Los matices cuentan

Aunque el discurso no muestra cambios sustanciales y los documentos oficiales de Banxico mantienen c
Alejandro Castillo

Como se señaló en este espacio, la llegada de Guillermo Ortiz al Banco de México suponía un cambio con relación a las prácticas de su antecesor, tanto por su preparación académica como por su comprensión de la realidad nacional. No obstante, justo es decir que en sus primeras actividades y declaraciones dio la impresión de que estaba dispuesto a mantener el énfasis en bajar la inflación, aunque para ello tuviera que seguir propiciando una sobrevaluación del peso.

- Sin embargo, más que las palabras, han comenzado a observarse señales en el sentido de que el recién estrenado gobernador, junto con el resto del gabinete económico, va a imprimir un matiz diferente a la política monetaria, sobre todo si se compara con la que aplicó Miguel Mancera en el último tramo de su administración.

- En más de una ocasión se ha señalado también que durante 1997 la política antiinflacionaria de Banxico contó con el respaldo de un fuerte ingreso de divisas vía colocación de deuda pública y privada en el exterior; el ingreso de grandes sumas de inversión extranjera directa, en parte para adquirir empresas; un saldo muy pequeño pero todavía positivo de la balanza comercial y, además, recursos foráneos que se dirigieron a los mercados de dinero y accionario.

- Gracias a ello, la paridad se mantuvo más o menos estable la mayor parte del año e incluso llegó a mostrar una apreciación nominal en algunos meses, lo que significó una fuerte revaluación real del peso, dado el proceso inflacionario que todavía muestra el país. Lo anterior se fortaleció con la decisión que siempre mostró Mancera para reaccionar rápidamente ante el surgimiento de las inevitables presiones cambiarias. Para hacerles frente, dejaba sin liquidez el mercado y provocaba alzas en las tasas.

- Ahora parece que el nuevo gobernador cambia los énfasis. Por lo pronto reconoce la incertidumbre que prevalece en los circuitos financieros, así como el riesgo de una intensa competencia por los mercados de bienes, lo que generaría una baja en los precios de los diferentes productos –proceso que ya es un hecho, por lo menos en los mercados del petróleo y el cobre– y reduciría los ingresos de divisas al país.

- Ante eso, se han adoptado medidas para hacer frente a las nuevas circunstancias, aunque ello implique la búsqueda de nuevos equilibrios. Una de esas medidas preventivas fue el ajuste en el gasto público para compensar la caída en los ingresos petroleros. Luego siguió la decisión de permitir que fuera el mercado la instancia que ajustara el tipo de cambio, ante la previsible caída de ingresos que observará el país. Así, a finales de enero se observó un aumento en la compra de dólares, pero el banco central no propició un aumento de tasas ni se apresuró a castigar a quienes llevaron la divisa estadounidense a un nivel cercano a $8.50 pesos.

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- Si las señales no engañan, la devaluación del peso permitirá mejorar la posición de los industriales mexicanos, sobre todo frente a los productores asiáticos. Por otra parte, el deslizamiento que sufrió el tipo de cambio desligará las tasas de interés de las presiones del exterior, dejando que se vinculen más al comportamiento de la inflación. Además, como la devaluación encarecerá el crédito externo en términos relativos, también ayudará a que se frene el endeudamiento de las empresas en dólares.

- En contrapartida, si se sostiene un movimiento descendente de la paridad podría repercutir en mayores tasas de inflación. De hecho, se le atribuye al gobernador de Banxico –en versión no confirmada– haber señalado que ésta podría ser de 13% y no de 12, como se había previsto para el cierre de 1998. Sin embargo, eso no debe llevar a suponer que se abandona la lucha contra la inflación, frente a la cual se podría esperar un compromiso más fuerte de Hacienda, vigilando el gasto público; de la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial, construyendo un ambiente de competitividad interna a favor de las empresas instaladas en el país, y de las secretarías de Energía, Educación y Comunicaciones y Transportes, entre otras, ofreciendo infraestructura más eficiente en cada uno de sus ámbitos.

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