María Aurora Campos de Díaz. Una mujer

Especializada en la decoración de espacios corporativos, esta empresaria ha sobrevivido varias deva
Dino Rozenberg

Es la primera mexicana graduada en diseño industrial, y aunque continuó sus estudios en Estados Unidos, Italia y Alemania, reconoce que si volviera a nacer no repetiría la experiencia. Pero el caso es que, si no hubiera pasado por aquellas aulas, Maria Aurora Campos de Díaz seguramente no seria lo que es hoy: la cabeza de Grupo Di, una empresa con 120 trabajadores, y una de las expertas más reconocidas en decoración y mobiliario de oficinas y espacios corporativos.

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Los resultados de Grupo Di, son también notables. Durante los últimos seis años (1989‑1994), esta firma ha experimentado un crecimiento promedio anual en sus ventas de 36.61%, si bien no se toman en cuenta los efectos de la inflación. Asimismo, de 1990 al año pasado, su capital contable se ha incrementado a un cociente de 32.15% cada año; mientras, de 1992 a 1994, los activos crecieron anualmente 26.03%, en promedio.

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Inicio con arquitectos. Hija de un médico, la señora Campos de Díaz es el retrato vivo de una emprendedora que alcanzó el éxito sin ningún capital pero con mucho esfuerzo. Instalada en uno de sus elegantes sillones ergonómicos, que se ensamblan en una planta de 4,000 metros cuadrados, la empresaria recordó sus pininos en los negocios.

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"A mi regreso de Europa, en lugar de dedicarme al diseño industrial, me involucré en un despacho de arquitectos, dedicados al diseño de interiores. Así fue como empecé a desarrollarme en la decoración de oficinas, que ha sido el tema principal de todos mis proyectos empresariales."

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Más pronto que tarde se disolvió aquella sociedad, y María Aurora se lanzó de lleno a la actividad empresarial: instaló su primera tienda en la calle Alta vista, en el barrio de San Ángel, al sur de la ciudad de México (sin imaginar que con los años se convertiría en la elegante calle comercial de estos días), y se puso a distribuir los muebles Knoll.

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Ahí descubrió su segunda vocación, y quizá la más arraigada: ser buena administradora, financiera arriesgada y ordenada planificadora. De aquellos años datan algunos de sus grandes e inusuales proyectos, como la decoración del despacho de un secretario de estado cuyo nombre, discretamente, prefiere silenciar.

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"Como él no tenia tiempo de ver los catálogos ‑recuerda‑, tuvimos que instalar los muebles durante la noche, para que los probara, y aprobara, durante la mañana. La primera vez no le gustó nada, así que la noche siguiente repetimos toda la operación. Otra vez vio el arreglo y dijo que tampoco. No sé cuántas veces repetimos la maniobra nocturna hasta que el ambiente fue de su agrado... y pudimos dormir tranquilos."

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Desde entonces, ya se han verificado varias devaluaciones y otras tantas crisis, y Grupo Di, casi sin darse cuenta, creció hasta alcanzar sus dimensiones actuales.

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La empresaria reconoce que este desarrollo, que nunca la atemorizó porque fue paulatino y planeado, no hubiera sido posible sin el apoyo de su esposo, un arquitecto que trabaja en la industria de la construcción, pero que nunca se involucró directamente en el negocio.

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En lugar de reclamarle ausencias y deberes familiares, siempre la apoyó y le estimuló sus ganas de trabajar. Todavía mejor, su solvencia económica liberó a la señora Díaz de preocupaciones financieras: "Nunca nos faltó de comer, y esa seguridad me dio la libertad para hacer maniobras de mucho riesgo. Sabía que si lo perdía todo no iba a pasarnos nada grave, y eso me dio un enorme espacio para maniobrar".

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Cuando llegó la apertura comercial y se abrió la posibilidad de hacer importaciones, la relación con Knoll había pasado a mejor vida, de modo que Grupo Di encontró un excelente nicho para abrir nuevos mercados. Con más experiencia pero la misma osadía, contactó a varios fabricantes de muebles y sillería de Italia, con mucho el mercado de diseño más importante e innovador de la actualidad.

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Así fue como la sala de exhibición se pobló de escritorios, sillones, mesas y accesorios de impactante presencia, funcionales y de una gran calidad. Estas novedades no pasaron desapercibidas para los arquitectos mexicanos, que desde entonces son sus asiduos visitantes y amigos.

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“Trabajamos mucho con los arquitectos, porque son los consumidores más entendidos y exigentes ‑explica‑. Saben mucho, están actualizados y son la contraparte ideal para escoger muebles y accesorios. La mayoría viene a Grupo Di buscando el valor de diseño que necesitan para sus proyectos."

