Los BRIC enseñan fuerza en el mapa depor

Los países emergentes también brillan en los deportes, y no sólo por destacar en distintas disciplinas, sino por el negocio que se viene.
Luis Miguel González

El deporte es pasión y negocio, pero también la expresión de megatendencias económicas. Los patrocinios y la publicidad deportiva constituyen un mercado global que vale alrededor de 60,000 millones de dólares (MDD) al año. A nadie sorprende que 80% del negocio se concentre en Europa, Estados Unidos y Japón, ¿por qué habría de sorprendernos que en este terreno los BRIC (Brasil, Rusia, India y China) estén moviéndose para redefinir el statu quo, empezando a cambiar las migajas del pastel por las rebanadas?

No es una casualidad que China haya organizado unas olimpiadas en 2008. Tampoco lo es que Brasil y Rusia hayan ganado la sede de los campeonatos mundiales de futbol para 2014 y 2018. En la puja por organizar las principales competiciones deportivas del mundo, los BRIC están llevando al terreno deportivo una redefinición del mapamundi que ya se nota en la geopolítica y en los negocios globales. El deporte es parte fundamental de ese soft power que define Joseph Nye: "Una forma de influencia que es blanda, fluida y flexible".

Más allá del sudor, hay una épica con sus propios héroes y heroínas, en la que Brasil, Rusia, India y China empiezan a contar las historias a su modo. Lo más importante, haciendo sonar sus propias cajas registradoras. El deporte es uno de los grandes negocios del siglo XXI y los BRIC expresan ahí sus ganas de ser protagonistas.

Las ligas de futbol de Brasil y Rusia retan a Europa para atraer o retener talento. Las cifras de audiencia y el valor de los contratos ya están al nivel de casi cualquier club de Europa occidental. El gasto en nuevos jugadores de futbol de Brasil creció 63% en 2010, mientras que en Europa cayó 29% en el mismo periodo, de acuerdo con Prime Time Sport, una agencia de marketing deportivo. Las compras multimillonarias ya son parte del nuevo guión. El São Paulo ofreció al Manchester City, 56 MDD por el argentino Carlos Tevez. El Spartak de Moscú y el Zenith de San Petersburgo son dos nuevos protagonistas en el mapa económico del futbol mundial. Sus presupuestos anuales superan los 100 millones de euros (MDE) al año y expresan una compleja realidad: vanidad de los oligarcas; estrategias de mercadotecnia de grandes corporaciones, como Gazprom, y un neonacionalismo que persigue el prestigio deportivo internacional de una forma sólo comparable a los tiempos de la urss.

India no juega soccer. Su pasión está en el cricket. En ese deporte son el principal mercado mundial, muy por encima de Inglaterra y Australia. La liga india de cricket vale más de 2,000 MDD, según Forbes.

Los superestrellas, como Mahendra Singh, ganan decenas de veces más que el primer ministro Manmohan Singh. Su contrato vale más de 5 MDD por año. China es otra historia. Está llamado a ser uno de los tres principales mercados para el negocio del deporte en el mundo, aunque ahora representa apenas 5% del total mundial.

Los héroes empiezan a emerger. El basquetbolista Yao Ming ha generado un boom del baloncesto desde su debut hace 10 años en la NBA. La tenista Na Li fue observada por 300 millones de personas mientras ganaba el Roland Garros en junio pasado. Las cifras de ventas de calzado y ropa deportiva superan los 7,000 MDD anuales y crece 15% anual, según NPG Group. Soft power, dice Joseph Nye. El politólogo de Harvard piensa en una geopolítica que aprovecha el deporte, la cultura y los espectáculos.

No hay generación espontánea. El deporte necesita su propio ecosistema: un conjunto de profesionales que entiendan la mercadotecnia y las finanzas del deporte; héroes y heroínas, pero sobre todo, un sistema de televisión con capacidad para transmitir la historia a escala global. La NBA, la NFL y la Liga Premier del futbol inglés son ejemplos de ello. Más de uno de ustedes, lectores, estará pensando, por qué México no ha dado el salto si tiene casi todo: héroes como Paola Espinosa, Lorena Ochoa, Sergio Pérez y el Chicharito, televisoras y profesionales de las finanzas y la mercadotecnia. No hay respuesta fácil: seguimos con la duda, ¿cuál es la pieza que nos falta para convertir nuestro potencial en realidad?

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El autor es director editorial del periódico El Economista.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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