Los avances, ¿un riesgo?

Los avances del programa de ajuste no bastan. Hay que lograr nuevos equilibrios económicos, seguir
Alejandro Castillo

En los últimos días, las autoridades han destacado los avances logrados en el programa de ajuste. Son indudables... lo mismo que sus efectos sobre la economía real.

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Méritos... Poco a poco se han concretado los objetivos del programa ajuste puesto en marcha en los días que siguieron a la devaluación. La inflación mensual pasó de una tasa máxima de 8% en abril, a una de 4.18% en mayo y 3.17% en junio, con un clara tendencia a la baja para los siguientes meses.

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Ese comportamiento de los precios ha propiciado una sensible caída e las tasas de interés, de niveles anuales superiores a 80% a principios de año, a rendimientos inferiores a 50% en las últimas subastas.

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A su vez, las cifras de la balanza comercial dan cuenta de un superávit creciente de México con el exterior. Sólo en mayo, el superávit fue de $866 millones de dólares. En los primeros cinco meses, el superávit acumulado fue de $2,206 millones de dólares, cifra que contrasta con el déficit de $7,227 millones de dólares que se observó en el mismo periodo de 1994.

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Además, se mantiene el apoyo comprometido por el gobierno de Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Los recursos ofrecidos han llegado puntualmente: $12,500 millones del gobierno de Clinton y $9,100 millones del FMI.

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En esas circunstancias, no se han registrado problemas en el pago oportuno de los Tesobonos y ya se dispone de recursos para cubrir los que vencen en los meses venideros. Además, no se advierten presiones fuertes sobre el tipo de cambio y a finales de junio las operaciones de la bolsa registraron un repunte que la llevó a superar en términos nominales al índice de precios con que cerró e 1994.

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.... que no lo son tanto. Sin embargo, sería un error suponer que la crisis ya se superó. Las operaciones cotidianas en hogares y empresas demuestran una realidad muy distinta.

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De acuerdo con la Secretaría de Hacienda, en el primer cuatrimestre, la actividad industrial cayó 4% y la industria manufacturera en particular se contrajo 3.5%. Estimaciones del semanario Tendencias Económicas y Financieras apuntan que en relación con el comportamiento observado en el segundo trimestre de 1994, el PIB durante abril-junio sufrió un desplome de 7.4%, la caída más fuerte de la historia reciente de México.

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A su vez, cifras de la encuesta mensual sobre establecimientos comerciales, que lleva a cabo INEGI, señalan que en abril las ventas al menudeo fueron inferiores en 32.7% a las realizadas en abril de 1994, en tanto que las ventas al mayoreo reportaron una reducción de 25.7%. Con esos registros, en el primer cuatrimestre, las ventas al menudeo acumularon una baja de 19.3%, en tanto que al mayoreo fue de 4.7%.

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Esas cifras son un reflejo de la situación que vive la economía real. Desafortunadamente, los niveles de operación de los negocios sugieren que la situación de deterioro económico todavía se prolongará más tiempo. El nivel de endeudamiento de las empresas inhibe todo propósito de inversión, excepto aquella que tiene garantizada su colocación en el exterior.

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Además, algunos indicadores que parecen positivos no obedecen tanto a los avances del programa, sino a una modificación del entorno mundial, que cada vez parece más volátil.

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Uno de los indicadores que mejor muestra esta situación es la bolsa de valores. Hay empresas mexicanas que exportan un alto porcentaje de sus ventas y otras que han realizado operaciones interesantes, como la alianza Telmex-Televisa, las cuales podrían ser un atractivo instrumento de inversión, sobre todo si se considera que las acciones de algunas de ellas se encuentran muy deprimidas. Sin embargo, es muy importante aclarar que la evolución de la bolsa ha estado más ligada a los incrementos récord observados en el mercado de Nueva York, que a la perspectiva de obtener utilidades en las emisoras mexicanas.

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Otro factor que contribuyó favorablemente a modificar las expectativas fue la decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) de reducir las tasas de interés, con el propósito de estimular a la economía estadounidense, modificando una tendencia de tasas al alza. Cabe señalar que esta decisión llega después de que desde finales de 1993 la Fed había aplicado aumentos a sus tasas para desacelerar la economía del vecino país. Ahora, una vez alcanzado su objetivo, ha comenzado a reducir el costo del dinero, para evitar que la desaceleración se transforme en una recesión. Así como la decisión de la Fed de aumentar sus tasas dañó a México, todo indica que la decisión de reducirlas podría beneficiar la estrategia del gobierno zedillista.

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Urgencia de nuevos equilibrios. Como se ha señalado en otras ocasiones, hasta el momento los avances del programa de ajuste no tienen mayor ciencia. En cambio, sí requiere imaginación, inteligencia y voluntad democrática, establecer las líneas de acción que permitan aterrizar en nuevos equilibrios económicos, dar permanencia a los esfuerzos por aumentar la competitividad con participación de la sociedad y cerrar todos los caminos para la desviación de recursos.

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La combinación de los instrumentos económicos puede hacerse con diferentes objetivos. Por ejemplo, hasta ahora ninguna estrategia se ha puesto como meta el alcanzar la inactividad total, aunque se dan casos de obsesión antiinflacionario. Por otra parte, la experiencia de los 70 indica que tampoco es recomendable acelerar la economía artificial mente, y el fracaso del safinismo apunta la necesidad de evitar que el ahorro externo se convierta en determinante.

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Tomando en cuenta esas consideraciones y las líneas establecidas en el Plan Nacional de Desarrollo, se puede afirmar que los nuevos equilibrios se basarán en el nivel que se determine para el tipo de cambio real; éste deberá responder a varias preguntas. ¿Cuál será la ventaja que otorgue a las empresas exportadoras que se instalen en México? ¿Cuál será la velocidad en la que se integren nuevas actividades y empresas a la exportación y, por consiguiente, que participen en la generación de empleos? ¿Cuál será el nivel de protección que proporcione a las empresas que atiendan al mercado nacional? Y, por supuesto, ¿cuál es el nivel de inflación que podría propiciar y cómo se combatirá mediante integración y productividad?

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El cálculo del tipo de cambio de equilibrio a partir de los precios al consumidor y el avance que han logrado las exportaciones no petroleras, que en los primeros cinco meses crecieron 34.7%, ha llevado a suponer que el porcentaje de subvaluación es el adecuado, o hay quien opina que es excesivo. Como consecuencia, se considera que el tipo de cambio podría cerrar el año en no más de N$6.30 nuevos pesos por dólar. A eso se podría añadir que si la Fed decide nuevas reducciones de tasas, seguramente habrá nuevos flujos de capital especulativo y entonces habrá quien aspire a revaluar al peso.

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Eso podría crear un nuevo espejismo que impida a un país que requiere resolver necesidades de más de 80 millones de habitantes, la definición de un tipo de cambio adecuado a la captación de inversión productiva y la generación de empleos en México.

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