es responsable de una disminución de 1.2 puntos porcentuales anuales en el crecimiento del PIB. Cervera precisa que esta cifra es menor que la real, ya que se basa exclusivamente en la violencia entre policías y grupos delictivos, y no incluye el daño a transeúntes y empleados de comercio inocentes.

“No debería subestimarse el tema de las extorsiones y los secuestros”, comenta Cervera.  “Es erróneo enfocarse solamente en las muertes a causa de las trifulcas entre cárteles. Eso es sólo una parte del problema”. Los efectos de la violencia empiezan a aparecer en las estadísticas. En la primera mitad de 2010, la inversión fija bruta en México se mantuvo  al mismo nivel que en el mismo periodo del año pasado. Esto contrasta con el incremento de 17% en Brasil y de 19% en Chile en ese mismo año. La cantidad de turistas que visitan el norte de México cayó 8.5% en los ocho primeros meses del año.

Las grandes empresas mexicanas que operan tiendas de conveniencia a nivel nacional están gastando dinero en la protección de sus locales. Fomento Económico Mexicano (FEMSA), propietarios de la cadena de tiendas OXXO, equipan sus locales con cámaras de vigilancia y entrenan a su personal en temas de seguridad, dice José Antonio Fernández, director ejecutivo del grupo. Para evitar los asaltos, nunca hay más de 40 dólares en la caja chica de la tienda.

La empresa con base en Monterrey, con un valor de mercado de 20,000 millones de dólares y a cargo del control de la mayor embotelladora de Coca-Cola en América Latina, ha presionado a las autoridades para detener a los delincuentes registrados en sus cámaras de video instaladas en sus tiendas, dice Fernández. Las medidas han ayudado a reducir en 50% la cantidad de robos en los locales de Tijuana y en Monterrey también está dando sus frutos, asegura.

Los inversionistas extranjeros siguen siendo optimistas con respecto a México. Christopher Palmer, a cargo de la administración de 6,000 MDD como responsable de mercados emergentes globales en Gartmore Investment Management, en Londres, está adquiriendo grandes cantidades de acciones mexicanas. Dice que confía en que el gobierno podrá derrotar a los cárteles de la droga. “Las empresas con mayor grado de organización que pueden pagar sofisticados métodos de seguridad son las que tendrán una mejor situación”, considera Palmer. “El problema mayor es para los negocios relativamente desprotegidos”.

Las compañías extranjeras y los inversionistas están observando atentamente cómo el presidente Calderón aborda el problema de las bandas criminales en Monterrey, el polo industrial del norte de México. En el estado de Nuevo León, la IED aumentó 1,800 MDD en los primeros 10 meses de este año, superando el total de cada uno de los dos años anteriores. Al igual que Polaris, Easton-Bell Sports está construyendo una planta de 50 MDD para la fabricación de cascos de futbol americano, y Lego está invirtiendo 100 MDD para expandir su fábrica de juguetes.

La violencia relacionada con el crimen organizado cobró 10,035 vidas en México durante 2010 hasta el 30 de octubre de este año, según un recuento realizado por el periódico Reforma. El estado fronterizo de Chihuahua, donde se encuentra Ciudad Juárez, lidera este conteo con 2,797 víctimas. Nuevo León es la sexta entidad con mayor número de muertes entre los 31 estados y la Ciudad de México registró 524 muertes asociadas con el crimen organizado.

Acciones emprendidas
Calderón está intentando combatir el crimen organizado a través de la creación de una fuerza policial unificada para cada estado que remplace la policía municipal. Los líderes del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el partido con mayoría en la Cámara de Diputados, dicen que se oponen a este plan. Esta medida resulta necesaria para erradicar la corrupción de los cuerpos policiacos locales que han permitido que prosperen las bandas delictivas, dice Juan Miguel Alcántara, secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Los policías a cargo del patrullaje carecen de entrenamiento y de salarios decentes para el desempeño efectivo de sus tareas, señala Alcántara. Los funcionarios locales tienen un sueldo mensual promedio de 4,000 pesos. Un operador de una fábrica en México recibe un salario promedio de 9,980 pesos mensuales, dos veces más que el de un policía, según las estadísticas laborales del gobierno. En las ciudades del norte del país, 70% de los policías no ha logrado pasar las pruebas de control, asegura Alcántara. “Nadie que gane 4,000 pesos”.

En San Pedro Garza García, un municipio de 122,000 habitantes, considerado el más rico del país, el alcalde Mauricio Fernández ha eliminado la extorsión de las bandas delictivas a los comerciantes con un proyecto público de 70 MDD. La comunidad paga a sus patrulleros tres veces más que la mayoría de las ciudades mexicanas; se han instalado cámaras con capacidad para leer las placas de los vehículos y para reconocer rostros, y se han comprado motocicletas y automóviles para el patrullaje.

Los policías tienen un salario básico de 12,000 pesos mensuales y son sometidos a exámenes de control, que incluyen el polígrafo y tests de drogas, dice Fernández. Las patrullas locales se han ganado la confianza de los residentes y de los comerciantes locales, quienes a su vez colaboran con la seguridad del municipio.

El gobierno de Nuevo Laredo reconoce que la salud de su economía depende de su capacidad para mejorar la seguridad; por ello está comprometido a trabajar con el Presidente Calderón, dice Javier Treviño, secretario general del estado. La entidad tiene planes de ser la primera en adoptar el programa del Presidente de unificación de las fuerzas de seguridad pública municipal bajo el control de cada estado. “Se trata de profesionalizar y dignificar a la policía”, explica Treviño.

Barragán, el dueño de la paletería, dice que ahorra en tiempos de bonanza para capear el temporal cada vez que una crisis económica afecta a México. Espera que esos ahorros duren más que la ola de inseguridad. “Si hemos logrado sobrevivir a tantas crisis anteriores, seguramente también sobreviviremos a ésta”.

Los Inversionistas quieren a México
Aun cuando los crímenes de los grupos de narcotraficantes alcanzan niveles nunca antes visto y los negocios pequeños sufren las consecuencias, México se ha transformado en un destino de inversión sumamente atractivo para los inversionistas en ingresos fijos que buscan tasas más altas. El mercado está abierto y líquido, dicen los analistas que asistieron a la Cumbre Económica de Bloomberg en noviembre.

Los inversionistas están concentrados en el gasto del déficit de México de aproximadamente 3.2% del PIB en contraste con el 14% en Irlanda.

El gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, y el secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, dicen justo lo que los inversionistas quieren escuchar: el gasto se mantendrá bajo control y se rechazarán los controles sobre las IED. Esto es diferente a lo que sucede en Brasil, que el 6 de octubre triplicó un impuesto a la IED en deuda del gobierno 6%, señala Roberto Melzi, estratega de deudas latinoamericanas de Barclays Capital.

En octubre, Citigroup agregó a México a su Índice de Bonos de los Gobiernos del Mundo, requisito para que muchos fondos institucionales puedan invertir en el país. “Los inversionistas apuestan por el peso mexicano más que por el real, porque perciben que es menor el riesgo de medidas administrativas”, dice Melzi. Brasil y México lideran las inversiones extranjeras en deuda de mercados emergentes, seguidos por Indonesia, Corea del Sur y Rusia, según datos de Barclays.

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