Lorenzo Servitje Sendra <br>(1918) <br>G

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Crear una empresa... Al cabo de los años recordamos con emoción cómo se entremezclaron la ilusión del proyecto, la imaginación del futuro, la búsqueda de acuerdos y la fiebre de la acción, con la fe, la decisión y la incertidumbre. Crear una empresa, extenderla y consolidarla ha sido, para todos los que de un modo u otro hemos estado involucrados en ella, una aventura apasionante”.

Cuando uno habla con este hombre sencillo y austero, cuesta trabajo advertir ese espíritu aventurero que lo ha llevado a crear empresas a lo largo y ancho de toda la geografía mexicana e incluso más allá de las fronteras.

A fines de los 30 y principios de los 40, el mercado panificador mexicano estaba dominado por Pan Ideal. Sin embargo, “ante un servicio que dejaba mucho que desear”, el joven Lorenzo Servitje, junto con su tío Jaime Jorba Sendra —ambos directivos de Pastelería El Molino—, se propusieron crear una fábrica de pan de caja. Así nació Bimbo —participaron también Alfonso �Velasco y Roberto Servitje—, un nombre inspirado en dos palabras: Bambi, el popular venado de Walt �Disney, y Bingo, el famoso juego de lotería. Al mismo tiempo, nació el osito panadero, “representante de ese noble oficio”.

La escritura constitutiva de Panificación Bimbo fue firmada el 4 de julio de 1944, cuando don Lorenzo tenía escasos 27 años. De inmediato, inició la construcción del edificio de la fábrica en la colonia Santa María Insurgentes, en el Distrito Federal. La empresa comenzó a trabajar con 38 empleados, cinco accionistas, cinco productos y 10 vehículos. Actualmente, a 50 años de distancia, Grupo Industrial Bimbo cuenta con cerca de 6,000 accionistas, 150 productos, más de 40,000 colaboradores, media centena de plantas en México, Latinoamérica y Estados Unidos, y cerca de 14,000 vehículos de reparto.

Los objetivos vitales que guiaron y animaron la creación de Bimbo, a decir del propio Servitje, “fueron y lo siguen siendo nuestros productos, nuestros clientes y nuestro personal”. Abunda: “La preocupación por el producto en la empresa es la obsesión de todos los días. La lucha por la calidad y la frescura es una lucha permanente. El cliente es el verdadero jefe de la empresa. Y por lo que se refiere a nuestro personal, siempre hemos insistido que juntos todos, con los inversionistas y jefes, constituimos la empresa. Hemos querido que sea un nudo fecundo de voluntades, que tenga alma y un espíritu fraternal, de concordia y propósitos comunes”.

En 1947, en el mismo terreno de la primera planta, se inauguró la segunda. En 1952 se inauguraron las plantas tres y cuatro en el mismo terreno. En los siguientes años el crecimiento fue tan impresionante que unos empresarios estadounidenses se acercaron con la intención de comprar la empresa, “ofreciendo una buena cantidad”. Pero pudo más el cariño y las ganas de seguir creando: Productos Marinela (en 1957 con el archicélebre �Gansito), Sunbeam (1964), Dulces y Chocolates Ricolino (1971), Suandy (1974), Barcel (1977), Wonder (1986), Tía Rosa (1987), Lonchibón, Paty Lu y la distribución de Sara Lee (1991), Galletas y Pastas Lara (1992), Productos de Leche Coronado (1995), todo ello entre el surgimiento de decenas de plantas de la propia Panificación Bimbo en diversas regiones del país, el ingreso a la Bolsa Mexicana de Valores en 1980 y la apertura de eslabones internacionales, desde 1992 a la fecha, en Chile, Venezuela, El Salvador, Estados Unidos y Argentina.

La filosofía cristiana hecha empresa
Que los buenos negocios no riñen con la responsabilidad social del empresario ha sido probado y comprobado por don Lorenzo en Bimbo.

Modesto y sobrio en todo momento, este contador público de la Universidad Nacional Autónoma de México nunca ha aceptado el protagonismo único del éxito. “El éxito de Bimbo se debe a que quienes lo fundamos lo vimos sobre todo como una obra a crear y no simplemente como un negocio; a que lo hicimos con la mente y el corazón, a que creímos en nuestra gente, en el producto y en el público consumidor”.

Apasionado devoto de la lectura (dicen que su único “vicio” es comprar y leer libros), ha dedicado todos sus esfuerzos a la difusión de la Doctrina Social Cristiana. Talentoso, enérgico y generoso, don Lorenzo es un firme convencido de que la empresa es esencialmente una institución de servicio: “Existe para servir”.

Bajo esta filosofía inspirada en la visión cristiana del hombre, marcada por su profundo respeto hacia la persona, don Lorenzo ha cimentado las relaciones humanas dentro y fuera de Bimbo en valores como la justicia, el respeto, la confianza y el afecto. ¿Cómo puede transformarse así una empresa? Él ha escrito: “Señalándose un altísimo ideal de servicio. Debe ser creadora, eficaz, eficiente, productiva y al propio tiempo debe estar penetrada del más profundo sentido humano. La empresa es para el hombre y no el hombre para la empresa”.

