Los empresarios también lloran

Altos ejecutivos sufren depresiones, estrés, adicciones y ataques de ansiedad, entre otros trastorn
Yolanda Ruiz

John Baxter era vicepresidente de Enron y una de las figuras centrales en la investigación por la suspensión de pagos de la empresa tejana. Su nombre estaba en 40 denuncias. No pudo resistir todo lo que se le venía encima y optó por el suicidio. Es un fin de película para esta sorpresiva quiebra, que deja una evidencia: las presiones a que se ven sometidos los altos directivos de empresa siempre pasan factura, acentuada en este caso por las agravantes del tamaño del gigante energético estadounidense.

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Este es un caso extremo de trastorno emocional en directivos top; Rosalba Bueno, presidenta de la Sociedad Psicoanalítica y de Psicoterapia de México, interpreta el proceso interno por el cual se llega a él: “Si me enfrento a situaciones donde mi ética profesional está siendo comprometida voy a tener un conflicto, como un ataque de angustia, depresión o respuesta de tipo obsesiva. [Baxter] comprometió sus creencias y su postura moral porque en algún momento aceptó la presión de la firma; luego la culpa lo agarró.”

Más allá de episodios trágicos como el citado, según los expertos en el tema, la mayoría de los empresarios, y en particular los mexicanos, padecen algún tipo de psicopatología. Sicólogos, psiquiatras, headhunters y hombres de negocios analizan el tema.

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Adicciones
La presión a que se ven sometidos los presidentes y directores generales de compañías es la principal desencadenante de psicopatologías en este grupo de la población. Los expertos coinciden en que el mismo perfil del puesto de alta responsabilidad entraña conductas patológicas. Generalmente, quienes ocupan este cargo son adictos al trabajo y dejan de lado la familia, el tiempo libre y la salud.

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Además, cuando los retos son muy grandes, hay exceso de trabajo y una vida privada poco equilibrada, lo común es que el empresario se paralice ante las decisiones corporativas que debe adoptar, no pueda manejar las situaciones más complejas, tenga pensamientos obsesivos, se revuelva en las mismas ideas y no llegue a la meta perseguida; consecuencia: puede perjudicar a su propia compañía. Como dice Bueno: “Se hace una secuencia circular de un pensamiento de uno a cinco elementos que nunca llegan a una solución, hilados pero sin resolver, con una sensación de estar atrapado.”

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La psicoanalista agrega: “Los altos ejecutivos exitosos tienden a ser workaholics [obsesivos por el trabajo]. Si no puedes sostener un gran número de horas de trabajo, un rendimiento altísimo y una capacidad suficiente para manejar la tensión, es raro que puedas sostener un puesto destacado.”

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Junto a esta dependencia del trabajo, los psicólogos y psiquiatras enumeran otro tipo de adicciones que van de la mano de rutinas laborales muy extensas. Alejandra Apiquian, psicóloga laboral y profesora en la Universidad Anáhuac, asegura que “las jornadas de los altos ejecutivos van de 15 a 20 horas diarias. Esto propicia que se hagan adictos a la cafeína, al tabaco y a drogas que les permiten un alto rendimiento, como la cocaína. En algunos altos cargos el alcoholismo es promovido. Siempre hay una botella para cerrar un trato.”

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Bueno se refiere a los efectos: “Cuando estas personas tienen que dejar alguna de las adicciones porque se sienten mal físicamente, viene una depresión grande, una gran tristeza, desgano o desinterés que luego puede instalarse como una depresión crónica”.

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Tales trastornos en el ejercicio del puesto de alta dirección se reflejan en el bloqueo a la hora de tomar decisiones, paranoia persecutoria –piensan que todos saben de su debilidad–, desconfianza de su entorno profesional e incapacidad para solucionar los problemas que se presentan. Cuando la depresión es aguda pueden verse obligados a dejar su puesto durante un tiempo o para siempre.

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Apiquian recuerda el caso de uno de los banqueros mexicanos más conocidos, que pasó de ser el accionista mayoritario de su institución a tener sólo una pequeña participación luego de una serie de operaciones de venta y fusión. Aunque pactó un puesto importante en la nueva compañía, poco a poco fue desplazado hasta el punto en que hoy su opinión en el medio financiero casi no cuenta. “Con un cambio así, hay una depresión total.”

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Angustia, paranoia y egocentrismo
Según Bueno, el trastorno emocional más frecuente en los empresarios desde hace unos cinco años es el ataque de angustia, que en ocasiones es confundido con un infarto porque sus síntomas son muy aparatosos. Muchas veces, debido a un episodio de angustia súbita, los altos ejecutivos deciden consultar a un especialista . Y este ataque puede ser el colofón de una larga temporada de estrés o desgaste profesional (burnout), una patología que se observa en puestos de alta responsabilidad.

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Francisco Alonso-Martínez, autor del libro Psicopatología del trabajo y catedrático de psiquiatría en la Universidad Complutense de Madrid, enumera los síntomas del burnout y sus consecuencias: “Aparece un cuadro psíquico como apatía, indiferencia, inestabilidad, problemas para dormir, desgano y desmotivación por la comida y el sexo. También depresión asociada a adicciones sociales como bulimia, hiperfagia [atracones de comida], ludopatía, compras compulsivas –sobre todo entre las mujeres–, consumo de drogas y medicamentos.”

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Michel Domit, dueño de la firma de calzados del mismo nombre, sustituyó la angustia de la administración de la compañía por una vida mucho más espiritual. Según un comentario muy difundido en el ambiente empresarial, él sostiene que su padre se le apareció después de muerto y le instó a construir un centro de terapias místicas. Desde entonces, ha descuidado el negocio que, a pesar del cierre de algunas de sus tiendas, sobrevive gracias al capital inyectado por su cuñado Carlos Slim Helú, el hombre de negocios más rico de Latinoamérica.

