Los bemoles del maíz

A pesar de su importancia para el país, producir y comercializar este grano representa una maraña
Juan Danell Sánchez

Por su importancia en la cadena productiva de la industria alimentaria nacional, el maíz es un cultivo estratégico para México. De este grano depende la producción de alimentos básicos de consumo generalizado, como tortilla, leche, huevo y carnes (pollo, cerdo y res), además de que se utiliza en por lo menos 3,000 procesos industriales, entre los que destacan la obtención de alta fructosa (endulzante que sustituye al azúcar), almidón y fécula (que se utiliza en la elaboración de todo tipo de margarinas, embutidos y conservas).

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Sin embargo, a pesar de dicha importancia, México ha sido desde siempre deficitario en la producción de ese grano. Su cultivo y comercialización presentan grandes distorsiones, que hacen de esta actividad una maraña compleja de políticas financieras y productivas que a fin de cuentas no han podido superar los profundos rezagos sociales y económicos de ese sector.

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Mientras 95% de los 1’800,000 productores de maíz que existen en el país tienen problemas económicos por los altos costos de producción y los bajos precios del grano que rigen en el mercado nacional, las empresas que industrializan este cereal reportan utilidades importantes y un ritmo de constante crecimiento, superior al 15% anual.

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Producir una tonelada de maíz, en promedio, tiene un costo de $2,000 pesos, mientras que el precio de mercado de este grano es de $1,360 pesos. Para equilibrar el precio con el costo, y evitar que se deteriore aún más el ingreso de los productores, el gobierno federal otorga un subsidio por hectárea a través del Procampo, de $626 pesos, y otros apoyos mediante la Alianza para el Campo, como son los programas de kilo por kilo, ferti irrigación y mecanización, según informa Andrés Casco Flores, subsecretario de Planeación de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural (Sagar).

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Sin embargo, esos subsidios son insuficientes por dos razones fundamentales: una, porque son por hectárea y no por producción, lo cual no estimula la productividad y la otra, porque no cubre ni 50% del costo, lo que permitiría al productor obtener alguna utilidad.

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Aquí cabe señalar que existe un fragmento de menos de 100,000 productores, cuyos costos de producción son menores por la alta tecnología que utilizan en sus cultivos, que les permite rendimientos de hasta 20 toneladas por hectárea, y siembran más de 50 hectáreas cada uno. Esto sucede fundamentalmente en los estados de Sinaloa, Sonora, Chihuahua y Jalisco.

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México necesita una producción de 25 millones de toneladas de maíz al año para abastecer su mercado; de éstas, ocho millones son para la producción de tortilla, 13 millones para el sector pecuario y el resto para la industria almidonera y de alta fructosa. No obstante, en 1997, a pesar de que se obtuvo una cosecha récord de 18.5 millones de toneladas de maíz, no se alcanzó a cubrir las necesidades. Al contrario: se registró un déficit de 6.5 millones de toneladas, mismas que se tendrán que importar.

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Por otra parte, de los ocho millones de toneladas de maíz que se destinan para la producción de tortilla, cinco millones abastecen a la industria de la masa y harina de maíz y los tres restantes corresponden a producción de autoconsumo, es decir, no entran al mercado, sino que es consumido por los propios productores.

- -LOS SUBSIDIOS
- El mercado está bien definido; sin embargo, presenta grandes problemas por la forma en que se comercializa el maíz. De los cinco millones de toneladas de grano que consumen las industrias nixtamalera y harinera, 4.8 millones están subsidiadas por el gobierno federal con un monto superior a $6,000 millones de pesos y con la finalidad de mantener accesible el precio de la tortilla para los consumidores, hoy a $2.20 pesos el kilogramo.
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Dicho subsidio equivale a casi 70% del valor de mercado del maíz, esto es, alrededor de $950 pesos tonelada, mientras que a los industriales de la masa y harina para tortillas les cuesta $480 pesos, según datos de los productores de tortilla.

