Los viajeros no se detienen

El número de turistas mundiales no deja de crecer. Expertos internacionales opinan sobre qué le ha
Elia Parra / Madrid

Ni la recesión económica mundial ni los atentados terroristas de septiembre 11 fueron obstáculo para que el año pasado el turismo internacional creciera más de 3% en número de visitantes. Según la Organización Mundial de Turismo (OMT), hubo 22 millones de nuevos viajeros (715 millones en total, superando por primera vez 700 millones).

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Aunque no existen cifras definitivas de ingresos, fuentes del sector indican que fueron inferiores a los $463,600 millones de dólares de 2001, fundamentalmente por la disminución del gasto de los visitantes, aunque no en México. Cámaras –organismo que congrega a todas las empresas hispanas– sostiene que 2002 fue el peor año para el sector aéreo debido a los cierres de Sabena y Swissair y la suspensión de pagos de US Airways y United Airlines; a que los operadores enfrentaron una fuerte presión y a que la industria hotelera registró una caída.

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Europa, con un crecimiento de 2.4%, representó 58% del total; dentro de ésta, España –que luego de los atentados en Estados Unidos pasó a ser el segundo destino turístico del mundo, sólo superado por Francia–, continuó su ritmo ascendente: la recepción de visitantes creció 3.3%, pero con un descenso en la ocupación hotelera y los ingresos (estos últimos fueron entre 3.5 y 5.5% inferiores a los de 2001). Asia y el Pacífico contribuyeron también a arrebatar el legendario segundo puesto a la unión americana, aumentando en casi 8% la cifra de sus visitantes (la región recibió 131 millones de turistas); los viajes a América del Sur descendieron 7%.

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¿Qué pasará ahora, a raíz de la guerra en Irak? No es fácil predecirlo, aunque la OMT sostiene que en la industria turística las crisis económicas afectan más que los conflictos bélicos y el terrorismo.

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En todo caso, se comprueba la persistencia de importantes cambios en el comportamiento del sector, que ya se perfilaban: los turistas son más activos y exigentes; otros entornos comienzan a disputarle terreno a los tradicionales destinos de sol y playa; los viajes son más cortos, preferentemente por tierra que por avión y se deciden con escasa antelación; la oferta es mayor que la demanda. Así, los principales países receptores –entre ellos México– deben redoblar sus esfuerzos e intentar adecuarse a esta nueva situación, para que sus empresas continúen siendo competitivas.

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Viajar crea adicción
Javier Gómez Navarro, ex ministro (secretario) de Comercio y Turismo del gobierno de Felipe González y cofundador de Ferial Internacional de Turismo madrileña (Fitur) sostiene que mientras en los años 50 el turismo de masas se desarrolló espontáneamente “por el surgimiento de una clase media importante en los países desarrollados, que empezó a resolver sus necesidades básicas y tuvo renta disponible para viajar”, los hombres de negocios no lo vieron como una actividad económica estable y no invirtieron mayormente en ella. Así, por más de tres décadas la demanda fue superior a la oferta.

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Pero desde fines de los años 80, y sobre todo en los 90, esta percepción empresarial empezó a cambiar. “En España fue clarísimo: la gran banca, los ricos, comenzaron a invertir en turismo y, en esos años, el crecimiento de la oferta fue muy relevante al igual que en todos los países del mundo. Va a seguir siéndolo de manera estable y continuada [de aquí en adelante]”, predice el ex funcionario.

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Poco antes de iniciarse la guerra en Irak, Ana Larrañaga, directora de Fitur, observaba “una mayor fuerza y confianza de la industria por encontrar el tono de desarrollo”, pese a  la incertidumbre a raíz del conflicto bélico, la recesión económica, los problemas políticos en ciertas zonas y las alianzas fruto de la globalización. Esto se expresó en el crecimiento de agrupaciones participantes en dicha Feria (4.5%, con 752 stands, 17% más que el año pasado). “Los empresarios están pendientes de los próximos escenarios y a partir de éstos se moverán en la dirección adecuada.”

