Los nuevos sabores de exportación

Apoyada en la apertura comercial, la industria mexicana de alimentos y bebidas descubre mercados ext
Ulises Hernández

Tradicionalmente, la cerveza, el tequila, la harina de maíz, las hortalizas, el azúcar y el café han encabezado las ventas al exterior de la industria mexicana de alimentos y bebidas. Grandes firmas como Modelo y Cuervo colocan sus mercancías en casi todo el mundo, mientras Maseca construye plantas a lo largo y ancho del continente americano e incluso en Europa.

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Pero otros productos comienzan a brillar con luz propia en el firmamento de las exportaciones mexicanas. En los últimos seis años, varios productores e industriales han desarrollado una oferta diversa de alimentos y bebidas –la mayoría con una buena dosis de valor agregado nacional– y empezado a exportar a diferentes puntos del orbe.

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Empresarios michoacanos venden ahora fresas congeladas a Estados Unidos y Canadá; productores sonorenses de carne de cerdo empacan cortes y costillas al vacío para embarcarlos a Asia; industriales jaliscienses exportan dulces a Centro y Sudamérica; agaveros oaxaqueños envían cajas con botellas de mezcal a Europa.

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Asimismo, los jugos y néctares, las frutas y legumbres preparadas, las conservas y los alimentos “estilo mexicano” como las salsas y preparaciones para guisos, cuentan hoy con nuevas oportunidades y potencialidades en diversos mercados del extranjero. Incluso productores de alimentos autóctonos, como el nopal, han encontrado nichos de mercado en Japón, donde los consumidores lo adquieren deshidratado y encapsulado, como complemento alimenticio.

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Varios de estos productos, que son considerados como “no tradicionales” en el renglón de las exportaciones, registran tasas anuales de crecimiento superiores a 30% en sus ventas fuera del país. Tal es el caso de los cárnicos (32.7 %) y los artículos de confitería sin cacao (31.1%).

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El nuevo impulso de la industria de alimentos procesados y bebidas se debe principalmente a la política mexicana de apertura de mercados y firma de tratados comerciales.

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Brechas abiertas
“La industria ha gozado de la apertura comercial que México ha logrado en los mercados internacionales. Ello le ha permitido tener mejores accesos en mejores condiciones a los mercados que de alguna manera estaban cerrados”, dice Marco Antonio Calleja, director de desarrollo sectorial de alimentos del Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext).

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Además, los productores de alimentos y bebidas han encontrado también vías alternas y, con apoyo de las autoridades, han sabido explotar nichos de mercado en países con los que México no sostiene acuerdos de libre comercio, como Japón.

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El sector es ahora uno de los más importantes dentro de la industria manufacturera, y desde hace seis años registra un gran dinamismo. Entre 1994 y 1999, la producción de alimentos procesados y bebidas alcanzó una tasa promedio de crecimiento anual de 7.4%, según cifras del World Trade Atlas citadas por Bancomext. En el mismo periodo, las exportaciones del sector registraron un crecimiento promedio anual de 17.1% y ocuparon el segundo sitio en importancia dentro de las ventas al exterior de la rama agroindustrial. La tendencia se perfila a la alza: tan sólo en 1999, las exportaciones de alimentos procesados y bebidas sumaron $6,968 millones de dólares; esto significa un incremento de casi 38% con respecto al nivel del año anterior.

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La serie de tratados comerciales firmados recientemente por el gobierno del presidente Ernesto Zedillo con la Unión Europea (UE), Israel y el llamado “Triángulo del Norte”–Guatemala, Honduras y El Salvador– abre oportunidades de negocios a los productores mexicanos.

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La Unión Europea otorgó a México una cuota de importación de 30,000 toneladas de jugo de naranja concentrado con una reducción arancelaria de 75%. También otorgó cupos de importación a frutas tropicales en conservas, fresas congeladas y chicles, entre otros productos. A su vez, el tratado con los tres países centroamericanos amplía las posibilidades de negocio de los productores de confitería, principalmente de dulces y goma de mascar.

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Oportunidades sabrosas
En este escenario, el impacto económico de los nuevos nichos de exportación de la industria de alimentos procesados y bebidas sería sumamente positivo, de acuerdo con proyecciones de algunos analistas.

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“Por estas condiciones de apertura comercial, México puede tener en los próximos años un incremento en exportaciones de estos productos del orden de $354 millones de dólares anuales y una generación de 60,000 empleos directos en el campo y 135,000 empleos indirectos”, indica Víctor Celaya, director de estudios económicos del Consejo Nacional Agropecuario (CNA).

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Celaya estima que estos nuevos nichos de mercado podrían atraer inversiones hacia el sector agropecuario hasta por $700 millones de dólares en los próximos años.

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Bancomext, cuya función principal es desarrollar exportadores, ha decidido apoyar a ciertos gremios en particular. “Hay tres industrias de alimentos procesados que queremos consolidar: productos de cárnicos, a Oriente; conservas en un rango amplio, incluyendo comida estilo mexicano, a Estados Unidos, y confitería, a Centro y Sudamérica”, dice Calleja.

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Así como la industria de alimentos y bebidas tiene oportunidades por delante, también enfrenta grandes retos como la falta de integración  de las cadenas productivas. Es necesario construir y reforzar enlaces entre los productores de alimentos y los industriales que procesan el producto. Muchas veces, los agricultores prefieren vender sus naranjas en el mercado fresco que proveer a las empresas jugueras, pues obtienen mayores ganancias.

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La competencia con otros países requerirá a su vez que los industriales nacionales eleven la calidad de sus productos, lo que implica cumplir con las diversas normas establecidas según cada caso: sanitarias, fitosanitarias, de empaque, de etiquetado, etcétera. Asimismo, los productores mexicanos tendrán que mejorar su tecnificación y aumentar su productividad si no quieren quedar rezagados frente a sus contrincantes en su propio territorio.

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“El gran reto es cómo hacer para mantener una participación mayoritaria en el mercado nacional”, comenta Manuel Marcos Morales, ex presidente de la Cámara Nacional de la Industria de Conservas Alimenticias.

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En tres años, 85% de los productos agropecuarios del país competirán con importaciones de Estados Unidos y Canadá libres de cualquier arancel.

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Los productores nacionales también se enfrentarán a las denominadas “barreras no arancelarias”, que empiezan a erigirse en países desarrollados. Tal es el caso de las demandas de inocuidad de los alimentos y de bienestar animal que exigen ya algunos países europeos.

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Queda mucho por hacer, pero las oportunidades están a la vista en el horizonte de la industria de alimentos y bebidas.

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