Los riesgosos fondos para el retiro

Estos fondos podrían apoyar la producción o contribuir a la especulación. De darse lo segundo, no
Alejandro Castillo

La presente administración tiene la esperanza de que la constitución del sistema de fondos para el retiro sea propicia para fomentar el ahorro interno y reducir la dependencia de los recursos del exterior.

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El esquema supone la posibilidad de que los trabajadores puedan vigilar más estrechamente el destino de sus recursos y así estar en mejores condiciones de saber con cuánto dispondrán al término de su vida productiva. Sin embargo, hay aspectos del contexto y la forma en que se ha puesto en marcha el nuevo sistema que obligan a reflexionar acerca de los eventuales beneficios que esa masa de recursos tendrá para el país y los trabajadores.

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En cuanto al contexto, se observa que la operación de esos fondos se deberá realizar dentro de una competencia cada vez más agresiva y riesgosa.

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Como se sabe, los promotores han puesto como ejemplo de sus virtudes los resultados alcanzados por Chile. Sin embargo, cuando el esquema comenzó a operar en ese país, coincidieron una serie de elementos favorables que permitieron a los fondos proporcionar elevados rendimientos.

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En cambio, la desregulación y liberalización de los flujos financieros internacionales observada en los últimos años y la existencia de enormes volúmenes de capitales provenientes de fondos empeñados en obtener cada vez los mejores rendimientos, han hecho de la especulación y la competencia en los mercados financieros una pirámide de compromisos y esperanzas sin precedentes.

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El país está considerado dentro de los circuitos financieros del mundo. Excluirse sería perder una oportunidad de disfrutar las posibilidades que brindan esos excedentes. Pero participar en esos circuitos sin una regulación adecuada, que garantice la posibilidad de utilizar productivamente esos capitales, es dejar que la especulación determine el destino de los recursos.

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En las condiciones actuales, el país corre el riesgo de que la creación de las Afores, más que resolver sus necesidades de financiamiento, sólo aumente la masa de recursos destinados a la especulación. Y en México hay experiencias muy negativas de cómo, en 1987 y 1994, mientras que a los especuladores foráneos se les garantizaban las ganancias, a los inversionistas mexicanos se les obligaba a pagar el costo de sus malas decisiones.

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La única manera de lograr que los recursos generados por los fondos de retiro –y los que lleguen del exterior– sean aprovechados productivamente por el país, es dando preeminencia a la promoción de la producción, generando las condiciones para que la inversión en la industria, la agricultura y los servicios ofrezca mayores rendimientos que aquella destinada a la especulación financiera. Esto implica cambiar las prioridades de la política económica.

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Así, en lugar de que las Afores diseñen esquemas para invertir en la bolsa o en títulos de deuda, deberán estar preparadas para impulsar los proyectos de inversión productiva –por supuesto, eso no podría ser con los parámetros utilizados para las carreteras durante el sexenio salinista–. En ese caso, haciendo uso de la libertad de elección pregonada por los panegiristas del libre mercado, los trabajadores deberían poder elegir, por ejemplo, entre invertir en petroquímica o minería o en las empresas en donde laboran, y sólo en caso de la emisión primaria de acciones.

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Por otra parte, conviene insistir en que, como está diseñado, con todo y el apoyo de técnicos chilenos, las virtudes del nuevo sistema de fondos para el retiro están por verse. Una vez eliminada la subsidiariedad, los trabajadores de mayores ingresos tendrán la esperanza de mejores condiciones para el retiro. Pero, ¿qué pasará con los de menores ingresos? ¿Cómo podrán esperar pensiones dignas si sus salarios en activo no lo son? A eso se agrega que los contratos que deberán firmar con las Afores les piden reconocer el riesgo de que sus fondos obtengan pérdidas. Frente a esto, lo ideal sería que en lugar de reflejarse en elevadas comisiones, las multipublicitadas virtudes de elegir libremente a quién administrará los recursos individuales se plasmaran en cláusulas que garantizaran una utilidad mínima. ¿O no son tan seguros esos administradores?

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