Manual para los“nuevos” tiempos

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Ricardo Medina Macías

Allá por los primeros días del año, el Presidente nos avisó que somos un país pobre. Esa fue una más de las múltiples señales de que las cosas han cambiado una barbaridad en los últimos meses.

- Hace unos meses apenas éramos país rico, matriculado en la OCDE, en el umbral del Primer Mundo y de pronto, como en el programa gubernamental de austeridad, nos regresan con estruendo, ya no digo a la clase turista, sino al compartimiento del equipaje.

- Después de una larga conversación con el Gordo Basurto, he llegado a la conclusión de que el señor Presidente se equivocó: no somos un país pobre, somos un país con muchos pobres, y con la manía de verse al espejo para decirse en el tono de César Vallejo: El día que nací, Dios estaba enfermo, por eso nuestros preclaros cantores de la austeridad suelen citar a López Velarde y su Suave Patria, siempre fiel a su espejo diario.

- Pero ese asunto de la "pobritud" (Clotilde dixit) es mejor dejarlo para los créditos de El Colegio de México.

- Lo importante es que hasta un ciego puede ver, por múltiples avisos, que en México las cosas ya no son como antes. Entre otras cosas, desde luego el dólar se nos encareció, el salario se nos encogió y las deudas se nos agigantaron.

- Por ello, con la infaltable ayuda del Gordo, he tratado de hacer un pequeño manual que sirva para adaptarse a los nuevos tiempos. Hay modas que regresan, otras caen en desuso. Palabras que ganan de nuevo los grandes espacios en los medios de comunicación y otras que lo pierden.

- Veamos: la retórica encendida sobre la soberanía vuelve a circular. Don Heberto, por ejemplo, habla de hacer barricadas para defender nuestro petróleo de las ávidas garras del Imperio y sentencia que es mejor quemar el chapopote (para escándalo de los ecologistas), antes que regalárselo a los arrogantes estadounidenses.

- También está de moda citar a Benito Juárez, despotricar contra ]a otrora popular globalización, decir que el anterior gobierno fue arrogante, taimado y mentiroso.

- El gran Cuau propone en el Zócalo hacer un plebiscito para decidir si aceptamos $40,000 millones de dólares de ayuda estadounidense o si, mejor, los rechazamos con dignidad de “pobres, pero honrados". De lo que no se ha enterado el gran Cuau es de que nadie nos va a dar $40,000 millones de dólares. Confundido (cosa rara en él), Cuauhtémoc Cárdenas parece ignorar la diferencia entre un aval y un crédito.

- Para no quedarnos atrás, el Gordo y un servidor proponemos hacer un plebiscito nacional para decidir si al gran Cuau le envían de embajador a Burkina-Fasso o lo hacen jefe de los asesores presidenciales.

- Antes, el señor Presidente salía a todas partes en giras de todo tipo. Los primeros días de la semana eran para el México rico (empresarios, inversionistas extranjeros, congresos sobre modernización, globalización, apertura, calidad total y expectativas infladas), las últimas jornadas de la semana eran para el México de Solidaridad y, chequera en mano, se anunciaban nuevas escuelas, carreteras, clínicas rurales y obras hidráulicas. Palabra cumplida, ó no?

- Ahora, el Presidente despacha en Los Pinos todo el día y allá van los egresados de la Escuela Nacional de Politología Aplicada en las Coyunturas (o algo así), para ser apadrinados y apercibidos por las palabras presidenciales: la unidad es lo primero y Pemex no está en venta.

- Cuestión de estilos, dirán los enterados. Cuestión de sacar del arcón centenario de la retórica revolucionaria: cosas nuevas y viejas para dar la ilusión de cambio. "La novedad, madame -decía la modista de Maria Antonieta-, es que la gente ha tenido tiempo para olvidar" (esta frase ya la cité hace unos cuatro o cinco años, pero seguramente al lector ya se le olvidó).

- Mientras tanto, los empresarios vuelven a ser nacionalistas y prometen cuantiosas exportaciones, apoyados en el competitivo tipo de cambio. De nuevo, ante cualquier solicitud de aumentos al salario se recuerda que hay que preservar la planta productiva. En unos días, puede usted apostarlo, se pondrá en circulación aquello de administrar la crisis.

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- Pero otros dicen que nada ha cambiado. Por ejemplo, el New York Times del 22 de enero comenta que en los años de elecciones presidenciales hay dos grandes tradiciones en México: la primera es que, pese a cualquier profecía en contra, vence el partido gobernante (léase el PRI), la segunda es que se produce como por arte de magia una macrodevaluación histórica.

- El autor es egresado, de la licenciatura en Comunicación de la Universidad lberoamericana, periodista especializado en economía y finanzas y director editorial del diario, El Economista.

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