Lo que importa acción

Muchas empresas creen que lo más importante son los números operativos. Pero el valor de las accio
Maurizio Guerrero M.

Imagine una compañía con ventas récord, agresivos planes de expansión y en un sector prometedor. ¿Invertiría en ella? Si la respuesta fue un sí inmediato, debería pensarlo dos veces. Puede que esa firma no reporte ninguna utilidad o, si lo hace, es posible que sea menor a la inflación.

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El ejemplo no está sacado de la dimensión desconocida. Es un caso que se repite de manera alarmante en las empresas mexicanas, manejadas a menudo por miembros de una misma familia y poco rigurosas en cuanto a la rendición de cuentas.

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Sin embargo, en una economía globalizada mostrar un aceptable desempeño comercial no es suficiente. Es preciso ser un buen operador financiero y conseguir utilidades netas, la única manera de retener y atraer nuevos inversionistas.

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El problema es que muchas organizaciones nacionales pierden de vista que su misión fundamental es generar dividendos o, en otras palabras, aumentar el valor de los títulos.

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La idea no es enriquecer a los accionistas por encima de cualquier consideración. Se trata de mantenerlos interesados en apoyar un proyecto dentro de un entorno donde las inversiones no tienen nacionalidad y son disputadas por empresas de todo el mundo.

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De su capacidad de generar valor depende, ahora más que nunca, que las firmas del país se mantengan atractivas a las nuevas inversiones. ¿Cuáles serían los pasos a seguir con vistas a tal fin?

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1 Páguele a sus directivos según el desempeño de hoy y mañana
Ligar la compensación de los directivos con el comportamiento accionario de una firma es una de las mejores maneras de garantizar el compromiso del capital humano. Sin embargo, hacerlo con justicia resulta complicado. Las acciones de las empresas públicas son tasadas permanentemente. No obstante, ese valor no siempre refleja lo que sucede. Basta recordar Enron, cuyas acciones sobrevaluadas escondían una organización colapsada. El mal gobierno corporativo es un factor interno que distorsiona el valor de muchas compañías; las guerras, la caída de los mercados bursátiles internacionales o las bajas expectativas de crecimiento mundial son variables que afectan a casi todas.

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Para las organizaciones privadas, ponderar efectivamente el valor de una acción es aún más complejo. El aproximado se logra mediante valuaciones fantasma.

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Por ello, al momento de premiar deben evaluarse otros factores además del valor nominal del papel. “A los vaivenes de los títulos, debe amarrarse  lo que hacen otras empresas del sector, compararse con los líderes”, dice Óscar Carbonell, investigador del IPADE.

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“Para determinar las compensaciones a cada dirección, se deben aislar los factores que afectan el comportamiento de la acción y determinarles un responsable, que ligará sus ingresos con los de la compañía”, señala Daniel Laniado, socio de Deloitte Consulting y miembro del consejo editorial de Expansión.

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Con el fin de evitar que los directivos trabajen sólo para inflar los precios de los títulos y tener réditos en lo inmediato, las compensaciones deben estar vinculadas con el comportamiento de la agrupación a futuro. De ese modo se asegura que una sana administración sustenta el valor financiero de una compañía.

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2 Identifique qué impulsa internamente la generación de valor
Depende de cada empresa. Los indicadores relevantes del sector financiero son radicalmente distintos a los industriales. Pero, en general, los focos corporativos son verdes mientras se incrementan los ingresos, la distribución y quizá la oferta de productos; también si se maneja razonablemente la deuda y el consumo de activos. No obstante, es posible mejorar la operación y el valor accionario de una firma.

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De cada uno de los factores relevantes de cada empresa –por ejemplo, de la rentabilidad por producto– se debe hacer un análisis detallado, una especie de árbol que desglose los elementos que lo afectan. Así se obtienen indicadores (costo de materia prima, distribución o retorno de la inversión publicitaria) que ayudan a entender a detalle el comportamiento de cada producto en el mercado y a mejorar su margen de utilidad.

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La idea es obtener un puñado de datos clave y detectar los posibles problemas. “Se debe hacer una radiografía para identificar los focos rojos y amarillos y, una vez hecho esto, descubrir la raíz del problema. Para ello, es indispensable compararse con los líderes del sector y contra la empresa misma en el pasado”, señala Carbonell.

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Para que los ejecutivos no gasten más tiempo midiendo esos indicadores que haciendo crecer el negocio, la tecnología juega un papel fundamental. “Es posible medir sin tecnología –apunta Laniado, de Deloitte–, pero se pierde más tiempo y dinero. Además, con el fin de maximizar los gastos, es recomendable una visión externa y objetiva. Siempre y cuando se sepa qué indicador específico se puede y debe mejorar, es recomendable recurrir a un consultor experto.”

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3 Alinee la comunicación con un solo objetivo
Si el precio de un acción crece, todos ganan. Los corredores de Bolsa, los administradores de fondos de inversión y los propios accionistas, que presionarán a la junta directiva para que sigan entregando buenos resultados.

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En la base de esa pirámide se encuentra la cultura laboral, la cual debe alinearse con el objetivo último de una empresa: crear valor. Es decir, cada uno de los empleados tiene que comprender exactamente la importancia de su trabajo y cómo afecta los números de la firma. Para ello, no basta con que el departamento de comunicación interna o de recursos humanos elabore trillados programas sobre la misión, los valores y los objetivos corporativos. Es preciso que los directivos de cada área desarrollen sus habilidades comunicativas para motivar al personal a su cargo y, más importante aún, que se note el compromiso del director general con la organización.

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Sin embargo, a fin de que el valor de los títulos continúe su ascenso no es suficiente con que se estimule desde dentro. Especialmente para las corporaciones públicas, la comunicación con los analistas de mercado (que otorgan la calificación a las acciones), es esencial.

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“No basta con entregar a tiempo los reportes financieros a Bolsa. Hay muchos estudios que demuestran que las empresas que mantienen una buena relación con el mercado aumentan el precio de sus títulos más que las otras”, apunta Carbonell.

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Al final, todo es cuestión de unir, comunicando, los distintos engranajes  que hacen que el precio de un título cobre valor. Con ello, aumenta el atractivo de las empresas mexicanas. Y, como consecuencia, la capacidad del país para retener inversionistas.

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