Los vinisnobs

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María Luisa Tavernier

Probablemente usted se ha topado en un restaurante con alguien que elige un vino con una obvia actitud de querer parecer más distinguido o inteligente que los demás, o incluso que se porte con cierta altanería –que, muchas veces, resulta que no es más que ignorancia–; salvo raras ocasiones esa persona casi de seguro puede incluirse en una denominación poco halagadora: los - vinisnobs.

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En contraparte, hay muchas personas que eligen uno por verdadero placer –aunque no sepan mucho de vinos–; entre ellas hay muchos buenos aficionados. Pero hay otra clasificación: se les denomina aficionados serios o buenos conocedores. Son quienes comienzan a gozar desde la elección de un vino; a crear, cuando combinan atinadamente sus alimentos con el vino; los que eligen una cosecha especial para un día especial; leen con entusiasmo artículos sobre vinos y, desde luego, quienes pertenecen a alguna cofradía en la materia.

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Por ahora conviene ocuparse de los que caen en el vinisnobismo.

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1. Por ejemplo, el cliente que llega a un restaurante y se toma varios aguardientes antes de ordenar la carta de vinos, ya comenzó mal desde el punto de vista de un buen -gourmet, debido a que con ello disminuye su capacidad de apreciar tanto el vino como la comida. Si la comida está pensada para acompañarse con vino, es aconsejable que no se intercale con otras bebidas.

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2. El cliente muy rico y dispendioso que pide, por ejemplo, un Château Pétrus 94 en pleno 1997, con toda seguridad probará un vino que no revelará su complejidad aromática y al probarlo lo sentirá áspero y muy astringente, o como se dice en el lenguaje enológico, estará cerrado, porque su maduración armónica comenzará apenas hasta dentro de diez años. Si es -vinisnob, con toda seguridad dirá que el vino está espléndido y quizá hasta deje un poco de líquido en la botella.

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El conocedor nunca pide un grand cru (gran vino) muy joven y –pecado mortal– ¡no lo desperdicia! En todo caso, si ya no apetece más, lo guarda para beberlo al día siguiente. También es -vinisnob el que selecciona un vino destinado a beberse justamente al año siguiente de su cosecha y lo bebe ya viejo. Tal es el caso de los -vinhos verdes de Portugal (la uva con que se producen se cosecha cuando todavía no está madura) o los -Beaujolais borgoñones; en ambos casos, el mejor momento de apreciarlos se da en su extrema juventud. Imagínese a
un -vinisnob eligiendo, en 1997, un Beaujolais 1988, probará un vino ya cansado. Eso debe saberlo el encargado de compras de todo restaurante, quien no puede ofrecer en su carta de vinos uno ya pasado. Por ética profesional hay que sugerirle al cliente sólo lo que está en su punto.

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3. Es vinisnob el que permite que e sirvan el vino en una copa maloliente o demasiado pequeña, con lo cual disminuye el placer de mover la copa y de oler el líquido. El buen aficionado exige la copa absolutamente limpia, sin adornos, con un buen pie y lo suficientemente grande y curvada hacia adentro para gozar más de sus aromas o detectar mejor los defectos, si los hay.

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4. Es vinisnob el que jamás se fija en la fecha de la cosecha (año en que se prensó la uva) cuando ordena un vino o permite que le descorchen, sin su consentimiento, uno de cosecha diferente a la que ordenó. El que sólo pide buenas cosechas, qué bien, si puede darse ese lujo. Pero el -vinisnob cree que sólo se gozan las grandes añadas e ignora que las tablas de cosechas funcionan más bien para los vinos franceses porque el clima de sus principales regiones puede ser errático. En España, Portugal, Italia, México, Chile, no se guían -tanto por las añadas. El buen aficionado pone atención en el año de cosecha, pero no como criterio único para elegir un vino. Las tablas de cosechas son sólo una buena guía, pero no son dogmas de fe.

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5. De los vinisnobs, el que revela más su ignorancia es el que dice que el verdadero vino es el tinto y que los blancos y rosados no lo son. No debe confundirse la preferencia por el estilo de un vino con la negación del que no nos gusta. El -vinisnob ignora que el vino es el jugo fermentado de la uva y que los blancos y los rozados son fermentados de uva. El conocedor serio goza un buen vino con su comida cualquiera que sea su color o estilo, a condición de que armonice bien.

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Cabe decir que si el consumidor sigue estas recomendaciones (unas más sencillas que otras, pero ninguna de las cuales encierra un gran misterio) estará en condiciones de llegar a ser un verdadero -bon vivant, no un pedante.

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