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Apiquian apunta que muchos empresarios padecen paranoia, un trastorno que se da por el carácter competitivo del puesto. Se sienten en el ojo del huracán, desconfían de su entorno profesional y piensan que el resto de sus compañeros lo envidian y que pueden conspirar en su contra en cualquier momento.

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Los trastornos se dan tanto entre funcionarios de empresas familiares como de multinacionales. En las primeras, los lazos de parentesco y el paso de generaciones hacen más comunes los conflictos que mezclan sentimientos entre padres, hijos y hermanos. La profesora de la Anáhuac cita como ejemplo los problemas de sucesión de Henry Ford, el empresario estadounidense que inventó la producción en serie: “Él era muy egocéntrico e imponía sus puntos de vista, jamás tomaba en cuenta a los demás. Inicialmente su automotriz fue una de las organizaciones más competitivas, pero él se dio cuenta de que había que cambiar las estrategias, esto lo hizo contratar a consultores externos para desarrollar nuevas tácticas de dirección, muy diferentes a las que venía aplicando. Fue doloroso para Ford aceptar los cambios.” Este empresario tampoco llevó nada bien la relación con su hijo, el sucesor más lógico, quien murió antes que él.

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Problemas familiares han sido también los de Grupo Radio Centro y la saga de 11 hermanos que heredaron el negocio. La falta de entendimiento hizo que cinco de ellos se decidieran por una empresa de telefonía. Pero tampoco se arreglaron las cosas. Según los analistas, esos pleitos sumados a errores de sus directivos derivaron en una mala conducción de la empresa, a pesar que la consideran de gran potencial. Entre los problemas que enfrentan es conocida la demanda que el conductor y empresario José Gutiérrez Vivó interpuso contra ellos por incumplimiento de contrato. El presidente, Francisco Aguirre, y el resto del clan han intentado vender parte de su compañía, pero nunca han logrado cerrar los tratos y sus dificultades continúan. Tal vez por eso, el directivo ha optado por llevar una vida muy saludable. Ha instalado una caminadora en su oficina y el jugo de frutas es su principal bebida.

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Otras conductas que se perciben en los empresarios que padecen trastornos emocionales o mentales son el narcisismo y el egocentrismo, semillas de malos resultados en las firmas. A quienes así se comportan no les interesa la organización, trabajan por sus propios objetivos descuidando los de los demás, son muy individualistas y competitivos, lo que redunda en malas decisiones para la compañía.

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Muchos de los altos ejecutivos utilizan mal su don de mando. Su autoridad se convierte en despotismo o tiranía y su liderazgo en egoísmo. Ernesto Bolio y Arciniega, profesor del Área de Factor Humano en el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE), afirma que “el egoísmo y el autoritarismo son en sí mismos patologías. No son estilos de dirección sino deformaciones individuales en el tipo de liderazgo.” Asegura que “existen casos de personas que han llegado a perder su patrimonio debido a psicopatologías que no han podido manejar a tiempo”. El sigilo profesional, dice, le impide dar nombres.

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Prejuicios y psicólogos Aunque no hay estadísticas en México acerca de trastornos emocionales entre empresarios, los consultados reconocen que los hay, y muchos. Alrededor de 75% de los altos ejecutivos han padecido o padecen alguno de los trastornos aquí mencionados, según los especialistas. Éstos lamentan que en el país los prejuicios estén por encima de la salud mental. Apiquian lo afirma: “En México todavía estamos en pañales y al ejecutivo se le tiene un poco olvidado. Pero necesita estrategias que le permitan preservar la salud mental.” Ella aboga por soluciones parecidas a las que ya han puesto en práctica algunas corporaciones en varias naciones, como The Coca-Cola Company en la unión americana, que incluye en su plantilla permanente a profesionales de la salud que organizan grupos de autoayuda, sobre todo con relación a las adicciones y a la adaptación a los cambios.

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“En otros países no es tan esotérico ni raro lo psicológico –dice Bueno–. No hay prejuicios. Hay empresas estadounidenses que se asesoran con psicoanalistas para manejar las situaciones de crisis, pero en grupo. En México se consideraría un superlujo y algo excéntrico.”

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Blanca Graue, la directora de la división Head Power (contratación de altos ejecutivos) de la compañía de selección de personal Manpower, menciona otra forma de cuidar el equilibrio emocional de los principales directivos de las compañías: “Es muy importante que parte de las prestaciones que se da a estos ejecutivos sea inscribirlos a clubes deportivos y sociales”, porque hacer ejercicio físico y departir actividades con otras personas es una ayuda relevante en ese sentido. “Hay firmas en Estados Unidos que tienen instalaciones de gimnasio. Hewlett-Packard las tiene aquí en México.”

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De todas formas, difícilmente una gran empresa reconocerá que uno de sus más altos empleados tiene un trastorno mental o emocional. Así lo constata Ingala Robl, psicóloga del centro Sowelu y que practica la técnica llamada constelaciones empresariales, una metodología alemana que se basa en el análisis de los vínculos, las lealtades, las posiciones y las jerarquías dentro de la institución. En reuniones de fin de semana ella trabaja con directivos y empresarios en torno al tema de cómo manejar el poder en la organización. Si el problema lo amerita, los altos ejecutivos continúan con terapia personal. Por su experiencia, Robl asegura que “la empresa maquilla como retiro temprano lo que no es así en realidad. Es una cuestión de imagen. Si reconocen el problema emocional, el sistema de selección de la firma y sus decisiones serían cuestionadas”.

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