Lo que el management se llevó

En las últimas tres décadas y media, conducir empresas pasó de la supervisión en la línea de en
Gabriela Ruiz

Pedro picapiedra cumplía una jornada de ocho horas de arduo trabajo. El silbato de salida le permitía relajarse con su familia en el cine. La serie era reflejo de una manera de percibir el trabajo en los 60, transportado a la edad de piedra. Los que disfrutamos de sus episodios en nuestra infancia, hoy hacemos apuestas de cuántos celulares van a sonar durante la proyección de un filme. Cerrar la oficina actualmente ya no equivale a terminar de trabajar; el trabajo es ubicuo. Estos cambios han generado la proliferación y sofisticación de variadas disciplinas en la administración de empresas o management.

- La primera portada de Expansión –ocho años después del lanzamiento de Los Picapiedra– fue síntoma del enorme cambio que se gestaba. La computadora jurásica en la portada retrata la transición de la era industrial, basada en manufactura, hacia la de la información, sustentada en el conocimiento y la innovación. Tal evolución ha significado un enorme cambio en la forma de conducir empresas. También ha dado lugar a una plétora de títulos empresariales, la aparición de los gurúes del management (que han escrito y sido citados a través de nuestra trayectoria), charlatanes y libros plagados de lugares comunes y temas obvios.

- Carlos Llano, profesor emérito de el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE), reconoce que para administrar un negocio hace varias décadas sólo se requería estudiar contaduría pública. Actualmente hay una gran gama de disciplinas, tales como mercadotecnia, finanzas, recursos humanos y sistemas, con sus respectivas especializaciones, por mencionar unas cuantas. Roberto Servitje, actual presidente de Grupo Bimbo, es claro ejemplo de esta tendencia. Horneó pan desde niño, se graduó como contador público para ayudar a administrar la panificadora de la familia y estudió varias áreas a medida que el negocio creció. A sus 75 años asegura que lo principal es tener una compañía con alma, respetuosa y responsable hacia sus empleados y clientes.

- Esta noción ha tomado muchas modalidades en las teorías de conocidos pensadores de la administración, como Peter Drucker, Michael Porter, Gary Hammel y Peter Senge, por enumerar un puñado. Algunos tienen muy buenas ideas, pero reconocen que sus hipótesis no son recetas médicas. El último admite que la administración es algo que se ejerce, no se lee. No es cuestión de enmarcar valores y misiones corporativas conspicuamente ausentes en las acciones de la dirección general. A su vez, el experto en mercadotecnia, Philip Kotler, acepta que el público asocia esta disciplina con la manipulación y que tal percepción es bien merecida. Muchas de las teorías que se han generado en el curso de 35 años son como la penicilina: la supervivencia para unos, veneno para otros.

- Management a la mexicana
Los congresos y cursos de administración de diversa índole se han convertido en punto de reunión de las comunidades empresariales alrededor del mundo. Su función no es la de encontrar soluciones, sino sembrar semillas y conocer contactos. Cabe mencionar que muchas de las conjeturas no se pueden aplicar tal cual a los modelos mexicanos, porque el estilo de liderazgo local tiene sus peculiaridades. Emilio Azcárraga Milmo personalizó la variante nacional en todo su folklore.

- Cuando Raúl Velasco se acercó para pedir que permitiera el regreso de Verónica Castro y Angélica María a Televisa, el Tigre le contesto: “¡No me estés chingando!” Acto seguido colmó al locutor con vituperios. Horas después, éste recibió una llamada del directivo agradeciéndole que le hubiese salvado la vida. “Estaba a punto de darme un infarto y como me descargué contigo ya no me dio... Perdóname. Te lo agradezco mucho, Raúl. Y dile a ese par de pinches viejas que se vengan acá con nosotros”, citan Andrew Paxman y Claudia Fernández en su libro El Tigre.

- La administración en las empresas mexicanas se ha caracterizado por el paternalismo, la autocracia, las jerarquías, la poca importancia que tiene el tiempo de los demás, el compadrazgo y el nepotismo. Esta tendencia ya está cambiando, gracias a la apertura del mercado y la entrada de competidores más profesionales. Sin embargo, las compañías siguen siendo demasiado familiares en comparación con economías más desarrolladas, donde la participación de inversionistas está más atomizada y la administración tiene que ser más transparente.

- Con el flujo de ejecutivos extranjeros a México, y viceversa, se tendrán que modificar viejas tradiciones corporativas para mejorar la competitividad de las firmas nacionales. Otra modalidad que está empujando a los empresarios locales a adoptar mejores prácticas es la exigencia, por parte de las autoridades, de que entreguen toda la información pertinente si cotizan en la Bolsa de Valores. Los consumidores también exigen mayor responsabilidad social a las organizaciones; ganan cada vez más poder con la mayor disponibilidad de información.

- Dar donativos ya no es un símbolo de ser una agrupación socialmente responsable. Es menester probar esto respecto al medio ambiente, la comunidad, los empleados, los clientes e inversionistas. Los medios de comunicación locales e internacionales han desempeñado un papel clave en traer a la luz prácticas borrosas y vigilar la actividad empresarial más de cerca que nunca.

