Los buenos planes

¿Que faltan programas de gobierno? ¡Si de eso están llenos los archivos! Se requieren proyectos r

En unas semanas comenzará a escucharse que 2002 fue otro mal año. Y enseguida se añadirá que sería mejor no abrigar grandes esperanzas respecto de 2003. Que si acaso, la mejoría la veremos en 2004, todo depende de lo que haga el vecino país del norte.

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Los temas de fin de año serán los mismos de siempre, aunque sería saludable que se les diera una interpretación distinta. Que se rompiera con mitos tomados como expresiones de un destino inamovible. Se ha dicho por décadas que el origen de muchos de nuestros problemas es la falta de planes integrales y de largo plazo. Pero de eso están llenos los grises archivos del gobierno: de proyectos hechos en administraciones pasadas. La intención de privatizar la energía eléctrica, la de actualizar la infraestructura de comunicaciones y hasta los polémicos segundos pisos a los capitalinos Viaducto y Periférico tienen años de antigüedad. Un ejemplo vivo es el aeropuerto de la ciudad de México, que en muy poco tiempo volverá a ser desempolvado y discutido en plaza pública como tema de candente actualidad.

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Suele decirse que el dilema de fondo es la carencia de dinero para ejecutar los planes, mientras las autoridades fiscales dejan ir millones de pesos en impuestos por no contar con un modelo de recaudación eficiente. ¿No hay dinero o lo que falta es creatividad para capitalizar las jugosas remesas procedentes, a pesar del manido septiembre 11, de las nóminas de millones de connacionales que radican y trabajan en Estados Unidos? Se ha acusado a los mexicanos de carecer del hábito del ahorro, y recientemente se llegó a la conclusión de que sería mejor que una porción de los fondos captados por las Afore se invirtiera fuera del país, para mayor seguridad y rendimiento de los ahorradores. Eso quiere decir que México puede hasta convertirse en exportador de capital.

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Un proyecto que no se quedó en los archivos fue el elaborado por Gastón Azcárraga Andrade y su equipo a principios de los años 90, para convertir a Grupo Posadas en la mayor cadena hotelera del país. Ahora llevan su propósito más allá, con la meta de transformarlo en una compañía  latinoamericana. La diferencia es que supieron traducir el plan en un  programa de trabajo, desde definir sus mercados y construir marcas hasta cuidar la operación día con día y con cada huésped. Su negocio es el turismo, uno de los más afectados por el ambiente de zozobra posterior a los ataques terroristas, y su presencia es latinoamericana, la región que padece la crisis del momento. En otras palabras, la corporación tendría razones de sobra para repetir la cantaleta –todo es culpa de septiembre 11 y de la recesión económica– con que se acompañarán los villancicos esta navidad. Pero no lo hará. ¿Cuántas otras firmas están dispuestas a actuar así?

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Claro, el plan continental de Posadas todavía tiene que demostrar que es sólido y capaz de  cosechar frutos en rentabilidad. Pero por lo pronto la firma ha decidido no permanecer inmóvil.

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–Los editores

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