Los que han optado por vivir con valor

No se trata de estar a la moda, sino de retribuir el riesgo a quienes han apostado por uno. Vale la
Mónica M. Machado

La creación de valor ha sido desde siempre una obsesión para empresarios e inversionistas. En los últimos años se ha incrementado el interés por el tema del Economic Value Added (Valor Económico Agregado o EVA).

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Muchos se preguntan, sin embargo, si EVA es una nueva moda gerencial, como lo fueron en su tiempo Calidad Gerencial Total (Total Quality Management, TQM) o la reingeniería. Lejos de esto, EVA fue promulgado como concepto hace más de 100 años, en 1896, por Alfred Marshall. Él afirmó que las verdaderas utilidades no existían a menos que se cubriera con ellas el costo de oportunidad del dinero invertido. Por más evidente y simple que suene esta afirmación a los oídos de un inversionista racional, lo cierto es que en el mundo la mayoría de las empresas trabaja otorgando valor cero al capital invertido por el accionista. Esta omisión ha dejado fuera uno de los elementos más importantes dentro del costo de un negocio y que, en sí mismo, es una de las razones de ser de un inversionista: la obtención de un retorno mínimo que satisfaga el riesgo asumido. Con un mercado de capitales tan competido, este descuido pone en peligro la capacidad de crecimiento de las empresas y sus empleados.

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EVA suple esta omisión contable a través de una fórmula de medición sencilla de las ganancias reales de la empresa. Estas se obtienen después de restarle a los ingresos operativos los costos totales que incluyen el costo del capital. EVA se define como: NOPAT (Net Operating Profit After Taxes) es decir, Capital utilizado x Costo Promedio Ponderado del Capital.

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Si una empresa genera EVA negativo es porque en ese momento no es capaz de generar las ganancias suficientes para cubrir el costo mínimo del inversionista. Esto no quiere decir que un EVA negativo es siempre signo de alarma. Por el contrario, los inversionistas reconocen que una empresa en periodo de expansión no podrá, con sus flujos de ingresos operativos, pagar por completo el costo de las inversiones iniciales. Invertir en el futuro, a costa de EVA negativo en los primeros periodos de la inversión, es una estrategia generadora de valor, y así lo consideran los accionistas.

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Lo que importa es si la tendencia de EVA es ascendente o descendente; una compañía con EVA positivo decreciente en el tiempo es una compañía que pierde valor en el mercado. Por el contrario, una compañía con EVA negativo pero con tendencia ascendente, día a día gana valor de mercado y, por tanto, genera valor a sus inversionistas.

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Si una empresa quiere mejorar el valor generado al accionista, debe convertir al EVA en una nueva filosofía del negocio, en herramienta básica para la toma de decisiones del día a día, en elemento clave al momento de evaluar proyectos de inversión y en parámetro central de evaluación del desempeño de sus gerentes. Como dice Mack Ferguson, socio de Stern Stewart, la firma creadora del concepto EVA, “cuando se ata la compensación de los gerentes a la generación de valor, el accionista puede estar seguro que estos dejan de comportarse como acreedores y son por fin parte del mismo equipo”.

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