- Ponerse en forma
Esto también ha tenido un impacto en la conducta de los directivos y sus compañías. Aun así, el empresariado mexicano sigue siendo hermético comparado con sus contrapartes en países desarrollados. Sin embargo, el cotizar en la Bolsa de Nueva York o en otros mercados lo hace adoptar las mismas reglas internacionales. Aunque hay que recordar que personajes como Ricardo Salinas Pliego no goza de mucha popularidad en Wall Street por su estilo en la toma de decisiones.

- Seguir gestionando las firmas como hace 35 años involucra peligros y pone en riesgo la vida misma de la organización. “Es evidente que en relaciones con el personal y en manejo de empleados está ocurriendo algo que no cuadra con lo que todavía se lee en los libros de administración ni con lo que enseñamos en nuestras escuelas de negocios. No se ajusta tampoco con la manera como debían funcionar, según se diseñaron, la mayoría de los departamentos de recursos humanos en negocios, gobiernos y entidades sin ánimo de lucro”, escribe Peter Drucker en La gerencia en la sociedad futura, de reciente publicación.

- El experto relata que después de la Segunda Guerra Mundial los trabajadores buscaban estabilidad ante todo. Un empleo se consideraba un medio para garantizar equilibrio económico. La satisfacción personal en el desempeño de alguna actividad no era prioritaria. Las grandes corporaciones se lideraban con controles financieros astringentes y férrea disciplina.

- Ahora los empleados y el departamento de personal se han convertido en capital intelectual y recursos humanos respectivamente. El generador de conocimiento no considera el sueldo como el factor clave para permanecer en una compañía. Intangibles como la satisfacción profesional, los retos, el aprendizaje y la independencia han cobrado mayor importancia para las nuevas generaciones. De subalterno que recibe órdenes, el trabajador se ha convertido en asociado que toma iniciativas y riesgos propios.

- Parte de este fenómeno se ha dado por la revolución del conocimiento sustentada por la evolución de la tecnología. Numerosos cazadores de talento se quejan de que muchos profesionales de los más valiosos están optando por abrir su propia empresa. El auge de internet y el advenimiento de las punto com les permitió probar las mieles de la libertad. Esto no quiere decir que haya sido el parteaguas. Como señala Karl Albrecht, la gestión de las firmas en línea emulaba un sanatorio psiquiátrico administrado por los locos. Noción nada alejada de la realidad en vista de los resultados que dio. Este fenómeno fue parte de un largo proceso que nuestra primera portada anticipó: el uso de tecnología para agilizar procesos y eliminar funciones.

- Puras palabras
Drucker arguye que fueron más bien los cambios sociales y demográficos los que han tenido mayor impacto en el estilo de liderar. “Las transformaciones pueden ser más importantes para el éxito o el fracaso de una empresa y sus ejecutivos que los hechos económicos. Desde 1950 hasta finales de la década de 1990, los ejecutivos podían desentenderse de la sociedad, y así lo hicieron, para poder explotar esos cambios como oportunidades para la empresa. Los ejecutivos tendrán que entender las realidades de la sociedad futura y basar en ellas sus políticas y estrategias.” El experto advierte que no hay propuesta que sane todos los achaques que aquejan a las compañías.

- En años recientes se ha puesto de moda decir que el capital intelectual es el principal activo de la organización, premisa que va de acuerdo con el pensamiento de muchos especialistas en el tema. No obstante, la convicción de dar prioridad a la persona ha sido de dientes para fuera. La prueba de tal hipocresía está en los despidos masivos que se han dado en todo el mundo. Cuando los directivos se tienen que apretar el cinturón, lo primero que hacen es sacar la tijera. Al respecto, Drucker señala que “la administración de los trabajadores del conocimiento debe basarse en el supuesto de que la compañía necesita de ellos más de lo que ellos necesitan de la compañía”.

- Si bien es cierto que hay mucho talento rondando las calles en busca de trabajo, también algunos de los más brillantes han perdido la confianza en los grandes consorcios y están encontrando alternativas. Es por esto que la alta gerencia está en crisis y que tiene que cambiar rápidamente. No se ha dado todavía una revolución en la gestión corporativa. La incursión del género femenino en terrenos antes vedados a mujeres, también ha involucrado cambios importantes en la manera de conducir los negocios. Su estilo es más flexible, menos competitivo y se complementa satisfactoriamente con el masculino. Sin embargo, falta mucho por hacer.

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- Sin dar más vueltas, teorías van y vienen, la gestión de las empresas tiene que ver con las relaciones entre personas para lograr un intercambio de bienes o servicios y generar riqueza. No hay mayor misterio. Muchas teorías de management son como el descubrimiento del hilo negro. El éxito de una firma radica en dos palabras: sentido común. Jack Welch, estratega que llevó a la productora de focos General Electric a crecer sostenidamente por décadas, ejemplifica esta noción.

- Cuando se le preguntó el secreto de su éxito respondió sin empacho: “Construimos un equipo que valoraba el intelecto y desempeño humanos. Le dimos voz y dignidad a la gente. No fue difícil.” Cualquiera que se remonte a la edad de piedra se podrá percatar que para cazar a un mamut los hombres se tenían que poner de acuerdo y trabajar en equipo con el fin de poder regresar con la cena para la familia. Las cosas básicas no han cambiado tanto desde la época de Los Picapiedra.

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