Los límites del caos

Una buena mezcla: gente creativa con gente estructurada.
Javier Martínez Staines

“Me he vuelto un hombre increíblemente organizado: ya sé muy bien qué día de la semana pierdo mi Palm, así que cada sábado compro una nueva”. La anterior es una frase real, mencionada hace poco por un ejecutivo real, quien lucha desde hace años contra sí mismo con el fin de ordenar un poco su habitual caos.

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Debo señalar, ni modo, que este señor ha fracasado sistemáticamente en esta titánica tarea: el orden no es lo suyo. Sin embargo, gracias a sus atributos de visión, talento, creatividad y pasión, capitanea con cierta maestría el barco que le fue encomendado por la empresa para la que trabaja, pese a que el resto de la tripulación lo mira con impaciencia (que a veces se convierte en abierto enfado), en espera de que le aparezca en algún momento la virtud de la organización.

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Es evidente que esto no ocurrirá. En el mundo corporativo sólo algunos niños prodigio logran reunir con armonía las a veces yuxtapuestas cualidades de estructura y creatividad. En general, más bien, se manifiestan una u otra como principal virtud. Lo importante es que en los grupos de trabajo multidisciplinarios exista un buen balance entre ambas características: gente creativa y gente estructurada, de manera que puedan crear dosis saludables de ideas y capacidad para ejecutarlas. Así, si mi amigo pierde su Palm cada semana, olvida su teléfono celular en los bares, extravía documentos estratégicos, no registra el día y hora de las reuniones y choca su auto cada vez que lo conduce, podría ser posible que balancee su desorden con un equipo estructurado. Esto se llama poner límites al caos. Y es la única forma en que logrará fijar objetivos, formular estrategias y llevarlas a cabo con precisión.

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Lo cierto es que la estructura sin creatividad es el mejor camino hacia el anquilosamiento. Hay muchas empresas que privilegian tanto los procesos que dejan de estimular las ideas. Son compañías que dijeron adiós a la innovación y que desarrollan, por ende, productos y servicios de bajo valor agregado. Su único criterio de competitividad y diferenciación es el enfoque en costos, muy fácilmente replicable. Sobra decir que son firmas en permanente riesgo de desaparición.

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En cambio, hay otras organizaciones (escasas en México, por desgracia) que apuntan toda su artillería al estímulo de ideas. Suelen ser empresas ágiles, proactivas, líderes, de veloz reacción a los acontecimientos externos, que transforman constantemente sus ventajas competitivas y factores de diferenciación. Su modelo, por tanto, es difícilmente replicable. Mi amigo, por supuesto, fecundo en ideas, colabora en una corporación que se comporta de esta forma. De otra manera, su escaso apego a los procesos establecidos ya hubiese sido castigado. Entonces, ya no sólo tendría que acostumbrarse a comprar una nueva Palm cada sábado a sabiendas de que la perderá, sino a actualizar semanalmente su currículum.

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* El autor es director editorial de Grupo Editorial Expansión y sólo ha perdido dos veces la Palm y chocado tres veces su auto.
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jstaines@expansion.com.mx.

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