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Aunque los muebles italianos distan de ser clásicos, sus modernos diseños han encontrado una excelente recepción entre los usuarios y empresas e instituciones como Cemex, Serfin, la Asociación Mexicana de Bancos y hasta la Universidad Iberoamericana, que es precisamente donde Campos de Díaz cursó aquellos estudios iniciales.

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"Los mexicanos son muy receptivos a los diseños europeos ‑dice‑ y quizá el punto más delicado se refiere a la percepción de las fórmulas costo‑beneficio y calidad‑precio, aspectos menos tangibles que el precio en pesos y centavos. La primera reacción es decir, qué belleza, cuánto cuesta o qué locura, debe ser carísimo. Pero es algo natural que ha venido cambiando con los años."

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La empresaria, que desde hace varios años trabaja codo a codo con su hijo Lorenzo Díaz Campos, señala que además de vender muebles y diseño, uno de los grandes patrimonios de Grupo Di es su vocación de servicio al cliente. "Seguimos dándole mantenimiento a los muebles que vendimos hace 10 ó 15 años, sin importar que ya estén descontinuados, y esta fidelidad nos ha asegurado la lealtad de muchos clientes. Hay empresas a las que seguimos sirviendo desde hace años, aunque no sea más que para venderles un escritorio o un par de sillones."

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La última cadena. El ingreso del joven Lorenzo significó nuevas oportunidades para ampliar las operaciones. Madre e hijo descubrieron que la importación de productos terminados limitaba seriamente su capacidad de servir a la clientela. "Alguien necesitaba una silla café y nosotros sólo teníamos azules ‑ejemplifica Díaz Campos‑; o nos pedían un escritorio con cajonera derecha y el que teníamos era izquierdo. Entonces decidimos que la mejor alternativa era realizar en México la última fase de la cadena productiva, ensamblando las piezas según las demandas de nuestros clientes."

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Esto significó nuevos desafíos, como el montar de una línea de ensamble y la necesidad de diversificar orígenes y proveedores. Ahora, una silla de Grupo Di puede tener tapicería de Canadá o Estados Unidos, asiento italiano y mecanismo alemán o suizo. De este modo, y en cuestión de días, se puede satisfacer una gama casi infinita de posibilidades.

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Y todavía hay más. Hace un par de años nació Ipsofacto, un servicio de entrega inmediata, que requirió una inversión de $2 millones de dólares. "Italia está muy lejos y ningún cliente desea esperar dos meses para recibir una silla o un escritorio. Con Ipsofacto, los resultados han sido espectaculares, porque la entrega rápida es un valor agregado muy importante."

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Además, esta marca le está dando una nueva imagen a la empresa. "El nombre del grupo nació en los inicios ‑dice María Aurora‑, y con los años nos dimos cuenta de que comercialmente es muy malo y no dice gran cosa. Di salió de diseño interior y diseño integral, pero resulta más bien inocuo. En cambio, Ipsofacto es sinónimo de rapidez, de algo que se hace rápido y se aviene muy bien con el origen de los productos. No podríamos hablar de quick delivery y vender muebles italianos."

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¿No se sienten limitados por trabajar exclusivamente oficinas y espacios empresariales? Madre e hijo responden que no, pues esta especialidad tiene una riqueza inagotable. "El diseño de las oficinas tiene un contenido de industrialización y de técnica ‑apunta Lorenzo‑, y su fórmula es más racional que la decoración de una casa, que está sujeta al gusto, necesidades y hasta caprichos no de una persona, sino de toda una familia."

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Con tantos años de experiencia y con una sólida base operativa, la crisis financiera de estos días no parece asustar a la señora Campos de Díaz o a su hijo. "Esta es una empresa consolidada en experiencia, en tamaño, en facturación y en utilidades, sin ningún pasivo y altamente capitalizada. Eso nos va a ayudar mucho para enfrentar la problemática actual."

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Y ya se sabe lo que quiere decir "enfrentar" para esta gente. En lugar de quejarse y llorar, madre e hijo ya están reorientando sus planes hacia la exportación, una idea que pronto se hará realidad gracias al apoyo de sus proveedores italianos. "Grupo Di podría ser el puente entre Italia y los mercados de Estados Unidos y Canadá ‑dice Lorenzo Díaz Campos‑, porque el montaje de la sillería tiene mucho trabajo manual. Ello constituye una ventaja competitiva, porque la mano de obra italiana es muy costosa. Creemos que es una muy buena oportunidad para seguir probando fortuna."

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¿Algo más? Sí: felicitar a ese hombre que, con cariño y apoyo solidario, abrió los espacios para que una mujer y un hijo llenaran de belleza y comodidad los espacios de los demás.

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