Dueño de una integridad moral que le confiere la autoridad para exigir, don Lorenzo es un hombre de principios, de pocas palabras y de mucha acción. Es justicia, templanza, fortaleza y prudencia, virtudes que en toda su gente se traducen en espíritu de trabajo, veracidad, honradez, vida familiar honesta, rectitud, entereza, compañerismo, ayuda mutua, espíritu de solidaridad, dignidad, ilusión, orgullo de trabajar.

No hay pergaminos, decálogos o manuales de buena conducta que funcionen tan bien como la prédica del ejemplo. Y así lo ha entendido siempre don Lorenzo: “La única manera de alcanzar todo esto es con base en compartir todo: que los trabajadores sean parte real y viva de la empresa junto con inversionistas y directivos; que participen en la gestión, en las utilidades y en la propiedad del capital. Sólo así desarrollarán su iniciativa y su responsabilidad; sólo así trabajarán con alegría y podrán dar lo mejor de sí mismos”.

Casado con doña Carmen Montull, padre de ocho hijos y abuelo de 24 nietos, don Lorenzo ha hecho suyo un lema de Henri Bergson: “Piensa como hombre de acción y obra como hombre de pensamiento”. Y así habla de él Martha Eugenia Hernández, una de sus más cercanas colaboradoras: “Es un hombre prudente y enérgico. Su éxito profesional se debe, ante todo, a ese genuino interés por los demás, a esa inquebrantable fortaleza que lo caracteriza. Es exigente consigo mismo, lo que le da la fuerza moral para exigir a los demás”

Hombre sencillo y austero, pero no por capricho: “La empresa no se puede dar el lujo de cometer excesos que finalmente van a redundar en el precio en perjuicio de los consumidores”. Gardina Soria, secretaria de don Lorenzo de 1965 a 1971, así lo describe: “Una persona maravillosa, única, con un talento impresionante en el plano empresarial, y en lo personal, un cristiano excepcional”.

Mucho más que un hombre de empresa
Sus ideas abarcan campos mucho mayores a los de la propia empresa: “Una institución tan necesaria para la sociedad como lo es la empresa no puede vivir dividida: no puede desgastarse permanentemente en una estéril lucha interna. Hoy la humanidad, para su supervivencia, necesita una reordenación de su vida social, económica y política. Y el único camino que se ve para ello es sustituir la confrontación y la lucha por la colaboración y la solidaridad”.

Sin embargo, no es de extrañar que un hombre de arraigadas convicciones, inquieto por la situación del mundo en general y de México en particular, levante con fuerza la voz cuando sienta que debe hacerlo. Así sucedió en meses pasados, por ejemplo, cuando realizó una dura crítica a la visión gubernamental de los múltiples problemas que aquejan al país.

En el terreno empresarial, Servitje ha participado activamente en organismos de representación: fue vicepresidente de la Cámara Nacional de Comercio de la ciudad de México (1965), vicepresidente del Consejo Coordinador Empresarial (1982-1985), presidente del Consejo �Nacional de la Publicidad (1986-1987; ¿quién no recuerda aquel “Empléate a fondo, empléate a ti mismo”?) y presidente de la Comisión de Estudios Sociales del CCE (1986-1992).

Además, fue presidente de la Unión de Empresarios Católicos, miembro de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos, socio de la Central de Servicios Populares y presidente de la Unión Social de Empresarios Mexicanos. Concibió, formó y fue presidente de la Fundación Mexicana para el Desarrollo Rural, socio fundador del Instituto Mexicano de Estudios Políticos, consejero de Banamex (1974-1982), del Grupo Industrial Trébol y del Banco del Atlántico, así como miembro del consejo directivo del Instituto de las Américas, de La Jolla, California, y de la International Finance Corporation.

De lo que nunca se ha apartado un solo instante, es de la filosofía social cristiana. En donde mejor puede apreciarse su deseo de compartir esta doctrina es precisamente en el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, del cual es socio fundador y, actualmente, su principal patrocinador. Manuel Gómez, director general de esa institución, señala de Servitje: “Desde que era muy joven conoció y leyó mucho a Federico Ozanam, que le inspiró un estilo de vida de gran responsabilidad, compromiso con los demás y la formación de los cristianos. Toda esta preocupación se cristaliza en la doctrina social cristiana: la dimensión social del cristianismo. Da conferencias, participa en mesas redondas, escribe artículos. Don Lorenzo es un hombre austero, muy sencillo y muy humano”.

Muy a tono con esto mismo, participó en el curso de Alta Dirección de Empresas del IPADE, donde fue además maestro de 1971 a 1993. Igualmente, ha fundado varias escuelas primarias y secundarias para niños de escasos recursos.

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El año pasado, don Lorenzo recibió el Premio Eugenio Garza Sada 1995, que otorga el Tec de Monterrey a aquellos empresarios que se han distinguido por sus aportaciones económicas y sociales al país. Unos meses después, los lectores de esta revista, a través de una encuesta, nombraron a Bimbo como “La empresa más admirada de México”.

El legado de este hombre de México es difícil de cuantificar. Lo que sin duda ha logrado con mayor profundidad es su meta original al fundar Bimbo: “Que esta empresa sea altamente productiva y plenamente humana”.

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