Mapa de la nueva petroquímica

Luego del viraje en el proceso de privatización de la industria petroquímica, en medio aún de ind
Eduardo Huerta

Muy temprano, la mañana del 14 de octubre de 1996, horas después de que el gobierno federal anunciara su nueva estrategia para la venta de la industria petroquímica secundaria, James Jones visitó a Luis Téllez, jefe de la Oficina de la Presidencia. El funcionario intentó explicarle al diplomático estadounidense las bondades del nuevo esquema. Pero el viraje en el proceso de enajenación tenía molestos a más de un par de inversionistas nacionales y extranjeros.

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Apenas un año antes se les había anunciado que el sector secundario de Petróleos Mexicanos (Pemex) se pondría a la venta, lo cual significaba que el gobierno vendería 61 complejos, operación que, según la autoridad, podría representar más de $6,000 millones de dólares que terminarían en las arcas de la Federación. Pero la estrategia original, que prometía una desincorporación total, se trasmutó en un salomónico esquema que bajo ninguna circunstancia permite que quede fuera el capital privado nacional, con lo cual se obtuvo el visto bueno de los legisladores del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el Senado. Así, el Estado mexicano mantendría el control de la petroquímica secundaria de Pemex con 51% de participación, mientras que el restante 49% de las acciones podría ser adquirido por particulares nacionales o extranjeros vía la Bolsa Mexicana de Valores. Se permitiría, además, la inversión libre de empresarios mexicanos o extranjeros para abrir una nueva planta sin restricción alguna.

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Jesús Reyes Heroles, titular de la Secretaría de Energía, trató de justificar la nueva estrategia argumentando que ésta aceleraría el ritmo de expansión de la capacidad productiva y promovería la “máxima inversión privada en nuevas plantas”. Ya bajo el citado esquema, se crearon 10 empresas, en las que Pemex Petroquímica quedará como controladora y que deberán estar privatizadas a más tardar para el próximo verano.

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CASTIGO A LA INDEFINICIÓN
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Más allá de las declaraciones políticas e ideológicas pronunciadas por diversos actores sociales, hay que sumar cuatro años más en los que el gobierno no ha invertido un centavo en el sector de la petroquímica, porque “iba a vender”, mientras que la iniciativa privada tampoco puso ni un peso, en espera de la privatización.

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Ante lo lento del proceso y el drástico viraje del mismo, los ojos de las petroleras multinacionales comenzaron a mirar hacia otras latitudes. Con las promesas no cumplidas, el país perdió inversiones de firmas como Mobil Oil, que canalizó hasta $1,000 millones de dólares hacia países como Rusia, Australia, Perú y Venezuela, donde ya hay reglas claras para estas compañías.

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Rodolfo Müller, director de Nuevos Negocios para América Latina de Mobil Oil, asegura que, como compañía de energéticos, mantiene interés por invertir en donde existan las oportunidades, sea en el Lejano Oriente o en México. “Los directivos luchan por atraer el capital de Mobil Oil al país en que trabajan. Todos se quieren llevar su rebanada de pastel”, comenta.

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Sin embargo, luego de que Tony Turchi tomara el cargo de director de Mobil Oil México –el mayor comprador de petróleo crudo mexicano–, al cuestionársele sobre el interés de la firma por activos del sector petroquímico, aseguró, flemático : “Estamos evaluando las posibilidades”.

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Según la Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ), en México ya están comprometidas inversiones por $900 millones de dólares, aunque Venezuela, Argentina y Brasil son naciones cada vez más atractivas para los inversionistas. Por su parte, la Asociación -Petroquímica Latinoamericana prevé que durante el próximo lustro se invertirán cerca de $12,000 millones de dólares en el subcontinente.

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A pesar de haber sido expulsadas de Venezuela hace 20 años, las grandes compañías petroleras regresan con más bríos al país que se ha convertido en el polo más interesante para la explotación del sector petrolero. British Petroleum, Exxon, Mobil Oil, Royal Dutch-Shell, Conoco, Amoco y Nippon Oil, entre otras, invertirán en conjunto unos $6,000 millones de dólares en el sector petroquímico venezolano.

