Los conspiradores

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Ricardo Medina Macías

El ocio parece no tener límites. Hay quienes gastan sus ocios en ¡leer libros impresos! y hasta en actividades tan insidiosas como reflexionar sobre asuntos inútiles.

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Tal es el caso de Clotilde. Ahora le ha dado por estudiar el fenómeno de las conspiraciones o, mejor aún, y para decirlo con sus propias palabras, por estudiar “el ánimo conspirativo y conspirador de los mexicanos”. Como buenos latinos —dice Clotilde—, los mexicanos vemos conspiradores detrás de cada arbusto y solemos recrear conspiraciones con la misma facilidad con que otros diseñan transiciones a la democracia o crían gansos en sus jardines.

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La razón de este talante para imaginar conspiraciones y descubrir conspiradores, explica la amable Clo, son las largas sobremesas..., especialmente cuando van acompañadas de generosos “digestivos” alcohólicos.

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Llegada a este punto, Clotilde hace un paréntesis y auxiliada del diccionario define: Conspirar es “unirse contra alguien o contra algo” (como cuando decimos: -el Presidente y su gabinete conspiran contra la sensatez ), o también “concurrir a una cosa” (todo conspira para nuestra desgracia , por ejemplo, o -¿vamos a conspirar fútbol?, que se dice cuando una selección mexicana de ese deporte salta a la cancha en la famosa formación -todos en bola, razón por la cual Clotilde asegura que debe decirse jugaron conspirados, no inspirados).

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Sigue el paréntesis de Clotilde... Por su parte, conspiración se define como “acuerdo de voluntades para cometer un delito” (por ejemplo -Aburto conspiró en solitario ) y conspirativo es “lo relativo a una conspiración” -(digamos Peralta le dio a Raúl $50 millones de dólares con ánimo conspirativo: “hermano del alma, ahí te encargo que me busques alguna oportunidad de inversión” ).

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Terminado el paréntesis de las definiciones, Clotilde emprende el capítulo descriptivo de la génesis de una conspiración oficinesca que empieza con: ...y entonces yo te llamo enfrente de todos: “Romualdo ven a mi oficina”; vas a ver cómo todos se ponen a temblar .

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Y termina con: ...¿ya supiste que pescaron a Romualdo conspirando contra el jefe?, tan candoroso que se veía...

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Aún más elaboradas que estas conspiraciones son las que suelen recrearse en las sobremesas.

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—En un par de meses el licenciado Fulanez va estar en la cárcel...
-— ¿Cómo lo sabes?
-— Todo era cosa de atar cabos. Resulta que Fulanez cuando era niño solía pasar sus vacaciones en el rancho que tenían en Zacatito unos tíos suyos. Zacatito está adelante de Pachuca, Hidalgo. Y ¿que creen?, ¿quién era gobernador de Hidalgo en esa época?... Nada menos que el tuerto Manjarrez, el que más tarde fue cónsul en Los Angeles; acuérdense que ahora ahí vive la familia de -Aburto...
-— Ya había oído esa versión —interviene otro comensal—, pero lo peor no es eso, sino que en el rancho de los abuelos de Fulanez (porque a mí me dijeron que el rancho era de sus abuelos, no de sus tíos), cultivaban tunas y... ¡por favor muchachos, ni una palabra de todo esto porque las paredes oyen!.. gente de la campaña de Luis Donaldo Colosio me ha asegurado que éste detestaba las tunas y planeaba, al llegar a la Presidencia, prohibir su cultivo...
-— No. Están muy mal informados. La cosa no estuvo así. Nada más espérense tantito a que se aleje el mesero y les cuento cómo está el asunto. El concuño de Fulanez era policía judicial en Mocorito y lo tenían comprado los narcos. Por ahí de 1989 se desapareció un cargamento con media tonelada de cocaína que era de unos colombianos, culparon al concuño de Fulanez y éste, para evitar que lo mataran los pistoleros del cártel de Cali, huyó a Sudáfrica. Ahí conoció a Winnie Mandela, quien lo conectó con unos cubanos que habían peleado en Angola y hacían tratos con los traficantes de hachís de Bombay a cambio de armas de alto poder. Para entonces, este cuate ya era un magnate porque había hecho un dineral comerciando con diamantes robados de las minas de Kimberly. Por esas mismas fechas fue cuando se lanzó Fulanez como candidato a regidor en no sé qué pueblo de Tabasco y dicen que su ex concuño (porque Fulanez ya para entonces se había divorciado) le patrocinó la campaña.
-— ¿Y?
-— Cómo que ¿y?, si está clarísimo. La gente de Colosio se enteró, a través de sus contactos con Nelson Mandela, de las hazañas del ex concuño de Fulanez en áfrica y Asia. Alguien del equipo de Colosio le dio el pitazo a Fulanez y éste asustado armó toda la conspiración para el asesinato.
-— ¡Ah!

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El autor es periodista y director editorial del diario -El Economista.

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