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Este subsidio, que se estableció en 1972 por el gobierno, fue modificado en 1996 y entró en vigor el 1º de abril de ese año, mediante un decreto presidencial en el cual se establece que la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (Conasupo) continuará vendiendo maíz a precios de descuento a los industriales del sector, de tal manera que tanto los productores de masa, como los de harina de maíz, tendrán la opción de comprar el grano a la paraestatal o bien en el mercado a un precio más alto, y obtener quincenalmente de este organismo el reembolso de la diferencia, respecto al precio subsidiado.

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De acuerdo con el decreto, el monto del subsidio se determina con base en el precio de indiferencia, el cual considera al maíz amarillo de importación de Estados Unidos, más los costos de fletes, almacenaje, manejo y demás gastos relacionados con la transportación del grano a las zonas de consumo.

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El propósito del manejo del precio de indiferencia es para permitir que los productores de masa y harina de maíz puedan comprar el grano indistintamente en el mercado nacional o en los mercados internacionales. El decreto también estableció un sistema de cuotas con techos que limita los montos mensuales de maíz o de harina a los productores de tortilla subsidiada.

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José Abel Castellano, dirigente de los productores de maíz de la Confederación Nacional de Propietarios Rurales (CNPR), dice que estas políticas han beneficiado sólo a los industriales de la harina de maíz, toda vez que sólo existen tres empresas para satisfacer las necesidades de este producto que cada día gana más terreno en el mercado de la tortilla, desplazando a la masa de maíz nixtamalizado.

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En este sentido, información de la Cámara Nacional de la Industria de Producción de Masa y Tortilla (CNIPMT) afirma que la Conasupo está allanando el camino para que las empresas que producen harina del grano monopolicen el mercado, pues en el último año les ha reducido las cuotas de maíz subsidiado para nixtamal y este lo ha sustituido por harina, que también les es racionada a los productores de tortilla.

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El recorte más reciente del que informa la CNIPMT en la dotación del grano disminuyó el abasto mensual de 185,000 a 165,000 toneladas, lo cual ha obligado a cerrar a un buen número de tortillerías en todo el país, puesto que para mantener el precio oficial de la tortilla necesitan el grano subsidiado.

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En cuanto a las empresas productoras de harina de maíz, la más grande es Maseca (78% del mercado nacional), seguida por Minsa (15%) y Agroinsa (7%), según información del primer grupo. De acuerdo con el informe más reciente de Maseca, su volumen de producción es superior a los 2.2 millones de toneladas anuales de harina de maíz y es la principal abastecedora de este producto para las tortillerías del país.

- -EL CLUB DEL MAÍZ
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Como una de sus estrategias más importantes para asegurar el abasto de maíz y evitar los problemas que traen consigo los altibajos en la producción nacional del grano, Maseca creó El Club del Maíz.
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Arturo Espinosa, director de este proyecto, explica que en tres años de operación los resultados han sido extraordinarios. “En la medida en que nos dimos cuenta, hace ya casi cuatro años, de que los productores no podían producir por falta de créditos –porque los bancos cancelaron los créditos al campo por la cartera vencida que tienen acumulada–, Grupo Maseca se dio a la tarea de crear una estrategia que le permitiera acercarse a los productores de maíz y entablar una relación comercial directa.”

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El primer paso fue encontrar un mecanismo mediante el cual se pudiera llevar crédito al campo. Eso es El Club del Maíz. “Lo que hicimos fue pedirle a los productores que ellos aportaran su trabajo lo que significa 32% del crédito. Después le pedimos a las compañías que venden insumos al campo que vendieran a los productores a crédito –pagadero a la cosecha–. Y también negociamos los seguros para otorgar nuevos planes para garantizar la inversión y la cosecha. Al final, nosotros garantizamos la compra de las cosechas, es decir, se integraron todos los elementos y actores que intervienen en la producción.” Todo este plan es apoyado con las investigaciones del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), dependiente de la Sagar, para elevar los rendimientos mediante el empleo de mejores tecnologías.

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El Club del Maíz empezó a trabajar en el ciclo agrícola primavera-verano de 1995, con una superficie de 8,000 hectáreas. Para 1998 tiene proyectado cultivar 195,000 hectáreas. Inició operaciones con 710 productores; para el presente año serán 25,000. La producción inicial fue de 31,000 toneladas de maíz; este año esperan cosechar 890,000. Cifras increíbles.

