Magistral adiós

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Antes de grabar Réquiem for my friend (Réquiem para mi amigo), el polaco Zbigniew Preisner ocupaba ya un lugar de privilegio entre los compositores para el celuloide. Buenos ejemplos de su producción son: Obsesión , de Louis Malle; Cuando un hombre ama a una mujer, de Luis Mandoki; El jardín secreto, de Agnieska Holland; aunque, sin duda, se le conoce más por su estrecha colaboración con su compatriota Krzysztof Kieslowski. Imposible olvidar las partituras de Decálogo, La doble vida de Verónica o el trío de cintas que forman Tres colores.

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Tiempo atrás, Preisner y Kieslowski habían planeado crear un concierto que combinara ópera y dramaturgia para presentarlo en la Acrópolis ateniense. Pero, según palabras del propio compositor: “...la vida fue la autora de un final diferente: Kieslowski murió el 13 de marzo de 1996”.

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Este réquiem no sólo es una elegía para el amigo ido, sino una genuina aportación a la música culta contemporánea. Y, a manera de contraste, la segunda obra de esta grabación, “Vida”, es una celebración donde se conjugan momentos exquisitos de amor, reflexión y dolor. Interpretan el Quinteto de Cuerdas dirigido por Roman Rewakowiz y la Orquesta Sinfonía Varsovia con Jacek Kaspsszk en la batuta. Voces excepcionales son las de la soprano Elizbieta Towarnicka y los contratenores Dariuz Paradowski y Piotr Lykowski.

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Para los que siguen el pulso de los aportes musicales contemporáneos, esta grabación, producida por la firma Plus, es pieza nodal.

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