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La directiva piensa que las cifras indican que la gente quiere seguir viajando; “viajar crea adicción”, dice. Este desarrollo también se debe a que se han sumado los jóvenes que ingresan al mundo laboral y tienen recursos propios, y al colectivo de jubilados “que también va creciendo y dispone de más tiempo libre que en parte utiliza viajando”. Pero observa que se opta por destinos más próximos; las vacaciones tienden a distribuirse a lo largo del año y por lo tanto cada una es más corta; se esperan las ofertas tardías y las decisiones se toman con menos anticipación debido a “la incertidumbre y a la disposición de nuevas tecnologías para reservas y consultas de último minuto”; muchos turistas se deciden por la casa de un amigo y desdeñan el hotel.

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Aun así, la industria en España crece porque, según Larrañaga, cuenta con infraestructura suficiente para acoger la demanda: buenos transportes terrestres, marítimos y aéreos; aeropuertos con suficientes pistas; crecimiento de la capacidad hotelera “en destinos maduros de sol y playa, y también en el interior, para los extranjeros fieles a España que quieren conocer el resto del país”; buena calidad de los servicios (de ocio, sanitarios, medioambientales, compras y actividades deportivas de todo tipo). El reto es mantener una calidad sustentada en la innovación, en la profesionalidad, en la instrumentación de nuevas tecnologías “y por supuesto, en ofrecer un binomio calidad-precio competitivo”.

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Sociología del ocio
No se puede decir lo mismo de México ni del resto de Latinoamérica. Larrañaga opina que la región tiene múltiples recursos naturales, pero debe potenciar más desarrollos combinando los sectores público y privado (como se hace en España). En México destaca el abanico de ofertas diferenciadas gracias a su acceso al Pacífico, al Mar Caribe y al Golfo de México; a su patrimonio cultural “y al trato de la gente, que es un gran plus”. Todo esto, a decir de la ejecutiva, se refleja cada año en Fitur.

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Sin embargo, al país le falta resolver los problemas de inseguridad, de congestión –sobre todo en el Distrito Federal– y mejorar más su infraestructura, “lo que hasta ahora no se ha hecho en todas las áreas”, aunque hay zonas “tremendamente competitivas”, entre otras Cancún, Puerto Vallarta, Puerto Ángel y, en el interior, la zona de Oaxaca.

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Gómez Navarro sostiene que los empresarios españoles –“especialistas en turismo de sol y playa, que representa más de las dos terceras partes del turismo internacional”– invierten hace más de una década en el Caribe mexicano, Cuba y República Dominicana. Las razones: los altos excedentes de los hoteleros, que ya no pueden seguir invirtiendo en las saturadas playas españolas, y el hecho de que el Caribe es el destino de larga distancia más próximo al viejo continente. Así pueden mantener su mercado europeo y evitar competir con los estadounidenses, que tienden hacia el Pacífico mexicano.

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La Riviera Maya, específicamente la zona entre Cancún y Tulum, es su territorio preferido, “donde han invertido no menos de 10 grupos hispanos, como Meliá, Riu, Oasis y otros”. El ex ministro reconoce que actualmente la inversión es relativamente menor que en los últimos años, “aunque ahora acaban de inaugurar Hoteles Occidental y uno que otro desarrollo, pero siempre en la Riviera Maya, que ya está al borde de la saturación”. En general, son inversiones 100% españolas, pero muchas también tienen asociaciones estratégicas o participaciones en grandes grupos turísticos europeos, básicamente ingleses y alemanes (en México, la inversión turística europea es aproximadamente de 10%).

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Desde la perspectiva  del entrevistado, todos los países deberían “empezar a trabajar en sociología del ocio” para investigar los deseos y necesidades del nuevo tipo de consumidor; complementar las ofertas de sol y playa con otras actividades; fortalecer el turismo cultural y el ecológico. En fin, el que quiera promocionar una industria turística, dice, tiene que saber quién es y cómo es su mercado prioritario, “para gestionar y competir bien, en estos tiempos en que la oferta supera con creces a la demanda”.

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