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Y la parte medular de esta organización es que ha logrado elevar los rendimientos por hectárea: hay lugares donde se obtenían dos toneladas por hectárea y hoy se cosechan hasta 5.5, si bien el rendimiento promedió pasó de 3.87 a 4.56.

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De continuar esta dinámica, en el mediano plazo se podrá reducir la superficie sembrada con maíz de nueve a cinco millones de hectáreas a escala nacional y elevar la producción a niveles que permitirían dejar de importar este grano. Inclusive, el país podría ser un exportador competitivo.

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Por otra parte, la Cámara Nacional del Maíz Industrializado (CNMI) precisa que del maíz se obtienen productos en otro tiempo inimaginables: ethanol (un combustible), aditivos, pegamentos de uso doméstico e industrial y medicamentos. Baste decir que 80% de los comprimidos –como aspirinas– es almidón de maíz. Además, es la base para las industrias papelera y textil, porque el almidón de maíz se utiliza en los procesos de refinación de estas mercancías, para darles una mejor calidad. En Estados Unidos, de las 240 millones de toneladas que se producen de maíz anualmente, 19% se destina a la producción de plásticos y combustibles.

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A esto se suma que la obtención de fructosa de maíz le compite cada vez con más fuerza el mercado a la caña de azúcar en la elaboración de dulces y refrescos, ya que estas empresas prefieren el endulzante del grano por su pureza de color y sabor.

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El maíz que se destina al sector pecuario es la base fundamental para las producción de alimentos balanceados para ganado, lo que se traduce en la obtención de carnes, huevo y leche. Sin este grano, sencillamente no se podrían desarrollar las empresas de esta rama, ya que por sus características nutricionales permite acortar los tiempos de engorda de reses, cerdos y aves, además de que eleva los rendimientos en la obtención de huevo y leche.

- -LAS DISTORSIONES
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Casco, de la Sagar, explica una de las grandes distorsiones que existen en la producción de maíz: “Mientras la demanda de la industria almidonera, la de la fructosa y la del sector pecuario –que representa más de dos tercios del consumo nacional– es de maíz amarillo, porque sus características permiten un mejor aprovechamiento en esos procesos, en México se produce fundamentalmente maíz blanco, que es el que se utiliza en la producción de tortilla, de tal suerte que las cosechas de grano amarillo representan 2% del total nacional.”
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Esta es una de las principales razones de que se importe maíz amarillo. De hecho, la industria del almidón compra en el mercado internacional el total del maíz que consume, lo cual le evita problemas de abasto, puesto que generalmente existe una buena oferta de grano a un menor precio que en México.

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Entre las principales causas que, sobre esta situación, cita el funcionario de la Sagar, destaca la insignificante producción de semilla mejorada, que por sus características genéticas es más productiva y resistente a las enfermedades y plagas que atacan a este cultivo. Durante 1997 se distribuyeron a través del programa kilo por kilo de la Alianza para el Campo poco más de 9,000 toneladas, cuando los requerimientos son superiores a 500,000 toneladas.

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“Aquí hay un vacío de la industria que provee de semilla mejorada a los productores pecuarios e industriales”, dice Casco y subraya que cada día tiene mayor demanda el maíz amarillo en el país.

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Esta situación se presenta pese a que México fue uno de los pioneros a escala mundial en las producción de semilla mejorada. Y así lo demuestra la fundación del Centro de Investigación para el Mejoramiento del Maíz y el Trigo (CIMMyT) durante el gobierno del presidente Adolfo López Mateos y de la Universidad Autónoma de Chapingo, dedicados especialmente a la investigación agronómica para impulsar el desarrollo del campo con la incorporación de nuevas tecnologías y mejores insumos.

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Para José Abel Castellanos, el gran problema de la producción de maíz en México es que cuando se va a cultivar existen muchos compradores de insumos y pocos productores de éstos, y cuando se va a vender hay muchos vendedores y pocos compradores del grano. Eso desequilibra totalmente a esta rama productiva.

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