Los rumores y el ejército

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Alfonso Lujambio

"Un golpe de Estado no es nada más el cambio de un presidente a otro; es el manejo de todo el aparato gubernamental de un país. Recordemos también que México es una República Federal. Usted puede dar un golpe de Estado, como en la época de Huerta, y puede resultar un gobernador como Carranza, que se oponga. No es fácil."
- General Luis Garfias Magaña, noviembre de 1995

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Cierto es que los tumores encuentran caldo de cultivo en momentos de incertidumbre e indefinición. Pero no exageremos: hay rumores que no tienen ni pies ni cabeza. El de la eventualidad de un golpe de Estado en México es uno de ellos.

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Alfred Stepan, sin duda el estudioso más agudo del militarismo en América Latina, distinguió alguna vez entre la conducta del ejército como gobierno -(the military as government) y la conducta del ejército como institución -(the military as institution). La distinción es importante, y viene a cuento porque nos permite entender qué pretende un Ejército cuando golpea la vida constitucional de un país. En los golpes de Estado, los ejércitos necesitan legitimar su decisión: explican la razón de su acción y anuncian lo que harán, los problemas que van a solucionar como condición para volver a la vida constitucional. Cuando los ejércitos en el gobierno no son capaces de solucionar el problema o los problemas que justificaron el golpe, entonces tienden a dividirse: unos quieren profundizar sus políticas, otros perciben los riesgos y prefieren regresar a los cuarteles antes de la debacle. Recordemos que lo que más teme un ejército es precisamente su división, porque basa su poder en el monopolio de la fuerza física, y la división de un ejército puede llevar a su ruptura y por lo tanto a la desmonopolización de dicha fuerza y a la pérdida de su recurso más poderoso (la exclusividad, insisto, de la capacidad coercitiva).

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La ingobernabilidad democrática, sobre todo en la relación Ejecutivo-Legislativo, puede llevar al ejército como "poder moderador" a terminar con la vida constitucional (Colombia 1949, Perú 1968). Una debacle económica puede llevar a un ejército a un golpe de Estado si y sólo si ésta coincide con una extraordinaria polarización ideológica y se perciben claras soluciones alternativas de política económica. Problemas de seguridad nacional --reales o exagerados por grupos ultraconservadores y/o el ejército mismo- también pueden servir para justificar un golpe. Finalmente, un ambiente internacional propicio suele ser importante en la definición estratégica de un golpe de Estado: ningún gobierno militar querrá, de entrada, estar aislado internacionalmente y minimizar con ello la probabilidad de su éxito. Por supuesto, diversos elementos pueden combinarse en distintos grados. El de Brasil en 1964 sería un ejemplo de golpe de Estado en el que confluyen diversas causas.

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Véase esta lista y piénsese en el caso mexicano: las relaciones Ejecutivo-Legislativo están lejos de llegar a un -deadlock constitucional, la polarización ideológica mexicana no puede ser menos intensa, y los graves problemas económicos no tienen solución obvia, para nadie y para nada. El conflicto en Chiapas no se percibe ya, ni de lejos, como un problema en donde la seguridad nacional está en riesgo. Por último, el ambiente internacional no puede ser menos propicio para dar un golpe de Estado en México. Estados Unidos sólo apoyaría semejante escenario para un periodo corto si el país fuera un hervidero y la propia seguridad norteamericana estuviera en entredicho. Pero para enfrentar su problema no les sería imprescindible apoyar un golpe de Estado. Otras opciones de política resultarían mucho menos costosas y tal vez más viables.

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A la luz de esta discusión, léanse las palabras del general José A. Vallarta, presidente de la Comisión de Defensa Nacional del Senado. Dijo el militar: "El Ejército, como institución, no debe gobernar", porque "serían más los problemas que se ocasionarían, que los que se resolverían". Hablando de la crisis económica actual, dijo también que "ni con la Biblia... se pueden -resolver los problemas. Que cada quien asuma su responsabilidad... no hay que buscarle chichis a la culebra (...) de eso estamos conscientes los militares" -(Proceso, 13 de noviembre). Ojalá los civiles entendamos lo mismo con idéntica claridad.

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El autor es maestro y candidato a doctor en Ciencia Política por la Universidad de Yale. Director de la licenciatura en Ciencia Política en el ITAM, también es editorialista en el diario -Reforma.

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