Luzca en la vitrina digital

Las transacciones en línea invaden todas las industrias. Quien se quede al margen, tendrá problema
Lucía Pérez-Moreno

Internet está llena de catálogos que tienen por objetivo vender toda clase de productos. Sin embargo, pocas listas funcionan como vehículo de comunicación electrónica entre proveedores y comerciantes; de hecho, con la masificación de las computadoras, las reglas del juego comercial están cambiando. Por ejemplo, actualmente, los grandes comerciantes en México tratan de convencer a sus abastecedores, grandes y pequeños, de formar una gigantesca red de intercambio de información.

- Ese proyecto, concretado en meses pasados, es pionero en toda América. Sus metas son ambiciosas porque, según sus creadores, se trata de colocar en línea algo así como cuatro millones de productos en los próximos años. Toda la información será validada por la Asociación Mexicana de Estándares para el Comercio Electrónico (AMECE), que también es responsable de difundir el plan entre sus cerca de 15,000 agremiados.

- Las razones para hacer este catálogo son poderosas. Los comerciantes estiman que podrían ahorrar grandes sumas de dinero pasando la información por un filtro. Y es que los errores de tecleo a la hora de introducir datos, así como las falsificaciones de los códigos de barras, tienen un alto precio. “Los costos ocultos son muy grandes”, reconoce Miguel Ángel Peralta, gerente de identificación de la AMECE.

- Un caso típico de falla es cuando un mismo código de barras es utilizado en dos productos totalmente diferentes. El entrevistado afirma que en ciertas muestras hay niveles de discrepancia de hasta 50%. Esta diferencia crea muchos problemas en el levantamiento de los pedidos.

- El catálogo, dicen los comerciantes, acabará con estas divergencias pues los productos estarán validados antes de ser aceptados. A decir de Sergio Ferragut, director de sistemas y logística de la cadena Gigante, “el objetivo es que la información que pasa entre el productor y el comerciante esté 100% libre de errores”.

- Otro beneficio grande es que los proveedores podrán ahorrar tiempo de presentaciones, así como en enormes cantidades de papel en publicidad impresa. De igual manera, tendrán la posibilidad de modificar su información en línea sin incurrir en costos adicionales. Esto hará que, a la larga, la cadena de suministro nacional se vuelva más eficiente.

- Roberto Pedraza Pinillos, gerente de sistemas en Gamesa, asevera que el catálogo electrónico facilitará el trabajo de los proveedores porque sus productos ya no serán rechazados por no traer bien su código de barras. “También habrá –dice– menos aclaraciones entre unos y otros”.

- En la primera etapa de integración no se incorporarán imágenes, pero más adelante se buscarán definir espacios para los productos en una “planogramación”, con el fin de intercambiar información sobre dimensiones y peso de los artículos. La idea es colocar éstos en anaqueles virtuales para que los usuarios del catálogo electrónico puedan pasearse en línea con sus carritos de compras.

Muchos planes, pocos resultados
Por ahora, los más interesados en este catálogo son las grandes empresas de autoservicio y departamentales. Sin embargo, el reto es integrar a los miles de pequeños y medianos comerciantes que continúan ignorando este proyecto. La mayoría no cuenta siquiera con las herramientas para colocar sus productos en línea ni tiene cultura de cómputo. Aunque Peralta acota: “Cualquiera que desee darse de alta no necesita tener una computadora; existe la opción de ir a un cibercafé”. - Por su parte, Pedraza adelanta que la participación de los pequeños empresarios en el catálogo electrónico se dará de manera natural, porque aquellos que no tengan sus productos en línea van a pasarán por procesos más engorrosos y complicados para vender: “Desde pedir cita, hasta revisar el artículo con el comprador”, ilustra. El ejecutivo de Gamesa está seguro de que todos los proveedores que quieran entrar al gran comercio tendrán que pasar, algún día, por el catálogo: “No por ley, sino por necesidad.”

- Julieta Peñaloza es, por ahora, la única microempresaria que ha colocado sus productos en el catálogo. Ella distribuye ropa a las grandes tiendas departamentales y de autoservicio. Con base en su experiencia, afirma que fue fácil y rápido meter la información de sus productos en línea pero, también, reconoce que hasta ahora no ha visto resultados pues “todavía son pocos los compradores que entran al catálogo”.

- El número de empresas que han mostrado interés en este proyecto es muy bajo. A tres meses de su arranque, el catálogo apenas contaba con 30 compañías inscritas. Sin embargo, se espera atraer a cerca de 3,000 firmas durante el 2000.

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- Sus arquitectos saben que mientras no exista una masa crítica dentro del catálogo, su objetivo será muy limitado. Por eso, están tratando de atraer a la mayor cantidad posible de participantes. No saben en qué terminará este proyecto, pero están seguros de que, en el largo plazo, se integrará toda la información de manera electrónica para que las empresas puedan hacer consultas, pedidos y facturas desde sus computadoras personales.

- La apuesta es a que este catálogo electrónico se convierta en un detonador para fomentar relaciones más ágiles entre los operadores del mercado. La necesidad de ser rentables, sin duda, obliga a buscar nuevas alternativas.

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