Luces, cámara... bits

La debilitada industria fílmica nacional puede mejorar su salud con la tecnología. ¿El remedio? L
Andrés Piedragil Gálvez

Hollywood es un imperio que no conoce límites. Al hojear la cartelera cinematográfica de cualquier periódico mexicano, una persona descubrirá el poder real de la industria fílmica estadounidense: las películas producidas en el vecino país del norte dominan en las salas de exhibición del país. Durante un fin de semana, evitar a Steven Spielberg, Silvester Stallone o Walt Disney resulta una verdadera "misión imposible".

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En todo el mundo las cintas de la Unión Americana ocupan en promedio 77% del tiempo de pantalla. En México, el arribo del cine del tío Sam tuvo un efecto devastador: hace 50 años, la industria nacional –que vivía la llamada "época de oro"– generaba casi 100 películas al año. Actualmente el sector sólo presenta entre 14 y 20 obras anuales.

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Gracias a la tecnología, el terreno de competencia podría equilibrarse. Por lo menos, no resultaría tan abrumadoramente desfavorable para la cinematografía local. Sony lanzó al mercado la cámara de video digital dsr-500ws, un equipo de grabación que –según quienes lo han utilizado– puede contribuir a mejorar la posición del cine mexicano.

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El sistema ya se presentó en las pantallas del país: el año pasado Arturo Ripstein –uno de los directores nacionales más respetados en el mundo– filmó Así es la vida, película que se grabó totalmente con la cámara de la compañía japonesa. Es decir, la obra es absolutamente digital y la primera de su clase en toda Latinoamérica. Sin embargo, para su exhibición pública, tuvo que transferirse al formato de 35 milímetros: el estándar actual para la producción cinematográfica, y por lo tanto, la base técnica sobre la que operan la gran mayoría de las salas de proyección. Hace unos meses Ripstein repitió la experiencia con la cinta La perdición de los hombres.

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Expansión charló con Jorge Sánchez, director general de Amaranta Producciones, y productor de las películas de este director. Según él, el cine digital es una tendencia que ya nadie podrá detener. Eso beneficiará a los cineastas y cinéfilos mexicanos.

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¿Por qué apostar por el formato digital?

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Arturo Ripstein, un fanático de las nuevas tecnologías, es el primer impulsor del proyecto. Para él, este ámbito representaba un gran reto estético. En el lado de la producción, el formato ofrecía ventajas económicas. Además, tomando en cuenta el momento actual del cine mexicano, representaba una herramienta ideal: en Latinoamérica, la industria estadounidense ocupa prácticamente todo el tiempo de pantalla. Los sectores nacionales, sin grandes presupuestos, tienen un volumen de producción sumamente bajo. Por ejemplo, a escala nacional, están muy limitados actualmente –a causa de la escasez de recursos financieros–, temas, propuestas y aparición de nuevos directores.

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Paradójicamente, los mercados cinematográficos están creciendo en el país: hay un aumento inusitado en el número de salas de exhibición y los nuevos medios –como internet y DVD– también muestran señales de gran penetración comercial. Las características del formato digital brindan una oportunidad valiosa: al no exigir el desembolso de enormes presupuestos aumentan la producción local, se diversifica la oferta temática y, por consecuencia, se ocupa más tiempo en las pantallas de los cines.

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En términos de la producción fílmica, ¿qué ventajas brinda la opción digital?

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La necesidad de generar contenidos crece y los costos de la producción también. La alternativa digital ofrece una importante reducción de costos, ya que el proceso de creación se realiza en un tiempo menor al tradicional. En el cine, como en otras actividades, el tiempo es dinero. Asimismo, el formato reduce la participación de elementos humanos y técnicos, es sumamente versátil. Si la película de Ripstein se hubiera filmado en 35 milímetros, su costo mostraría un incremento de 50 o 55% [en México, según fuentes de la industria, crear una cinta genera un gasto promedio que va de $800,000 a $2 millones de dólares]. Eso es más que significativo.

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¿La labor en el set de filmación también cambia?

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Al reducir los gastos, se amplía la posibilidad de contar nuevas historias. Ya no hay que estar atado al concepto elitista del cine. En el ámbito interno, el formato digital democratiza el trabajo, le otorga fluidez a la operación del equipo. Pero la tecnología no borra las jerarquías. Las decisiones importantes, como siempre, se definirán en el nivel de la dirección y la producción. Sin embargo, se ha exagerado la noción de gran escala. El muchacho que se gradúa de la escuela de cine sólo se imagina que está filmando una obra, cuando cuenta con cinco camiones cargados de equipo y un gran staff de técnicos de iluminación. Eso está mal. Las cosas se pueden hacer de otra manera.

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¿El sector de la exhibición está preparado para el formato digital? Hoy tiene que transferirse a 35 milímetros. ¿Qué implica, en ese sentido, la llegada de una nueva alternativa?

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Ese tema apenas se está discutiendo y en todo el mundo hay una gran polémica al respecto. No obstante, el auge de la producción digital es un hecho inminente. ¿Quién tiene que asumir el gasto de la remodelación o de equipo en las salas de exhibición? Para los proyectores de las cintas, las distribuidoras y los productores deben contribuir económicamente en el proceso; ya que –consideran– ambas instancias serán las más beneficiadas. Según ellos, mientras el precio de un boleto no puede modificarse en forma sustancial, los gastos de productores y distribuidores sí pueden reducirse significativamente. El tema aún está por resolverse.

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¿Qué tanto cambiarían las salas de proyección?

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Actualmente la proyección en 35 milímetros está muy automatizada y no exige contar con un personal numeroso. Bajo la tecnología digital, el proyector probablemente sólo necesitará una antena receptora, la cual captará una señal codificada que se programaría en los términos acordados por el distribuidor y el exhibidor. En Latinoamérica, el proceso de reconversión de las salas tomará siete o 10 años, y estará impulsado por el auge del cine digital. Los cineastas filmarán directamente en ese formato: ya no será necesario transferir la obra a celuloide. Además, para los medios de comunicación del futuro –en términos de difusión, proyección o distribución– el formato perfecto es el digital. En todas las circunstancias, el estándar funcionará como la copia maestra.

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Cuando la transformación de formatos deje de ser un requisito, ¿cómo reaccionarán las audiencias ante un cine 100% digital?

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El espectador es una moneda en el aire. La aceptación del público es un aspecto sobre el que todavía hay que investigar más. Sin embargo, no se observa un síntoma de rechazo. Al contrario, el cine digital despierta curiosidad e interés; sobre todo cuando hay elementos asociados interesantes –director, historia, estilo–. La gente ya conoce algunas propuestas radicalmente digitales, como las películas de George Lucas, autor que diseña casi todo en términos de ese formato.

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