Management de ojos rasgados

Yakult aplicó en México las máximas de la filosofía oriental para lograr el éxito. Trabajar en
Juliana Fregoso

Reza un dicho: a la tierra que fueres has lo que vieres. Hace 23 años la empresa japonesa Yakult llegó a México y, a pesar de tener los pies en tierras extrañas, a su director general nunca le pasó por la cabeza adoptar ese lema.

- Al revés: importó la filosofía oriental para posicionar una marca sin necesidad de grandes inversiones en mercadeo, publicidad ni imagen.

- Desde hace un tiempo circula en la Red un correo electrónico donde Carlos Kasuga, titular de la firma, cuenta la historia de éxito de la compañía. Ese mensaje fue el que suscitó el presente informe: una mirada más a fondo de esta empresa tan conocida y desconocida a la vez.

- Carlos Kasuga (nacido en el Distrito Federal, de padres japoneses que emigraron a México en los años 30), es un hombre de baja estatura que afirma con orgullo que “es de hechura japonesa, pero de manufactura mexicana y, como todo lo hecho en México, estoy bien hecho”.

- Su currículum es vasto y variado: es contador público, presidente del Consejo Directivo de Yakult, presidente del Consejo de la fábrica de juguetes inflables Kay, fundador del Liceo Mexicano Japonés; presidió los festejos del 90 aniversario de la migración japonesa a México y dirige el Instituto Nacional de Ciencias de la Vida, dedicado a difundir la ideología del bien vivir.

- En su tiempo libre recorre las universidades del país dando conferencias y compartiendo con los jóvenes el pensamiento empresarial japonés.

- Ante todo trabajo en equipo
¿Cómo ha logrado construir esa historia? “Con sangre, sudor y lágrimas”, responde Kasuga, y reconoce que su primer gran reto fue conocer a fondo el carácter nacional.

- Cuando se trata de definir al mexicano siempre viene a la mente ese viejo cuento del bote lleno de alacranes que, en cuanto notan que uno de sus compañeros está por salir, empiezan a meterlo de nuevo. Este vigilar constante de lo que hacen los otros no sólo impide a las compañías seguir su camino, sino también conseguir el éxito. Si se aplicaran los principios de la filosofía corporativa japonesa, las cosas serían a la inversa: en lugar de tratar de regresar al alacrán, los demás lo ayudarían a salir para que fuera por ayuda y regresara a sacarlos a todos.

- El trabajo en equipo es la clave nipona y la fórmula mejor guardada por Yakult, más que la del yogur de las pequeñas botellitas. La colaboración incluye todos los procesos: empieza desde la planeación y llega hasta la ejecución. La idea es considerar a cada empleado como parte de un engranaje y que cada uno sea consciente de que para que la maquinaria funcione todos deben estar coordinados.

- Así de simple es el proceso puertas adentro que permitió a la firma posicionarse en el mercado de bebidas lácteas fermentadas, a pesar de su austero empaque y una publicidad basada en el esquema de puerta en puerta.  Kasuga acertó al importar no sólo la marca de yogures sino también este tipo de ventas que fue exitoso por más de 40 años en Japón.

- A través de su fuerza de ventas, la marca recluta amas de casa y cualquier otra persona que quiera ofrecer el producto. Las distribuidoras en grupo planean las rutas, los objetivos, plantean los inconvenientes y ponderan los resultados. “Sólo 30% de nuestras ventas se realiza en los supermercados, el resto se consigue gracias a las más de 6,000 distribuidoras”, afirma el empresario.

- La táctica japonesa ha permitido que hoy casi 5% de la población en nuestro país consuma este yogur, del cual diariamente se venden dos millones de unidades.

- No sólo a la hora de trabajar se aplican las máximas cooperativas: en compensaciones o ascensos el beneficio es para todos y no para unos cuantos inversionistas. La diferencia de sueldo entre el presidente de la compañía y el obrero de más bajo nivel es sólo ocho veces superior.

- La pizarra delatora
“Cuando trabajaba en Yakult teníamos acceso a una biblioteca con libros de superación personal y un maestro de origami para cuando estuviéramos estresados. Todos los martes había una reunión donde cantábamos el himno de la empresa y recordábamos sus objetivos”, narra una ex empleada administrativa de la planta de Guadalajara. Además, quien quisiera podía tomar clases de japonés gratis.

- Nada de memoranda. La comunicación se maneja por medio de una pizarra. Allí, a la vista de todos, cada día se anotan los objetivos trazados por los gerentes de distribución de cada sucursal; los logros se ponen en negro y lo que no se ha cumplido en rojo. “Cuando uno ve que algunos tienen muchos rojos no hace falta gritarles ni decirles nada, solos se dan cuentan de que andan mal”, afirma el directivo. Si alguien tiene mala racha, se integra un equipo que lo ayuda a salir del bache. Como los alacranes.

- No toda la historia de Yakult ha sido como fabricar simpáticas formas en papel.

- Aplicar un método oriental y un tipo de management culturalmente diferente no es fácil en tierras mexicanas. Enfrentarse con el sindicato fue uno de los primeros reveses, porque, curiosamente, las negociaciones contractuales son al revés: en Japón los acuerdos se basan en ofrecimientos del sindicato y no en peticiones.

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- Gracias a mucho tacto y toque zen, con el tiempo el gremio también se adaptó al modelo japonés y ahora “nuestros empleados reciben utilidades de no digo cuanto, porque no quiero que los asalten”.

- Tanto a los 1,800 empleados de la compañía, como a las miles de distribuidoras, cada año se les premia con viajes y convenciones en los que aprenden una nueva filosofía, para la vida y para el trabajo.

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