Los diamantes son rosados

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Diana Anabell Mendoza G.

Podría pensarse que la frase "un diamante es para -siempre" es una simple estrategia publicitaria. La joya simboliza el compromiso del matrimonio "hasta que la muerte los separe" y garantía de amor eterno.

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Pero no. Aunque el amor es efímero y el matrimonio finito, el diamante sí es para siempre. Existirá mientras la tierra no sea destruida. Nació con ella hace 150 millones de años, como parte de su masa incandescente. Temperaturas de 2,000 grados centígrados cristalizaron sus perfectas estructuras de carbón y surgió a la superficie con erupciones volcánicas.

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En el Museo del Diamante de la calle Hovenir, en Amberes, se cuenta que la piedra producía ya una seducción irresistible entre los antiguos griegos y que para los romanos era un talismán de buena suerte. En aquellos tiempos, y hasta entrada la Edad Media, el diamante se usaba en bruto. Atraía por su dureza, cualidad que le dio su nombre en Grecia: -adamas (invencible).

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Fue hasta el siglo XVI cuando el valor del diamante lo constituyó su transparencia y s estructura química perfecta. En aquella época, en el puerto de Brujas, se inició su tallado para resaltar las propiedades de reflexión y refracción de la luz. Desde entonces, los belgas conservan la supremacía del comercio y labrado de diamantes. Con el anegamiento del puerto de Brujas, esta actividad se trasladó a Amberes, el máximo centro diamantífero del mundo.

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Peter Grabowsky, jefe del Departamento de Certificados del Consejo Superior del Diamante (CSD) de este puerto, explica que bajo el microscopio se califica la claridad de un diamante: el grado de pureza de su estructura interior. Entre el "blanco excepcional superior" y el "matizado", un diamante transparente puede tener 10 tonalidades diferentes. De acuerdo al pulido, puede tener un número diferente de caras o facetas. Un corte de brillante clásico tiene 57 caras y descompone la luz en más de 1,000 haces luminosos de colores. El kilate, su medida de peso, equivale a 205 miligramos.

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Hay hombres que aún se imaginan perfectos al poder comprar esta joya. Sin embargo, la era del diamante transparente parece haber llegado a su fin. Ahora, los diamantes más cotizados son rosas, azules y rojos. En su imperfección, los seres humanos buscan ser la excepción de la excepción.

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En el laboratorio de investigación del Depar­tamento de Certificados del -CSD, el profesor Jean Van Royen muestra, amplificada bajo el microscopio, la imperfección estructural de un diamante rosado, cuyas uniones atómicas se encuentran desfasadas. "Estas piedras han sufrido alteraciones estructurales debidas a presiones y temperaturas muy elevadas, ocurridas bajo condiciones naturales. Es decir, sin que intervenga la mano del hombre. Son, sin embargo, casos excepcionales de la naturaleza. De ahí su valor", explica.

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El CSD revela que apenas poco más de 500 diamantes rosados han sido extraídos y vendidos en los últimos 10 años en todo el planeta. Irónicamente, los ahora nuevos tesoros, antes eran desechados o utilizados en la industria.

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Los diamantes de color son lo de hoy. En las calles del centro de Amberes dos de cada tres comercios que venden joyería de diamante, los presentan en sus aparadores como un imán para quienes buscan "distinción, exquisitez y exclusividad". En la mina de Argyle, en Australia, se realiza año con año una subasta de diamantes rosados, que alcanzan precios de hasta $500,000 dólares por kilate.

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Recientemente, el CSD inició también la certificación de diamantes de color El centro recomienda no comprar una gema de este tipo sin el documento correspondiente, ya que en el mercado existen diversas piedras cuyo color ha sido alterado artificialmente. La diferencia de precio entre un diamante de color natural y uno inducido es de más de 10 veces.

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Grabowsky asegura que cada diamante, transparente o de color, es único e irrepetible. El departamento a su cargo certifica cotidianamente la calidad y originalidad de miles de ellos, mediante la expedición de un documento, escrito o en microfilm, que define las propiedades específicas de cada piedra. "Es corno si fuera un pedigree", afirma.

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La devoción de la humanidad por el diamante hace que se produzcan cada año casi 100 millones de kilates de diamantes en bruto. De estos, sólo la mitad alcanzan calidad de gema, al reunir las cuatro letras C (por el nombre en inglés de las propiedades inherentes a todo diamante de valor): -carat (kilataje o peso), clarity (claridad), color (color) y -cut (pulido o talla).

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El valor del diamante trasciende el valor económico. Es su carácter mítico el que lo convierte en un regalo en verdad eterno. Por desgracia, el amor no está hecho de carbón.

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