Maquiladoras. Bolsas de dinero

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Óscar González Cariño

Roberto Toledo ve los resultados de su empresa en 1999 y no es difícil que su rostro muestre una sonrisa: ese año facturó casi $2 millones de dólares. Lejos quedaron los días de angustia cuando, en 1992,  a los 46 años de edad, perdió su trabajo.

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Como desempleado se dedicó a empaquetar camisetas en bolsas de plástico. Sacó al patio de su casa tres mesas y contrato a diez vecinas, con las que cumplió sus encargos. Al ver el potencial de esa actividad maquiladora se dio a la tarea de buscar más clientes que necesitaran embolsar su producto. “En las mañanas andaba de overol y en la tarde, de traje, buscando clientes”, recuerda.

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Después de varios pequeños trabajos se presentó el primer gran pedido. Gillette le encargó reetiquetar 1,000 desodorantes. De repente, el nuevo empresario tenía más de 40 personas a su cargo y en 1997 cambió el patio por una nave industrial. Sipycsa, como bautizó a la empresa, cuenta hoy con clientes de la talla de BDF, Unilever y Sonric’s.

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“Recibimos los productos que devuelven de los puntos de venta, damos nueva presentación a los que la necesiten o simplemente empaquetamos”, dice.

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