Los invariables bostonianos

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Antonio Puertas

Dicen que en la variedad está el gusto, pero cuando se trata de calzado masculino para vestir, tal regla parece no aplicar.. a menos, claro, que se adquiera un par de zapatos de fantasía que pudiera ser una tortura para el pie.

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Los expertos recomiendan que al momento de adquirir un nuevo par de zapatos, antes que a la estética se tome en cuenta la comodidad del propio pie (después de todo, lo que más importa en el calzado masculino es su aspecto limpio).

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Pero en cuestión de predilección, los hombres se enfrentan de inmediato a dilemas. La primera elección es adquirir entre un par de zapatos con agujetas o sin ellas. Si se tiende hacia la primera opción, sin duda el rey entre los zapatos de vestir, atados con cordones, es el llamado Bostoniano.

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Se trata de una variante del clásico modelo Oxford, que como se sabe nació en aquella universidad británica, cuyos pupilos (hijos de las mejores familias inglesas), al mismo tiempo que cursaban sus carreras profesionales, se permitían dictar el tono de la moda a principios de siglo.

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Elegante y clásico, el Bostoniano más tradicional --cuya edad ya suma 50 años es de piel, con suela de cuero ancha, dentro de una construcción llamada -welt, es decir, con un cerco prominente salido de la horma, tanto en la suela como en el tacón, dejando ver las costuras alrededor del mismo por la parte inferior y superior del zapato. Tal suela “volada" es ciertamente uno de sus principales atributos.

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Algo más bajo en el talón y el empeine que el Oxford, el Bostoniano incorpora diversos tipos de trabajo en la uniera -(tipo golf o "alada", dibujo que semeja las alas de un ave) que lo singularizan. La puntera puede ser recta o curva, destacada por una simple costura o hasta por un trabajo de fantasía con perforados. El color puede ser liso o, cuando es café, "brocheleado" en diferentes tonos, desde el marrón hasta un tono tierra.

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Resulta obligado y característico el ancho tacón de este zapato, lo cual lo dota de una apariencia "pesada" --aunque, a decir verdad, los modelos actuales han disminuido la prominencia de la suela y el tacón, ofreciendo mayor estética y flexibilidad-.

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Complemento de lujo en los ya lejanos años 50 y 60 (cuando vivió sus momentos de máxima popularidad en México), el Bostoniano ha permanecido hasta nuestros días con la salud de un recio cincuentón al que no le preocupan las "barbas" y borlas de los mocasines o zapatos de suela de goma. Hoy no sólo es cómplice del traje formal y calcetines de discreto estampado; es recomendado, incluso, con atuendo casual y calcetines de rombitos".

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Por la alta frecuencia con la que se graba la superficie de los bostonianos, no es recomendable verlos confeccionados en pieles de reptiles (además, prohibidas) como cocodrilo, caguamo o serpiente. Lo exótico no es precisamente la especialidad de estos zapatos, cuya dignidad se preserva con pieles de ternera y una gruesa suela de cuero que le confiere su fuerte apariencia.

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