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La certidumbre jurídica, de la mano de reformas políticas, económicas y sociales en Brasil y Argentina, justifican inversiones de $3,500 y $2,500 millones de dólares, respectivamente, en aquellos países. Ello sólo se entiende como el resultado lógico de un proceso privatizador bien definido, que ha avanzado sin pausa.

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LARGO Y SINUOSO CAMINO
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La Secretaria de Energía ya ha comunicado que el esquema de participación en las 10 empresas que administran sendos complejos petroquímicos será de 51-49, y que se respetarán los acuerdos contractuales a que llegue Pemex -Petroquímica con el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM). Además, las empresas estarán sujetas a los procesos de control de los recursos públicos, y habrá comisarios titulares y suplentes de la Secretaría de la Contraloría y Desarrollo Administrativo. Pero las empresas privadas podrán construir plantas propias, sin participación estatal, si así lo desean, aunque en este rubro aún quedan por definir detalles fundamentales.

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Todavía no se sabe quién administrará los complejos, ni cuáles serán los mecanismos para la toma de decisiones, ni cuanto el monto que pagarán las empresas por el 49% sujeto a venta. Se ignora bajo qué esquemas se definirán las relaciones con consumidores y proveedores, así como a cuántos asientos tendrán derecho los empresarios privados y cuál será su poder de decisión en el consejo de administración de las empresas una vez privatizadas. Tampoco está claro si el gobierno dará preferencia a los inversionistas mexicanos por encima de los extranjeros, basándose en la reserva del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLC).

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Raúl Millares, presidente de la ANIQ y director de Polioles (firma de Alfa y BASF), califica a todo el proceso como el perfecto ejemplo de una “privatización a la mexicana” y agrega que, en el momento actual, “estamos en un compás de espera para acabar de entender qué rumbo tomará la industria petroquímica. El sector está a la expectativa”.

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El representante industrial confía en que, una vez que se defina correctamente el panorama del sector, podrían llegar inversiones al país por $1,000 millones de dólares anuales durante los próximos cuatro o cinco años.

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Millares espera que no se intente satanizar a la inversión extranjera a los ojos de la opinión pública nacional. “Al contrario de lo que sucedió con las inversiones golondrinas, que sólo buscaron el mercado de valores o los bonos gubernamentales, estos capitales van a arraigarse en el país.”

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Müller, por su parte, subraya que “en México, específicamente, somos prudentes. Estamos mirando y participando en todo aquello que pueda darse. Habría que ser miope para no ver el potencial de este país”. Agrega que hay lugar suficiente para todas las empresas interesadas en la petroquímica secundaria y confía en que no habrá una sola compañía que llegue a comprarlo todo. Existen áreas específicas de la petroquímica que a Mobil Oil le interesan, como poliestirenos, plásticos y aromáticos.

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Gilberto Ortiz Muñiz, presidente del Comité de Enlace entre Canacintra y la Secretaría de Energía, recuerda que, tras la definición de los detalles de la privatización, se requerirá un programa de fomento de la industria. Un esquema, sostiene, con objetivos y metas a largo plazo, bien definidos, con estímulos reales, que debe incluir aspectos como infraestructura carretera y portuaria, así como el establecimiento de un compromiso por parte de las empresas para construir más complejos petroquímicos.

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Según el funcionario de Canacintra, en el próximo siglo el número de las plantas petroquímicas que existen en el país (61) deberá duplicarse e incrementar su capacidad. Por ello, lo más recomendable es que el petróleo se transforme en México, lo cual eliminaría la actual necesidad de importar productos secundarios. Si esta tendencia se mantiene, en el mediano plazo afectará la balanza comercial del país. “Vendemos el barril de petróleo en $20 dólares, para que después nos lo regresen transformado en $500 dólares.”

