Líderes globales

Los mexicanos se han ganado la confianza de los grandes grupos extranjeros y han demostrado que son
Gerardo Moncada

Antes de retirarse como presidente y CEO del poderoso conglomerado estadounidense General Electric, Jack Welch, la leyenda del mundo de los negocios, decidió que las oficinas de esa empresa en México fueran dirigidas por primera vez por un mexicano, y depositó esa responsabilidad en Edmundo Vallejo. Era la consolidación de una tendencia: hoy día, de los 35 mayores grupos extranjeros con presencia en el país –según el listado Las 100 multinacionales más importantes de México publicado por Expansión el 18 de septiembre pasado– 10 son encabezados por ejecutivos nacionales. Le siguen los estadounidenses, con sólo cinco directores generales.

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“La mayoría de estas empresas [multinacionales] tiene al ejecutivo mexicano en alto concepto”, asegura Manuel Papayanopulos, vicepresidente de la firma de head-hunters Korn Ferry. El directivo del país, “en términos de capacidad, no tiene nada que pedirle a un estadounidense o un europeo”, dice Rafael Rojo, director de Spencer Stuart, otra compañía especializada en cazar talentos para altos puestos corporativos.

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Recientemente, Pepsi-Gemex, la compañía que fuera conducida por el mexicano Rafael Obregón, fue adquirida por Pepsi Bottling Group. Esta firma decidió cambiar a su director general, pero no trajo un directivo de fuera; a inicios de noviembre pasado optó por otro local: Jaime Costa Lavín, quien estuviera a cargo de Gruma Latinoamérica.

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A mediados de 2001, el mexicano Eugenio Minvielle fue designado director general de Nestlé en México, en sustitución del brasileño Iván Zurita. En septiembre de 1999 otro connacional, Pedro Padierna, fue designado CEO de Sabritas, en sustitución de Abelardo Bru, quién pasó a dirigir Frito-Lay North America. En el presente año, Omar Villarreal fue nombrado presidente de Motorola Latinoamérica con responsabilidad para Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia, Centroamérica y el Caribe, además de México, donde es director general desde 1997.

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Asimismo, algunos directivos nacionales recibieron un voto de confianza aun cuando sus empresas vivieron cambios drásticos. Eso sucedió en Hewlett-Packard, que luego de fusionarse con Compaq hace unos meses mantuvo a Carlos Guzmán en la dirección general; lo mismo pasó en Banamex el pasado año, cuando fue adquirido por el mayor grupo financiero del mundo, el estadounidense Citigroup, que ratificó en su cargo a Manuel Medina Mora; y también en Serfin, que en 2000 fue comprado por Banco Santander Central Hispano, que dio su aval a Adolfo Lagos; éste a su vez ya fue promovido a director general de la División América del grupo español en septiembre pasado, y sustituido por su compatriota Marcos Martínez Gavica, quién también se mantiene como CEO del ahora Grupo Financiero Santander Serfin.

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También ha habido movimientos a la inversa. En 2000, el corporativo Unilever reemplazó a su director general: en lugar del mexicano José María González designó al estadounidense Tom Stephen. Ese mismo año, Raúl Muñoz Leos pasó a comandar Pemex y renunció a la dirección general de DuPont, cargo que pasó a ocupar el canadiense Douglas Muzyka, ahora de regreso en Canadá. Más tarde, en enero de 2002, Alcatel Indetel decidió que el español Ángel Gutiérrez dirigiera las operaciones en México en sustitución de un ejecutivo local.

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Terreno a ganar
Los directivos mexicanos aún no tienen aceptación universal: las multinacionales que conducen son principalmente estadounidenses; dentro de las mayores 35, hay 22 empresas del vecino del norte y 13 de otros ocho países (cinco europeos, dos asiáticos y uno sudamericano). En éste último grupo de corporaciones, sólo hay dos dirigidas por mexicanos: una española y una suiza.

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“Las compañías europeas y asiáticas son más conservadoras, más dadas al control jerárquico”, explica John Smith, de Smith Search, una compañía de cazatalentos. En ellas prevalece la política de traer ejecutivos del país de origen de la empresa. Una posible explicación de esa estrategia es el desconocimiento. “Nos ha ocurrido que, al presentar una terna de candidatos para un puesto de alto nivel, los empresarios queden sorprendidos, pues no imaginaban que hubiera ese talento en México”, cuenta Papayanopulos.

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Pese a ello, la globalización del mundo empresarial tiende ha borrar las fronteras en cuánto a la elección de quién conduce los destinos de las filiales de las multinacionales. En México, de las 35 principales organizaciones, sólo 10 tienen CEOs del mismo país de origen de la matriz (tres compañías estadounidenses, dos alemanas, una española, una japonesa, una suiza, una sueca y una coreana). En esa muestra analizada, hay directores generales de 17 diferentes países de origen.

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“Cada vez se considera menos la nacionalidad del ejecutivo. Ahora se le ve como un directivo global con diversas capacidades”, asevera Rojo. Eso explica, en opinión de los head-hunters, que por la filial de Ford en el país hayan pasado directores de procedencia estadounidense, mexicana, española y brasileña.

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Tal escenario pone a los nacionales en igualdad de oportunidades, y les plantea el reto de escalar a los mayores espacios de poder de los grandes corporativos internacionales. En cierto modo, las sucursales que operan en el país llevan una ligera ventaja, porque conocen el medio más que los ejecutivos extranjeros. Pero eso no es suficiente, necesitan otras capacidades para ser escogidos.

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Regados por el mundo
John Smith explica que la apertura de las fronteras comerciales, en especial por el TLCAN, impulsó a los profesionistas mexicanos a concebirse como ejecutivos globales.

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Una diferencia fundamental de los altos mandos jóvenes del país con las anteriores generaciones es su disposición a radicar en el extranjero. Es una política extendida en las multinacionales enviar a sus directivos a diferentes filiales para su entrenamiento y posterior ascenso y traslado.

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“El nacional es quizá el más arraigado a su país entre todos los ejecutivos de Latinoamérica. Sin embargo, se ha dado cuenta de que ahora el juego es global y debe adaptarse a él si quiere alcanzar ciertas metas”, comenta Smith.

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Minvielle, el CEO de Nestlé en México, había ocupado el mismo puesto en la filial de Venezuela de la compañía suiza. Al frente de Chrysler ya estuvo un mexicano (Humberto Lobo) que ahora ocupa un puesto en Estados Unidos. Otro connacional, Javier Rión, desde mayo de 2001 es presidente en el Reino Unido de Rail Control Solutions, una empresa de Bombardier. Procter & Gamble tuvo como presidente y director general en Brasil al mexicano Fernando Aguirre, que ahora maneja, desde Estados Unidos, una de las líneas de negocio a escala mundial. Sabritas ha colocado a ejecutivos del país en puestos de responsabilidad nacional y continental, que antes ya fungieron como directivos en Brasil y España.

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“Hay más mexicanos que nunca manejando operaciones de multinacionales en otros países de América Latina, Europa y Asia”, señala Smith.

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Según Rojo, Unilever tiene cerca de 20 mexicanos fogueándose en puestos de alta dirección en otras naciones. José Luis Newman, socio de la firma Amrop, calcula que hay entre 60 y 80 connacionales fuera del país ocupando puestos de primerísimo nivel (dirección general de regiones o de áreas). Papayanopulos comenta que tan sólo Procter & Gamble, PepsiCo y Nestlé, considerando cargos desde subdirectores en adelante, tienen en el extranjero a más de 100 mexicanos. “Las empresas están moviendo a sus ejecutivos de un país a otro para propiciar su desarrollo.”

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La carrera de los directivos –añade– es parecida a la diplomacia: “Exige mucho sacrificio, mover a la familia, cambiar de residencia cada tres o cuatro años, quizá hasta sea necesario pasar un tiempo en un país más pequeño que el de origen antes de dar un brinco importante.”

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No obstante, las nuevas generaciones están dispuestas a pagar ese precio. Saben, a decir de Newman, que la experiencia que adquieran en filiales de otras naciones les permitirá dirigir la de México u otra más grande.

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De hecho, algunas multinacionales ahora detallan a sus ejecutivos las opciones de desarrollo que tienen ante sí, con tiempos, puestos y ciudades de residencia.

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Nueva generación
“El ejecutivo mexicano cada vez adquiere mayores calificaciones en términos internacionales, cosa que antes no sucedía”, destaca Smith.

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En opinión de los head-hunters, los atributos del ejecutivo nacional han cambiado. Si antes se le consideraba estratégico por su conocimiento del mercado y la idiosincrasia local, hoy se agregan a tal perspectiva cualidades universales.

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Javier Valle, también director de Spencer Stuart, los describe: son profesionales con experiencia internacional, con conocimiento multicultural, letrados en tecnología, con maestría en administración de negocios, aptitudes empresariales y habilidades para dirigir organizaciones descentralizadas.

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El presidente de Smith Search añade rasgos específicamente mexicanos: “Trabajan más que todos porque, hay que admitirlo, en México hay mucha ineficiencia”; son ágiles, versátiles, han lidiado con inflaciones, devaluaciones y crisis económicas; con menor infraestructura hacen lo mismo que ejecutivos de otras nacionalidades; además, son buenos generalistas, lo cual es importante al ocupar una dirección general.

“La aventura de haber vivido en un país en crisis confiere a la gente dotes insustituibles, además de valentía y aguante”, considera el entrevistado. En cuanto a la supuesta indisciplina propia del mexicano, así como el relajamiento y la falta de rigor, “si existen, desaparecen al poco tiempo de trabajar en una empresa extranjera”.

Todavía tienen los ejecutivos nacionales mucho trecho por recorrer, pero lo cierto es que pueden apuntar a lo más alto: “Lo que falta son mexicanos que pinten para ocupar la presidencia de una multinacional. Eso se va a dar con el tiempo”, pronostica Rojo.
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