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Fernando Gutiérrez-Saldívar y Arturo García, de Grupo Idesa, son más directos y sostienen que en esa empresa existe un solo propósito: “Llámenle privatización, desincorporación o venta; pero queremos ingresar al cambio”. Gutiérrez-Saldívar, presidente ejecutivo del consorcio mexicano, demanda una integración de la materia prima a los procesos de transformación para tener mayor competitividad y “ser dueños de nuestro futuro”. Sin embargo, para superar el rezago del sector petroquímico mexicano, se requiere que las nuevas compañías trabajen como empresas privadas. Este esquema obligaría a establecer planes de mediano y largo plazos, por lo que, más que un programa, es necesaria una política de energía en la que no se cambien las reglas cada seis años. En México, resume, se requiere de certidumbre, “para saber hacia dónde vamos”.

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Arturo García, director corporativo del grupo, explica por su parte que, de la manera como se integren y definan los estatutos de las nuevas empresas, dependerá el éxito de la privatización. Los accionistas, dice, invertirán en proyectos viables, sujetos a los esquemas de la libre empresa.

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Los empresarios confían en que, a pesar de ser accionistas minoritarios, las compañías contarán con capacidad para influir en la administración de las nuevas corporaciones. “Si las reglas no son claras o no se presentan las condiciones idóneas, las empresas privadas no ingresarán al esquema. Lo único que pedimos es no ser absorbidos por Pemex ni por empresas extranjeras, sino trabajar todos juntos”, agrega Gutiérrez-Saldívar.

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QUÉ Y QUIÉNES
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Luego de que Pemex Petroquímica dividió sus 61 plantas petroquímicas en 10 complejos, British Petroleum, BASF y Shell reactivaron sus esfuerzos de cabildeo para que la venta se verifique. Fuentes cercanas a estas multinacionales sostienen que, por el momento, están estudiando el proceso. No obstante, otras firmas, como Resistol, han informado que no están interesadas en la privatización. La Secretaría de Energía designó a JP Morgan como encargada de recoger impresiones entre las empresas interesadas en el proceso de privatización para luego presentar un diagnóstico.

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Uno de los complejos más codiciados es La Cangrejera (no sólo el más grande del país, sino también del mundo), que integra plantas que desarrollan las cadenas del -etanoetileno y sus derivados, así como la cadena de aromáticos. Morelos, el segundo complejo en importancia del país, procesa acetaldehído, etileno, glicoles, propileno y -polipropileno, entre otros. Entre las empresas interesadas en estos dos complejos están Alfa, Celanese, Cydsa, Desc, Idesa, BASF y Dow Chemical.

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Constituido a finales de los años 60 como el primer complejo petroquímico mexicano, Pajaritos se compone por un conjunto de plantas estrechamente relacionadas desde el punto de vista productivo, las cuales elaboran productos como etileno, acetaldehído, cloruro de vinilo, MTBE y percloroetileno, entre otros.

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Cosoleacaque es uno de los más grandes centros productores de amoniaco en el mundo. Salamanca cuenta con una planta de amoniaco de escala media y otra de alcohol isopropílico de baja escala. Camargo también se especializa en la producción de amoniaco. Tula, el séptimo complejo a la venta, tiene una planta de acrilonitrilo que abastece a las plantas productoras de fibras, resinas y hules ubicadas en el centro del país. San Martín Texmelucan satisface parcialmente la demanda de los fabricantes de fibras y resinas de la región. Escolín elabora productos derivados del etano, específicamente etileno y polietileno, de alta y baja densidades. Reynosa, por último, posee una de las plantas más antiguas de Pemex Petroquímica, dedicada a la elaboración de etileno y polietileno de baja densidad.

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Existen otras empresas extranjeras (como Chevron, Exxon, Bayer, British Petroleum) que en la recta final podrían mostrar su interés. Algunas, seguramente, se decidirán por invertir en una planta totalmente nueva de etileno, que podría costar hasta $400 millones de dólares, o bien por reactivar una de las plantas del complejo Cosoleacaque, lo cual sólo implicaría un desembolso de $150 millones de dólares.

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Este es el mapa de la nueva petroquímica mexicana.

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